Artículo

Revista Mexicana de Derecho Electoral, 13(24), enero-junio de 2026, e20675

e-ISSN: 2448-7910 DOI: https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2026.24.20675

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Instituto de Investigaciones Jurídicas de la Universidad Nacional Autónoma de México

¿Qué pasó en los años impares? Evolución de la estructura de la competencia y reconfiguraciones del sistema de partido argentino (1983-2025)

What Happened in the Odd-Numbered Years? Evolution of the Structure of Competition and Reconfigurations of the Argentine Party System (1983-2025)

Juan Manuel Abal Medina

Universidad de Buenos Aires

Argentina

Nicolás Sejas

Universidad de San Martín

Argentina

Resumen: El artículo analiza la evolución del sistema de partidos en Argentina entre 1983 y 2025. Recupera la noción de estructura de la competencia y la operacionaliza como alternancia, fórmula de gobierno y acceso al Poder Ejecutivo. A partir de un estudio longitudinal que combina aportes de estudios previos, datos electorales, indicadores institucionales e índices sobre ideologización y polarización, se identifican cuatro grandes configuraciones del sistema de partidos: bipartidismo, pluripartidismo moderado, pluripartidismo asimétrico y bicoalicionalismo. El análisis muestra que las crisis sociales, económicas y políticas no implican un colapso permanente del sistema de partidos, sino ciclos de apertura y cierre bajo reglas electorales estables.

Palabras clave: Argentina; sistema de partidos; estructura de la competencia; elecciones presidenciales; polarización política.

Abstract: The article analyzes the evolution of the party system in Argentina between 1983 and 2025. It revisits the notion of competitive structure and operationalizes it as alternation, formula of government, and access to the executive branch. Based on a longitudinal study that combines contributions from previous studies, electoral data, institutional indicators, and indices on ideologization and polarization, four major configurations are identified: bipartisanship, moderate multipartyism, asymmetric multipartyism, and bicollateralism. The analysis shows that social, economic, and political crises do not imply a permanent collapse of the party system, but rather cycles of opening and closing under stable electoral rules.

Keywords: Argentina; party system; structure of competition; presidential elections; political polarization.

I. Introducción1

Las categorías diseñadas para las democracias europeas más estables asumen que el bipartidismo se asocia con baja polarización y competencia centrípeta (Sartori, 1976). Argentina, en cambio, aparece con alta polarización (Tagina, 2014; Ramírez y Falak, 2023; Murillo y Oliveros, 2024; Falak y Ramírez, 2025), un clivaje político muy fuerte (peronismo-antiperonismo) (Ostiguy, 1997 y 2009; Barrera et al., 2021, Bracco y Fernández, 2022) y una cooperación interpartidaria intermitente (Corral y Foresti, 2018; Gené, 2019; Cozachcow, 2022). En la academia, estas características —además de resultar anómalas desde el punto de vista de las teorías clásicas— generan diagnósticos de inestabilidad para describir un sistema en permanente colapso (Ollier, 2008 y 2010; Levitsky y Murillo, 2012; Ollier y Palumbo, 2016; López, 2016; Gervasoni, 2018). Frente a ello, el presente artículo se pregunta cómo comprender la evolución del sistema de partidos argentino entre 1983 y 2025 sin recurrir a una caracterización tan extrema. El argumento central es que la inestabilidad política en Argentina ha sabido convivir con la estabilidad de las reglas democráticas (Mustapic, 2005) y que el sistema de partidos transita por una secuencia continua que combina cíclicamente cierre y apertura de la estructura de la competencia.

El concepto de estructura de la competencia propuesto por Peter Mair (Casal Bértoa y Scherlis, 2016), y adoptado para el caso argentino por Abal Medina y Suárez-Cao (2002), se entiende como un patrón regular de interacción entre fuerzas que aspiran al control del Poder Ejecutivo a nivel nacional (Casal Bértoa y Enyedi, 2016; Casal Bértoa y Weber, 2019). En este artículo se retoman estos trabajos y se incorporan a su vez los desarrollos más recientes de la literatura comparada (Lee y Casal Bértoa, 2025) para actualizar el debate sobre clasificación de sistemas de partidos en América Latina mediante un análisis de los mismos pensados como configuraciones de polos políticos.

El artículo se estructura en tres secciones. La primera sección presenta el concepto de estructura de la competencia. En la segunda sección se detallan los indicadores usados para caracterizar el sistema partidario. Por último, se reconstruye la trayectoria argentina entre 1983 y 2025 como un proceso que combina momentos de cierre y apertura.

II. Discusión teórica

El estudio de los sistemas de partidos en América Latina tomó como punto de partida la propuesta de Sartori (1976). Pronto aparecieron reacciones a la extrapolación acrítica de sus categorías (O’Donnell, 1977). La literatura empezó a subrayar la debilidad organizativa de los partidos, la volatilidad electoral, la fragmentación territorial y los ciclos de reforma institucional (Mainwaring y Timothy, 1995; Mainwaring, Bejarano y Pizarro, 2008); por esta razón, los sistemas de partidos latinoamericanos terminaron describiéndose como inestables, incompletos o en estado de crisis permanente (Levitsky y Murillo, 2012; López, 2016; Gervasoni, 2018). La imagen de colapso del sistema argentino se inscribe en ese registro.

