Nicolás Salvi
https://orcid.org/0000-0003-1995-9847
Universidad Nacional de Tucumán / Universidad San Pablo-Tucumán
Correo electrónico: nicolas.salvi@derecho.unt.edu.ar
Recepción: 25 de noviembre de 2024
Aceptación: 10 de febrero de 2025
Publicación: 11 de septiembre de 2025
DOI: https://doi.org/10.22201/iij.24487937e.2026.20.19718
Ocasionalmente, un libro parece emerger en el momento justo para lanzar una provocación intelectual que se siente no solo urgente, sino necesaria. Il diritto come metodo. Filosofia del diritto e scienza algoritmica de Angela Condello, profesora de Filosofía del Derecho de la Universidad de Messina, es uno de esos textos. Con una prosa clara y un pensamiento incisivo, Condello ofrece una reflexión sobre el derecho, su objeto y su método, en un mundo cada vez más dominado por la automatización digital y una obsesión generalizada por la eficiencia. Pero este no es un libro técnico ni un tratado meramente académico; es una intervención filosófica, un manifiesto para quienes todavía creen que las organizaciones y gobernanzas humanas no son meros engranajes de una maquinaria fría, sino el reflejo imperfecto de nuestras aspiraciones colectivas.
Angela Condello no es solo una iusfilósofa; es una cronista de las grietas que atraviesan nuestras instituciones y de las maneras en que intentamos repararlas y reforzarlas. La autora comienza con una afirmación que parece sencilla pero que es revolucionaria en su alcance: el derecho no es simplemente un sistema de reglas, sino también —o principalmente— es un método. O sea, un proceso que, en su mejor formulación, combina la sensibilidad interpretativa con la capacidad de adaptarse a contextos históricos, sociales y políticos. Esto ya instituye el tono de toda la obra: aquí no hay espacio para utopías —ni distopías— tecnocráticas que reducen el derecho a fórmulas matemáticas o procedimientos repetitivos. En cambio, la autora defiende que el derecho, como método, es un campo de lucha, un espacio donde se negocian valores, se resuelven contradicciones y, en última instancia, se busca la nunca bien ponderada o totalmente definida justicia.
El libro está estructurado en tres partes principales. Cada una de estas aborda un aspecto clave de la intersección entre el derecho y el avance tecnológico. En la primera, Condello traza un diagnóstico preciso de cómo la metodología jurídica tradicional —basada en el lenguaje, la interpretación y el juicio humano— está siendo impugnada por las lógicas algorítmicas que priorizan la eficiencia, la precisión y la predicción. La transición que describe no es simplemente un cambio de herramientas; es un cambio de canon histórico. La autora identifica un punto de ruptura crucial: mientras que el derecho ha sentado las bases de su praxis en la ambigüedad, la vaguedad y el arte argumentativo-interpretativo; las disciplinas algorítmicas, por su propia naturaleza, operan bajo la suposición de que todo puede ser subsumido a datos claros y mensurables. Este choque interdisciplinario plantea preguntas fundamentales, como qué sucede con conceptos como la equidad, igualdad o libertad cuando se aplican parámetros digitales diseñados para maximizar la eficiencia formal, en lugar de valores prácticos-humanos.
En la segunda parte, Condello toma una senda intelectual fascinante al recuperar las obras de dos figuras emblemáticas de la filosofía jurídica italiana del siglo XX: Norberto Bobbio y Uberto Scarpelli. En una época marcada por debates sobre la cientificidad del derecho, estos pensadores defendieron la importancia del rigor metodológico sin perder de vista la dimensión ética y social del fenómeno jurídico. Condello no solo los invoca como referencias históricas, sino como aliados en el análisis de los retos contemporáneos. Bobbio, por ejemplo, insistía en que el derecho no puede separarse de su contexto político y social, un punto que la autora retoma para argumentar que cualquier intento de automatización legal corre el riesgo de despojar al Ius de su esencia histórica y humana. Por su parte, Scarpelli reforzaba esta crítica al destacar que la exactitud en el derecho no equivale a la simple eliminación de la ambigüedad, sino a la capacidad de manejarla con sensatez epistémica. Condello utiliza estas ideas para enfrentarse al entusiasmo acrítico con que algunos sectores abrazan la digitalización, recordándonos que una lógica formal ajena al derecho no puede simplemente ser injertada sin consecuencias devastadoras.