En cambio, otros trabajos se propusieron desplazar el foco hacia la forma en que se organiza la disputa por el Poder Ejecutivo. Peter Mair (Casal Bértoa y Scherlis, 2016) colocó en el centro la noción de estructura de la competencia, entendida como el modo en que se articula la oferta partidaria, quién compite con quién y cuán previsible resulta la alternancia. Casal Bértoa y Enyedi (2016) retomaron este enfoque y distinguieron entre estructuras de competencia cerradas y abiertas, según el grado de estabilidad en la alternancia, el peso de las coaliciones y la posibilidad de acceso de nuevos actores. Una estructura cerrada reduce la incertidumbre sobre quién puede gobernar; una estructura abierta deja más espacio a fórmulas innovadoras y a la entrada de fuerzas sin experiencia previa.

En consonancia, Lee y Casal Bértoa (2025) han propuesto una tipología en la cual combinan formato del sistema con estructura de la competencia. Lo que hacen estos autores es clasificar a los sistemas de partidos según la cantidad de polos con vocación de gobierno y su relación entre sí. Distinguen luego configuraciones unipolares, bipolares —bipartidistas, bicoalicionales y formato “2+1”—, tripolares, multipolares y estructuras orientadas al centro. Esta clasificación permite captar las secuencias de cierre y apertura dentro de un mismo sistema.

Para el análisis del caso argentino estas ideas son útiles. Por un lado, el sistema no responde al bipartidismo clásico de posguerra que inspiró a Sartori y tampoco encaja del todo en la imagen de colapso permanente. Por otro lado, la combinación de clivajes históricos, reformas institucionales y liderazgos presidenciales fuertes genera episodios de reconfiguración del sistema que modifican la estructura de la competencia sin desorganizarla por completo (Malamud, 2004; Malamud y De Luca, 2016; Tagina, 2018). Sobre esta base, el presente artículo se propone analizar la evolución del sistema de partidos argentino entre 1983 y 2025 como una secuencia de reconfiguraciones encadenadas —es decir, transiciones— y no como una sucesión de colapsos.

III. Metodología

El artículo analiza de forma longitudinal la competencia por el Poder Ejecutivo en Argentina entre 1983 y 2025. La variable central es la estructura de la competencia, entendida como el patrón de interacción entre las fuerzas que aspiran a la presidencia. La operacionalización sigue a Mair (Casal Bértoa y Scherlis, 2016) y observa tres dimensiones: alternancia, fórmula de gobierno y acceso. La alternancia indica quién reemplaza a quién y con qué grado de previsión; la fórmula distingue entre gobiernos coalicionales y no coalicionales e informa sobre el nivel de acuerdo interno;2 el acceso muestra si la presidencia permanece en manos de actores establecidos o se abre a fuerzas sin trayectoria previa. Una estructura de cierre fuerte combina alternancia previsible, coaliciones estables y acceso restringido; una estructura abierta presenta fórmulas novedosas, alternancia entre bloques distintos y llegada de actores sin experiencia (Casal Bértoa y Enyedi, 2016).3

Sobre esa base se incorporan luego indicadores transversales. Un primer indicador registra la participación electoral como una medida del interés ciudadano por la competencia partidaria. Los análisis sobre estructura de la competencia suelen subestimar e incluso desestimar el dato. En esta serie se analiza para identificar momentos de apatía o desafección institucional (Torcal, 2006) que luego son interpretados por la academia o el periodismo como crisis de representación.

El segundo indicador capta la apelación ideológica del gobierno mediante el índice de ideología del proyecto V-Dem. Especialistas de distintos países califican en una escala de 0 a 4 hasta qué punto el gobierno justifica su acción en una ideología o un modelo de sociedad explícito; V-Dem agrega esas respuestas mediante un modelo bayesiano y produce una serie anual con intervalos de confianza (Coppedge et al., 2025; Pemstein et al., 2025).

El tercer indicador también se toma de V-Dem y mide la polarización política. Las y los expertos evalúan si la sociedad se divide en campos antagónicos cuyas diferencias se proyectan sobre la vida social. Las respuestas son codificadas en la escala de 0 a 4 y se someten al mismo modelo de medición; los valores más altos expresan mayor polarización afectiva (Ramírez y Falak, 2023). Para ambos índices se utilizan las series anuales de Argentina extraídas del V-Dem Country-Year Dataset v15.

El cuarto indicador son los clivajes político (líneas de división) que organizan la disputa electoral. Se examina de esta manera si los conflictos remiten a fracturas sociales previas o surgen como construcciones políticas que reordenan identidades, alteran el eje izquierda-derecha o se superponen a él (O’Donnell, 1977; Laclau, 2005; Ostiguy, 1997 y 2009). La identificación de estos clivajes se apoya fundamentalmente en la literatura especializada que los abordó en cada coyuntura histórica.

Por último, se incorporan indicadores relacionados a la mecánica electoral. La fragmentación se mide mediante el número efectivo de partidos presidencial (votos) y parlamentario (escaños, contemplando alianzas) según las fórmulas conocidas de Laakso y Taagepera (1979). La concentración y la competitividad se calculan a través del voto de las primeras fuerzas y de la brecha entre la primera y la segunda. La (des)nacionalización partidaria se estima inspirándose en los aportes de Leiras (2010) y Varetto y Navarro (2025); para dar cuenta de la particularidad del caso argentino, se observa especialmente la evolución de las gobernaciones provinciales que detentaron los distintos partidos nacionales y la procedencia geográfica de los candidatos de las fórmulas presidenciales.

IV. Análisis

1. La regularidad de los años impares

En Argentina, el calendario electoral es bianual y los comicios caen en años impares. Al analizar el ciclo 1983-2025 se observan cinco regularidades que aportan evidencia para matizar tanto las ideas de colapso del sistema como de crisis de legitimidad de los partidos. La primera regularidad es que en los años de la serie terminados en 1 —1991, 2001 y 2021— la participación electoral casi siempre cayó, siendo la única excepción el año 2011 donde el porcentaje rozó el promedio histórico (78.5 %). Luego de estas coyunturas los diagnósticos académicos y periodísticos de crisis de representación se reforzaron (Novaro, 1995; Sidicaro, 2002; Cheresky, 2004; Pagni, 2023).

Gráfico 1. Evolución de la participación electoral. Argentina, 1983-2025

Fuente: Dirección Nacional Electoral.

La segunda regularidad se observa en los años de la serie terminados en 3. En ellos irrumpe un nuevo actor que desafía a los polos tradicionales e intenta captar el descontento popular pre-existente: en 1983 fue el Partido Intransigente (pi);4 en 1993, el Frente Grande (fg); en 2003, Néstor Kirchner; en 2013, el oficialismo se parte y emerge el Frente Renovador (fr) para representar a las clases medias bajas cuentapropistas (Torre, 2017) y en 2023, Javier Milei con La Libertad Avanza (lla). La tercera regularidad se presenta en los años finalizados con 5. En ellos, las elecciones suelen funcionar como plebiscitos: en 1985, 1995, 2005 y 2025 la ciudadanía favoreció la continuidad del oficialismo nacional y sólo en 2015 optó por el cambio.

La cuarta, ocurre en los años finalizados en 7. En ellos la evaluación de la economía parece incidir con especial fuerza en el comportamiento electoral (Ratto, 2013). En 1987 el desgaste del Plan Austral y el congelamiento de los salarios condicionó el destino posterior del alfonsinismo; en 1997, el desempleo y los piquetes hicieron lo propio con el menemismo; en 2007, la recuperación económica del país favoreció la elección de Cristina Fernández; en 2017, la gestión de Cambiemos obtuvo una victoria legislativa en un año donde el pbi creció casi 3 puntos y la variación porcentual interanual del precio del dólar venía en descenso. Al respecto, se sabe que, en Argentina, a diferencia de otros países con monedas fuertes, para medir la percepción sobre la marcha económica, la ciudadanía suele apelar al precio del dólar como indicador proxi (Wilkis y Luzzi, 2025;5 Bruni, 2025).6

Gráfico 2.
Variación porcentual interanual del precio del dólar. Argentina, 1991-2025

Fuente: Banco Central de la República Argentina (BCRA).

Por último, en los años finalizados en 9, el oficialismo nacional ha tendido a perder. Sucedió así durante la hiperinflación con Alfonsín en 1989; en el intento por un tercer mandato de Menem en 1999; cuando el Acuerdo Cívico y Social (acys) —conformado por la ucr, la Coalición Cívica (cc) y el Partido Socialista (ps)— le ganó al Frente para la Victoria (fpv) en 2009 y en la derrota de Mauricio Macri de 2019.

2. Reconfiguraciones

La regularidad de los años impares se puede vincular ahora con la evolución del sistema de partidos y la estructura de la competencia. Entre 1983 y 1993 hay un esquema de bipartidismo tradicional con cierre alto. La presidencia se define entre la ucr y el pj: Alfonsín gana en 1983 y Menem lo alterna en 1989. La fórmula de gobierno descansa en partidos no coalicionados y el acceso al Ejecutivo permanece vedado a terceros (Mustapic, 2013; Malamud y De Luca, 2016). El pi supone un tercer espacio sin capacidad de gobierno. La participación electoral desciende de 85 a 80 puntos en 1991 (primer año terminado en 1 que muestra una caída llamativa). En 1985 —año con 5— la elección legislativa refrenda la continuidad del alfonsinismo; en 1987 —año con 7— el desgaste del Plan Austral afecta a la ucr; en 1993 —año con 3—, el surgimiento del fg rompe al final el bipartidismo (Abal Medina, 2009).

Entre 1995 y 2001 hay un pluripartidismo moderado con cierre medio. La reforma constitucional habilita la reelección de Menem y en 1995 la ciudadanía opta por la continuidad. El pj retiene el Ejecutivo, la ucr pierde votantes y el frepaso se convierte en una tercera fuerza alimentada por el desencanto con los partidos tradicionales (Koessl, 2009; Torre, 2003). En 1997 —año con 7— la desfavorable situación económica junto con las denuncias de corrupción favorece al frepaso. En 1999, la Alianza ucr-frepaso gana la presidencia y el acceso se abre a una fórmula coalicional (Abal Medina, 2009). La recesión, el endeudamiento y la crisis gubernamental debilitan a los partidos y elevaron la volatilidad (Calvo, 2005; Gervasoni, 2018). En 2001 —año con 1— se produce la segunda caída interanual abrupta de la participación electoral: de 82 a 75 puntos.

Entre 2003 y 2013 se consolida un pluripartidismo asimétrico con cierre medio. Tras la renuncia de Menen al balotaje, Néstor Kirchner accede a la presidencia en 2003 con el 22%. Gracias a la centralización de recursos fiscales en un contexto internacional favorable, Kirchner recompone la autoridad política (Cherny, Feierherd y Novaro, 2014; Malamud y De Luca, 2016). Entre 2003 y 2011 la alternancia se produce dentro del mismo espacio con Cristina Fernández, mientras la oposición permanece fragmentada.