La tercera parte de la obra es quizá la más concreta y a la vez la más perturbadora. Aquí, Condello analiza cómo las herramientas tecnológicas, desde bases de datos automatizadas hasta sistemas de inteligencia artificial diseñados para asistir —o incluso sustituir—a los decisores de justicia, están cambiando no sólo la práctica del derecho, sino su conceptualización teórica. La autora presenta ejemplos específicos de cómo estos sistemas se han integrado en el trabajo de los operadores jurídicos, recalcando tanto sus beneficios como sus limitaciones. Pero lo que hace que esta sección sea tan potente no es su descripción de la tecnología, sino su análisis de las implicaciones más amplias. ¿Qué significa para la justicia que las decisiones jurídicas, tradicionalmente enraizadas en la deliberación humana, sean delegadas a máquinas que carecen de contexto, empatía o comprensión del ethos? Condello no adopta una postura apocalíptica, pero tampoco se deja seducir por las promesas de neutralidad, objetividad y precisión de los algoritmos. En su lugar, argumenta que esta transición plantea una amenaza existencial para la regulación jurídica, que corre el riesgo de convertirse en un instrumento de gestión técnica, en lugar de un medio para alcanzar los proyectos axiológicos de las sociedades que regulan.
Uno de los aspectos más interesantes del libro es su insistencia en conectar los debates actuales con los del pasado. Condello nos recuerda que muchas de las preguntas que enfrentamos hoy sobre la automatización del derecho tienen ecos en las preocupaciones de mediados del pasado cercano, cuando la cibernética comenzaba a prometer transformar el desarrollo no sólo de las ciencias naturales y la ingeniería, sino también las disciplinas humanas. En ese entonces, como ahora, los juristas y filósofos debatían si el derecho podía ser reducido a un conjunto de operaciones mecánicas mesurables, y si hacerlo era deseable. La autora traza paralelismos entre esos debates históricos y los actuales, subrayando que las tensiones entre método jurídico y tecnología no son nuevas, aunque adquieren una urgencia particular en nuestro tiempo. Una coyuntura que ni siquiera el célebre proyecto de Normative Systems de Carlos E. Alchourrón y Eugenio Bulygin habría podido imaginar.
El libro incluye también dos apéndices que enriquecen el análisis principal al situar el trabajo de Condello en un contexto intelectual y político más amplio, donde la autora destaca dos lugares de trabajo que reconoce fundamentales para el desarrollo de su obra. El primero explora el Centro de Estudios Metodológicos de Turín, un espacio que desempeñó un papel crucial para dar cuenta de una perspectiva crítica sobre el método en las ciencias humanas y sociales durante el siglo pasado. El segundo se centra en la Casa Gobetti, un lugar cargado de significado histórico donde se conserva el archivo de Norberto Bobbio. Estas conexiones no son meros añadidos, sino que reflejan el compromiso de la autora con una visión del derecho que reconoce su deuda con el pasado, incluso mientras enfrenta los problemas del futuro.
Más allá de sus aportes teóricos, Il diritto come metodo es también un libro que invita a la acción. Condello llama al lector a reconsiderar cómo se integra la tecnología en la burocracia social, no como un fin en sí mismo, sino como un proxy al servicio de valores humanos. Este enfoque contrasta con la actitud predominante en muchos círculos estudiosos que ven la automatización como inevitable e incuestionable, sin base empírica para tal afirmación. La autora no rechaza la tecnología algorítmica, pero insiste en que debe ser utilizada de manera crítica, consciente de sus condiciones de posibilidad y de las consecuencias ético-políticas de su aplicación.
Se puede afirmar, sin duda, que el libro de Condello es profundamente político, en el sentido más amplio del término. Al examinar cómo las transformaciones tecnológicas afectan al derecho, Condello también reflexiona sobre qué tipo de sociedad queremos construir. ¿Será una en la que la eficiencia y la predictibilidad sean los valores supremos de las futuras repúblicas algorítmicas, o una que siga valorando la deliberación y la existencia humana? Para Condello, esta no es una pregunta retórica, sino una llamada de atención para juristas, filósofos y cualquier persona interesada en el impacto de estas tecnologías en nuestras estructuras sociales. Y también, una invitación para que más pensadores se sumen a estas meditaciones colectivas, para no abandonar este territorio de reflexiones a la tecnocracia ciega.
Con una prosa que combina rigor académico con sensibilidad filosófica (jurídica, tecnológica, política y epistemológica), este libro se erige como un recordatorio de que el derecho, como tecnología social de regulación de conducta, no es un sistema cerrado, sino un campo abierto de posibilidades. En un momento en que la digitalización de comportamientos parece inevitable, Il diritto come metodo es una defensa apasionada de la crítica jurídica y la humanidad como elementos necesarios para un futuro más despierto.