Mustapic (2013) define esta fase como multipartidismo con partido dominante. Y la regularidad de los años impares es nuevamente elocuente: en 2003, surge un actor hasta entonces marginal; en 2005, la elección refuerza la continuidad del oficialismo; en 2007, el crecimiento económico y la estabilidad cambiaria favorecen la elección de Cristina Fernández; sólo el año 2011 no encaja en la pauta, con una participación que roza el promedio histórico y una victoria del oficialismo que supera el 54%. Aún así, en 2013 —año con 3— emerge el FR que rompe la coalición oficialista y anticipa el cierre del ciclo (Bertín, 2022; Sarasqueta, 2013).

Entre 2015 y 2021 se configura un bicoalicionalismo polarizado con cierre alto. El desgaste del kirchnerismo facilita la formación de Cambiemos —alianza entre el pro, la ucr y la Coalición Cívica (cc) (Vommaro, Morresi y Bellotti, 2015; Vommaro, 2019; Vommaro y Gené, 2022; Rosso, 2022). En 2015 —año con 5— la elección se debate entre continuidad y cambio y gana este último. Desde entonces la competencia se estructura entre dos bloques. En 2017, el antimacrismo militante es fuerte, pero la marcha de la economía es relativamente positiva y el oficialismo triunfa. La devaluación en 2018 del dólar contribuye a que en 2019 se produzca una nueva alternancia, ahora con el Frente de Todos que pronto decepcionará a la ciudadanía. Luego, en 2021 —año con 1— la participación electoral alcanza su piso histórico en un contexto de pandemia, inflación alta y desgaste de ambas coaliciones: de 81 % a 68 %.

Desde 2023 se perfila en consecuencia un nuevo pluripartidismo asimétrico con cierre bajo. Javier Milei gana la presidencia (Tagina, 2024) y la alternancia deja de girar en torno al eje peronismo/no-peronismo y pasa a un esquema de “2+1” (Lee y Casal Bértoa, 2025), donde un tercer polo adquiere capacidad efectiva de gobierno, pero la alianza estratégica con una de las partes mantiene el formato bipolar. La prueba al respecto son los resultados de las elecciones legislativas 2025 —año con 5— en donde por temor al retorno kirchnerista y una debacle institucional y económica se presume que la ciudadanía optó por favorecer la continuidad de la experiencia libertaria.

Con esta periodización se muestra de qué manera la estabilidad del calendario electoral bianual ha contribuido a la institucionalización del sistema de partido a pesar de los recurrentes diagnósticos que describen su crisis. Aunque la política argentina es muy impredecible, en los años electorales impares suceden cosas parecidas. En los años terminados en 1 se observan caídas de la participación producto de un descontento previo con el gobierno (la única excepción es 2011). En los terminados en 3, un nuevo actor emerge para intentar representar la apatía ciudadana que se expresa con la abstención. Jaqueados por las terceras fuerzas, en los años terminados en 5 el oficialismo nacional se ve obligado a plebiscitar su gestión. En los años terminados en 7, la percepción sobre la marcha de la economía parece explicar mejor el comportamiento electoral (ya sea a favor o en contra del oficialismo nacional). Por último, en los años terminados en 9 se observa que el gobierno nacional ha perdido las elecciones. Sobre esta secuencia, entonces, el sistema de partidos argentino se ha movido del bipartidismo al pluripartidismo moderado y asimétrico, luego bicoalicionalismo, sin nunca abandonar la bipolaridad que supone el clivaje peronismo-antiperonismo (Ostiguy, 1997; 2009).

Tabla 1.
Síntesis de la evolución de la estructura de la competencia y el sistema de partidos. Argentina, 1983-2025

Dimensión

1983-1993

1995-2001

2003-2013

2015-2021

2023-2025

Sistema de partido

Bipartidismo tradicional

Pluripartidismo moderado

Pluripartidismo asimétrico

Bicoalicionalismo polarizado

Pluripartidismo asimétrico

Estructura

Cierre alto

Cierre medio

Cierre medio

Cierre alto

Cierre bajo

Alternancia

Entre

UCR y PJ

Entre

UCR y PJ

Dentro

del PJ

Cam/JxC vs. FpV/FdT

Tercer polo: LLA

Fórmula de gobierno

Sin coalición

Coalicional

Partido dominante

Coalicional

Con apoyos en el Congreso

Acceso al Ejecutivo

Cerrado

Cerrado con Menem; abierto con

De la Rúa

Abierto con NK;

cerrado con CFK

Cerrado

Abierto

Dinámica

1-3-5-7-9

1983:

transición;

1985: continuidad; 1987:

Plan Austral;

1989;

derrota oficialista 1991:

cae participación

1993:

surge FG

1995: continuidad; 1997: desempleo;

1999:

derrota oficialista

2001:

cae participación

2003:

surge NK;

2005: continuidad; 2007:

crecimiento $.

2009:

derrota oficialista

2011:

participación alta;

2013:

surge FR

2015:

cambio;

2017: crecimiento $;

2019:

derrota oficialista; 2021:

cae participación

2023:

surge LLA; 2025: continuidad

NEP

Bajo

Medio

Medio

Alto

Alto

Concentración

Muy alta

Alta

Alta

Muy alta

Media

Competitividad

Baja

Media

Muy baja

Alta

Alta

Polarización

Baja

Media

Alta

Muy alta

Muy alta

Nacionalización

Muy alta

Alta

Alta

Alta

Media

Fuente: elaboración propia.

3. Ideología, polarización y clivajes

A continuación se presentan dos series temporales para fundamentar mejor las reconfiguraciones antes descritas. Una mide la apelación ideológica como estrategia de legitimación gubernamental y, la otra, el índice de polarización política. La fuente es V-Dem.

El gráfico 3 muestra la evolución de la ideología como recurso de legitimación. Desde 1983 hasta 1999, los valores se ubican cerca de 0.9 puntos. Esto supone que el relato ideológico no es fuerte en un contexto donde la promesa de normalidad democrática y la recuperación de la legalidad constitucional ordenan la competencia partidaria (Mustapic, 2013). La caída abrupta a 0.4 entre 2000 y 2002 muestra el colapso de ese acuerdo: durante el interregno de la crisis no se logra una narrativa ideológica capaz de justificar el sistema (Calvo, 2005) y cinco presidencias se suceden una tras otra (Mustapic, 2005; Ollier, 2008 y 2010; Sidicaro, 2002).

A partir de 2003 la pendiente cambia. Con el kirchnerismo, el índice aumenta y supera los 2 puntos entre 2007 y 2014: representa la paulatina estrategia de legitimación apoyada en el relato nacional-popular que combina redistribución económica con memoria histórica (Malamud y De Luca, 2016; Montero, 2020). El gobierno de Cambiemos invierte esa trayectoria: entre 2016 y 2019 el nivel desciende a 0.7 puntos, lo cual coincide con una justificación centrada en el desempeño, la gestión y la supuesta normalización institucional (Pereyra Doval y Souroujon, 2024). Desde 2020 la serie retoma el ascenso y alcanza su máximo en 2023 con un nuevo ciclo de fuerte ideologización.

Gráfico 3.
Grado de ideologización como estrategia de legitimación gubernamental. Argentina, 1983-2023

Fuente: V-Dem v15.

El gráfico 4 muestra una trayectoria compatible con la evolución anterior. En 1983 el índice de polarización registra un valor muy alto, acorde con una transición marcada por la memoria inmediata del autoritarismo y por una fuerte desconfianza entre oficialismo y oposición; es el tiempo del clivaje autoritarismo/democracia (Mustapic, 2013). A partir de 1984 la serie desciende y se estabiliza en una zona media, cercana a 2 puntos, que se prolonga hasta comienzos de los 2000: peronismo y radicalismo se enfrentan, pero cooperan para lograr acuerdos básicos sobre —por ejemplo— democracia (en contra del alzamiento carapintada), el plan de convertibilidad, la reforma constitucional y el manejo de la crisis de 2001 (Malamud, 2004).

Desde entonces la curva cambia escalonadamente. Primero se ubica por encima de 2.5 puntos en los años iniciales del kirchnerismo; en ese tiempo conviven dos clivajes: menemismo/antimenemismo (Montero y Vincent, 2013) y autoritarismo/democracia producto de la reapertura de los juicios a represores (Quaretti, 2023). Luego, en 2008, el índice supera los 3 puntos a partir del conflicto con el campo que consolida dos coaliciones político-sociales con historia propia (Ostiguy, 2009); comienza de este modo el periodo del clivaje kirchnerismo/antikirchnerismo (Tagina, 2014). Hacia 2013-2014 el índice se instala en una meseta próxima a los 4 puntos que atraviesa el ciclo de Cambiemos, la pandemia y la posterior crisis inflacionaria; las bandas de confianza también se desplazan hacia arriba, dando cuenta de un alto grado de polarización afectiva (Ramírez y Falak, 2023). Este periodo también coincide con la actualización del clivaje peronismo/antiperonismo.

Ahora bien, la victoria de Javier Milei en 2023 alteró este esquema a tal punto que para algunos académicos el proceso de polarización ha concluido (Obradovich, 2025).7 Sin embargo, Milei instaló un lenguaje que opone la casta a la gente común y señala a la dirigencia política tradicional como responsable de la crisis económica y social (Vommaro, 2023). En este sentido, dicho clivaje no parece haber perdido totalmente su eficacia (Calabrese y Montero, 2024).

Gráfico 4.
Evolución de la polarización política. Argentina, 1983-2024

Fuente: V-Dem v15.

4. Fragmentación, concentración y competitividad

Se presentan ahora los indicadores de fragmentación, concentración y competitividad. El nep presidencial (gráfico 5) muestra, en promedio, un nivel moderado de fragmentación (3.18), pero con oscilaciones que acompañan las reconfiguraciones del sistema. En la etapa 1983-1999 los valores se ubican entre 2.3 y 2.8 (se trata de una competencia dominada por la ucr y el pj). A partir de 2007 el indicador sube. El pico de 2008 (5.7) muestra la desarticulación del campo opositor. En 2011 el nep desciende a 3.2 con la victoria de Cristina Fernández. En 2015 trepa a 4.1 con una elección que se estructura en tres ofertas (FpV, Cambiemos y una de Sergio Massa). En 2019 el indicador cae a 2.5 debido al reordenamiento de la competencia en torno al Frente de Todos y Juntos por el Cambio. En 2023 sube otra vez a 3.5, con la aparición de lla como tercer polo competitivo.

Gráfico 5.
nep Presidencial. Argentina, 1983-2023

Fuente: con base en datos de Degiusti y Scherlis (2020)

El nep parlamentario medido a partir de bancas y teniendo en cuenta alianzas (gráfico 6) presenta en cambio una tendencia ascendente. El promedio del periodo es 3.8, pero lo relevante es su evolución: entre 1983 y 2003 se pasa de 2.2 a 3.5 dando cuenta de un pluralismo moderado. Entre 2005 y 2007 el valor se mantiene en una meseta alta de 4.2-4.4. Y, en 2009, alcanzan un máximo de 6, pico que se repite en 2017 cuando llega a 6.4. Desde 2019 a 2023 se ameseta otra vez entre 3.6 y 4.6. Se trata de Congresos muy fragmentados con los cuales Ejecutivos muy polarizados e ideologizados tienen que negociar arduamente.

Gráfico 6.
nep Parlamentario. Argentina, 1983-2023

Fuente: con base en datos de Abal Medina y Suárez-Cao (2002) y Tagina (2018 y 2024).

Por último, la tabla 2 muestra que entre 1983 y 1999 los valores de la concentración se ubican entre 0.76 y 0.9: significa que solo dos fuerzas captan la mayor parte del electorado. En 2003 la concentración cae a 0.46, en línea con la fragmentación de la crisis previa y la presencia de varias candidaturas competitivas. A partir de 2007 la concentración sube otra vez y se sitúa en un rango intermedio (0.64-0.69): hay competitividad, pero se impone el kirchnerismo hasta 2015. En 2019 llega a 0.87, con dos grandes coaliciones; y en 2023 desciende a 0.65 por la irrupción de un tercer polo. La competitividad muestra un promedio elevado (0.87). Solo el año 2011 se aparta de esa tendencia, con un valor de 0.64 que refleja la ventaja de Cristina Fernández en esas elecciones.

Tabla 2.
Concentración y competitividad. Argentina, 1983-2023

Concentración

Competitividad

1983

0.9

0.89

1989

0.83

0.90

1995

0.76

0.80

1999

0.84

0.90

2003

0.46

0.98

2007

0.64

0.79

2011

0.68

0.64

2015

0.69

0.97

2019

0.87

0.92

2023

0.65

0.93

Promedio

0.73

0.87

Fuente: elaboración propia en base Abal Medina y Ruiz Nicolini (2024).

5. Nacionalización

Siguiendo a Leiras (2010) y Varetto y Navarro (2025), el último indicador es el grado de nacionalización. A lo largo de las cuatro décadas analizadas se observa una tendencia a la desnacionalización. Inicialmente, el pj y la ucr controlaban la mayoría de las gobernaciones al inicio de la etapa democrática y administraban cerca del 86 % de las provincias. Hacia 2023, el peronismo, el radicalismo y el pro retuvieron en conjunto cerca de dos tercios de las gobernaciones, mientras que las fuerzas provinciales pasaron de gobernar una fracción menor de los distritos, a controlar aproximadamente un tercio del total. Provincias como Neuquén, Río Negro o Misiones tienen sellos propios que no siempre se alinean con las coaliciones nacionales.

Gráfico 7.
Partidos que gobiernan las provincias. Argentina, 1983-2023

Neuquén

MPN

Comunidad

Corrientes

PAL

*

PAL/PN

*

**

CABA

FREPASO

PRO

Río Negro

JSRN

TDF

MPF

ARI

PSP

Forja

Misiones

FRC

Stgo. Estero

*

*

FCS**

Catamarca

*

UCR

Mendoza

UCR y Aliados

Chaco

PACH

Chubut

San Juan

PBSJ

PyT

Córdoba

UCR

Santa Fe

PS

Entre Ríos

Jujuy

BsAs

Tucumán

*

FR

Salta

PRS

San Luis

Avanzar SL

Santa Cruz

PJ

SER

Formosa

La Rioja

La Pampa

1983

1987

1991

1995

1999

2003

2007

2011

2015

2019

2023

* Intervención federal.

** Eligen gobernador en año intermedio.

Fuente: elaboración propia y actualización en base a Malamud y De Luca (2016). Notas y acrónimos: FR= Fuerza Republicana; PRS= Partido Renovador Salteño; PACH= Partido de Acción Chaqueña; PAL= Partido Autonomista Liberal.; PN= Partido Nuevo; PBSJ= Partido Bloquista de San Juan; MPN= Movimiento Popular Neuquino; MPF= Movimiento Popular Fueguino; PSP= Partido Socialista Patagónico; FCS= Frente Cívico por Santiago; JSRN= Juntos Somos Río Negro. FRC= Frente Renovador de la Concordia de Misiones; PyT= Producción y Trabajo; Forja= Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina; Avanzar SL= Avanzar San Luis; SER Santa Cruz= Somos Energía para Renovar Santa Cruz.

Este proceso territorial se combinó a su vez con una recentralización de la política en el Área Metropolitana de Buenos Aires (amba). Desde comienzos de los 2000, las candidaturas presidenciales más competitivas y las jefaturas partidarias más visibles tendieron a surgir de la Ciudad de Buenos Aires y del conurbano bonaerense. Dos factores institucionales favorecieron esta concentración.

Por un lado, la autonomía de la Ciudad de Buenos Aires y la elección directa del jefe de gobierno después de la reforma constitucional de 1994 convirtieron ese cargo en una plataforma presidencial para el espacio no peronista. La misma reforma introdujo la elección directa del presidente, lo que incrementó el peso electoral del amba al pasar de un sistema de Colegio Electoral a otro de voto popular directo (Maneiro y Maidana, 2014).

Por otro lado, se sumó la centralidad mediática de la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano, que instaló la agenda política local como agenda nacional (Aruguete, 2003). En paralelo, el kirchnerismo estructuró su coalición territorial alrededor del conurbano bonaerense y el pro utilizó la Ciudad de Buenos Aires como vidriera para su proyecto nacional. La elección presidencial de 2023 introdujo una variante más: la candidatura libertaria nació en el amba, pero ganó con ventaja en varias provincias del interior reproduciendo el modo histórico del crecimiento de las derechas en Argentina (Pereyra Doval y Souroujon, 2024).

Gráfico 8.
Procedencia territorial de candidatos. Argentina, 1983-2023

Fuente: elaboración propia a partir de los datos de Abal Medina (2023).

V. Conclusiones

Este trabajo se propuso caracterizar la evolución del sistema de partidos argentino desde 1983 hasta 2025. A partir del análisis de la estructura de la competencia, el artículo sostiene que el sistema de partidos y la democracia en Argentina atraviesan de manera cíclica una secuencia de reconfiguraciones encadenadas bajo reglas estables.

El primer aporte muestra un proceso de apertura y cierre de la competencia. Entre 1983 y 1993 ha predominado un bipartidismo de cierre alto organizado en torno a la competencia entre la ucr y el pj. Entre 1995 y 2001 se instaló un pluripartidismo moderado con apertura parcial que permitió el acceso del frepaso al Ejecutivo. Entre 2003 y 2013 se consolidó un pluripartidismo asimétrico con el kirchnerismo como partido dominante. Entre 2015 y 2021 se configuró un bicoalicionalismo polarizado con alternancia entre dos bloques. Desde 2023 se perfila un nuevo pluripartidismo asimétrico del tipo “2+1” (Lee y Casal Bértoa, 2025): hay tres, pero la alianza entre dos mantiene el formato bipolar y un grado alto de polarización.

El segundo aporte vincula las características de la estructura de la competencia con el ritmo del calendario electoral bianual de Argentina. Al analizar la serie 1983-2025 se encuentran cinco regularidades: en 1991, 2001 y 2021 cayó la participación electoral; en 1993, 2003, 2013 y 2023 irrumpió un actor que reordenó la competencia; en 1985, 1995, 2005 y 2025 la ciudadanía favoreció la continuidad del oficialismo, mientras que en 2015 optó por el cambio; en 1987, 1997, 2007 y 2017 el voto económico parece explicar mejor el comportamiento electoral a favor o en contra del oficialismo nacional; en 1989, 1999, 2009 y 2019 el gobierno nacional fue derrotado. Se identifican entonces cuatro ciclos de diez años que finalizan con distintos grados de apertura del sistema (1983-1993; 1993-2003; 2003-2013; 2013-2023); y tres ciclos de seis años en donde la competencia —cada vez más ideologizada y polarizada— genera al final del periodo apatía y desafección (1985-1991; 1995-2001; 2015-2021).

Como se ve, la regularidad de los años impares —aunque no es una ley perfecta que permita anticipar el futuro— ayuda a comprender la evolución del sistema. Los descensos regulares de participación electoral; las irrupciones de actores que intentan capitalizar ese desencanto; el jaqueo opositor, con la consecuente necesidad de los oficialismos nacionales de plebiscitar su gestión; los momentos en los que el voto económico parece definir el resultado general; y la derrota final con la cual se cierran los grandes ciclos políticos, conforman, en la práctica, una narrativa para entender el carácter cíclico de la política argentina y cuestionar, también, la idea de un sistema al borde del colapso producto de una permanente crisis de representación.

Asimismo, los datos muestran que las fases de cierre de la competencia tienden a combinarse con alta polarización y con estrategias de legitimación apoyadas en identidades ideológicas fuertes. En este sentido, el nep presidencial se mantiene en valores bajos incluso en contextos de fragmentación parlamentaria, lo que implica un mayor esfuerzo de coordinación por parte del ejecutivo y más importancia relativa al fenómeno de la cooperación en el Congreso (espacio donde los legisladores suelen responder a los gobernadores en medio de un proceso de desnacionalización).

Para finalizar, algunas comparaciones con países vecinos. A diferencia de Chile y Brasil, en Argentina las crisis se procesan de otra manera (Freidenberg y Suárez-Cao, 2014; Freidenberg, 2016; Meneguello y Archer, 2018). En Chile ha predominado durante tres décadas un esquema bicoalicional estable de dos grandes bloques que organizaron la competencia presidencial bajo reglas que favorecieron el cierre del sistema; y sólo recién en el último tiempo la combinación de malestar social, recambio generacional y radicalización política empezó a erosionar ese arreglo. En Brasil, en cambio, la regla es un presidencialismo de coalición sostenido sobre una fragmentación partidaria muy alta: la gobernabilidad depende de armar mayorías amplias en el Congreso y, cuando esa ingeniería fracasa, se abren crisis que pueden desembocar en juicios políticos y destituciones presidenciales.

Argentina es diferente. Su sistema muestra menos fragmentación que el brasileño y una institucionalización más débil que la chilena, pero procesa las tensiones mediante ciclos de apertura y cierre de la competencia donde la destitución presidencial no constituye un recurso legítimo, aunque sea legal y circunstancialmente plausible (Eberhardt, 2013). Desde esta perspectiva, entonces, la especificidad del caso argentino parece residir en la capacidad del sistema para resetearse en ciertos años electorales y reconstruir nuevamente polos de gobierno sobre el trasfondo del clivaje peronismo-antiperonismo como identidad política.

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Recibido: 25 de octubre de 2025

Aceptado: 17 de febrero de 2026

Publicado: 25 de febrero de 2026

Juan Manuel Abal Medina. Argentino. Doctor en Ciencia Política por Flacso. Profesor titular regular de Sistemas Políticos Comparados y de Ciencia Política en la Universidad de Buenos Aires (uba). Investigador independiente del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (conicet). Correo electrónico: jmanumedina@gmail.com

Nicolás Sejas. Argentino. Licenciado en Sociología por la Universidad Nacional del Litoral (unl). Doctorando en Ciencia Política en la Universidad Nacional de San Martín (unsam). Diplomado en Metodología de la Investigación Política y Social (unsam). Becario de la Agencia I+D+i. Correo electrónico: nicosejas1@gmail.com

Cómo citar

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Abal Medina, Juan Manuel y Sejas, Nicolás, “¿Qué pasó en los años impares? Evolución de la estructura de la competencia y reconfiguraciones del sistema de partido argentino (1983-2025)”, Revista Mexicana de Derecho Electoral, México, vol. 13, núm. 24, enero-junio de 2026, e20675. https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2026.24.20675

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Abal Medina, J. M., y Sejas, N. (2026). ¿Qué pasó en los años impares? Evolución de la estructura de la competencia y reconfiguraciones del sistema de partido argentino (1983-2025). Revista Mexicana de Derecho Electoral, 13(24), e20675. https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2026.24.20675

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Abal Medina, Juan Manuel y Sejas, Nicolás. (2026). ¿Qué pasó en los años impares? Evolución de la estructura de la competencia y reconfiguraciones del sistema de partido argentino (1983-2025). Revista Mexicana de Derecho Electoral, 13(24), e20675. https://doi.org/10.22201/iij.24487910e.2026.24.20675


  1. 1 Este artículo se inscribe en el Proyecto “Organización Partidaria y Desempeño Democrático”, de la Universidad de Buenos Aires en Argentina. Se agradecen los comentarios y sugerencias del equipo de investigación, así como las observaciones de las y los evaluadores anónimos de la Revista Mexicana de Derecho Electoral.

  2. 2 Se considera gobierno en coalición a aquellas administraciones en las que se verificó la designación de ministros afiliados a partidos distintos al del presidente, como resultado de un acuerdo político explícito de cogobierno, diferenciándolo de la mera alianza electoral sin integración de gabinete (Abal Medina, Eberhardt, Ariza, 2021).

  3. 3 Parte del contexto institucional que incide en los patrones de competencia electoral son las reformas electorales. Desde 1983, el régimen argentino experimentó cambios sucesivos: la Ley 24.012 de 1991 estableció el primer cupo femenino obligatorio y abrió el ciclo de acción afirmativa de género (Caminotti, 2014; Toppi, 2020); la reforma constitucional de 1994 introdujo el ballotage, habilitó la reelección inmediata, redujo el mandato presidencial, amplió la representación en el Senado y reconoció a los partidos como instituciones fundamentales con financiamiento público (Maneiro y Maidana, 2014). La Ley 26.571 de 2009 creó las PASO y buscó ordenar un sistema fragmentado (Gallo, 2015). Luego se incorporó el voto joven (Ley 26.774) y la paridad de género (Ley 27.412) (Vommaro y Alejandro, 2021). Más recientemente, el desempeño de las PASO reabrió el debate sobre su reforma (Gallo, 2025).

  4. 4 El pi fue creado en 1972 como continuidad de la Unión Cívica Radical Intransigente (ucri), escisión a su vez de la Unión Cívica Radical (ucr). En las elecciones de 1973 y 1983 procuró consolidarse como una alternativa de centroizquierda frente al predominio del peronismo y el radicalismo.

  5. 5 Wilkis y Luzzi (2025) sostienen que: “La historia de la popularización del dólar corre en paralelo a la historia de la inflación. Lo que nuestra mirada propone no es desconocer ese vínculo sino conectar ambas series históricas de un modo menos automático, mostrando cómo la identificación de la inflación como un problema fue una de las palancas para que la moneda estadounidense se volviera popular. En este sentido, la historia de la popularización del dólar es también la historia de la metáfora que habla de una moneda como ‘refugio’, sin la cual no podría narrarse parte de la historia de la inflación en nuestro país” (p. 18).

  6. 6 De acuerdo con Bruni (2025): “La moneda estadounidense funciona en Argentina como un indicador emocional y simbólico extremadamente potente: cuando sube, se percibe inestabilidad; cuando baja o se estabiliza, se genera una sensación de control, que puede traducirse en mayor apoyo al gobierno (al menos por un tiempo)” (p. 1). Entre enero de 2024 y marzo de 2025 “la correlación entre ambas variables es moderada (r = -0.51; p = 0.078), lo que indica que cuando sube el dólar, la imagen presidencial tiende a bajar, y viceversa” (p. 1).

  7. 7 Aunque la interpretación de Gabriel Obradovich no coincide con la trayectoria de la polarización que registra V-Dem, sus argumentos son atendibles y no necesariamente incompatibles con el esquema de análisis de Lee y Bértoa (2025). Obradovich (2025) se pregunta: “¿Cómo puede finalizar la polarización política? Los modelos hipotéticos pueden servirnos para visualizar cambios recientes y reflexionar sobre un nuevo marco político en ciernes: 1) El conflicto polarizado finaliza porque uno de los polos es vencido; 2) Uno de los protagonistas se disgrega internamente; 3) Aparece un tercero que rompe la lógica polar. Es posible que estemos asistiendo a una combinación de 2 y 3. Esto supone pensar que el Frente de Todos y Cambiemos comenzaron a perder votos y apoyos con fuerza desde las elecciones 2021 en las cuales se evidenció el crecimiento de las nuevas derechas. Y, en particular, desde 2023 con le irrupción de Javier Milei. Desde las elecciones presidenciales el modelo polarizado entre kirchnerismo y anti-kirchnerismo es un juego agotado que no parece tener capacidad de aglutinamiento, politización y movilización” (p. 1).