¿Cuál ciencia de la política? Estudio introductorio a propósito de la réplica de Hans Kelsen a Eric Voegelin1

What Science of Politics? Introductory Study on Hans Kelsen’s Reply to Eric Voegelin

Édgar Hernán Fuentes-Contreras

https://orcid.org/0000-0002-1066-0999

Universidad de los Andes. Chile

Correo electrónico: edgar.fuentes@uandes.cl

Recepción: 20 de mayo de 2025

Aceptación: 1 de septiembre de 2025

Publicación: 1 de diciembre de 2025

DOI: https://doi.org/10.22201/iij.24487937e.2026.20.20143/

Resumen: Ante los postulados de Eric Voegelin sobre la necesidad de reconstruir la ciencia política —que, según él, ha sido destruida por el positivismo—, su maestro Hans Kelsen dio una respuesta hacia 1954, aunque finalmente decidió no publicar la réplica. Sin embargo, de manera póstuma se conocen sus apreciaciones sobre la propuesta de Voegelin. A partir de esa respuesta, el presente texto centra su interés en los elementos epistemológicos de la ciencia política contemporánea e intentan mediar críticamente entre ambas posturas que parecen combinar, en términos de Max Weber, una ética de la convicción con una ética de la responsabilidad. Para ello, mediante una metodología correlacional, se desarrollan dos acápites centrales y unas conclusiones en los que se indagan críticamente las razones y el contenido de la réplica de Kelsen a Voegelin.

Palabras clave: ciencia política; positivismo; gnosticismo; metodología; pureza metódica.

Abstract: Faced with Eric Voegelin’s ideas on the need to reconstruct Political Science, in the face of the destruction caused by positivism, his teacher Hans Kelsen gave a response in 1954 which he finally did not publish. However, his views on Voegelin’s proposal are known posthumously. This paper focuses its interest on the epistemological elements of political science in contemporaneity, trying to intercede critically between these two positions that seem to mix, in Weberian terms, an ethics of conviction with an ethics of responsibility. In this way, through a correlational methodology, during two central chapters, in addition to the conclusions, the reasons and content of Kelsen’s response to Voegelin are critically investigated.

Keywords: political science; positivism; gnosticism; methodology; methodical purity.

Sumario. I. Introducción. II. Una afinidad en tensión. A propósito de la relación Kelsen-Voegelin. III. La réplica de Kelsen. Contenido, fundamentos y anacronismos. IV. A modo de conclusión. V. Referencias.

I. Introducción

Marcado por dos guerras mundiales, la Guerra Fría y su posterioridad, así como procesos de globalización y de una política internacional occidental, el siglo XX presenció el surgimiento y consolidación de autores que marcaron una convicción en las distintas áreas del conocimiento. Con cierta particularidad, la Viena de entreguerras hizo eco de la desaparición del Imperio Austrohúngaro y —no de forma casual— terminó reuniendo en su haber a artistas, científicos y filósofos como, por ejemplo, Adolf Loos y Josef Hoffmann en la arquitectura, Arnold Schönberg en la música; Oskar Kokoschka, en la pintura y en las artes plásticas, Karl Kraus en el periodismo, Sigmund Freud con el psicoanálisis, Ludwig Wittgenstein en la filosofía analítica y Hans Kelsen en el derecho (Janik y Toulmin, 1974).

Precisamente, en ese contexto, se insertan los primeros encuentros entre Hans Kelsen y Eric Voegelin. Kelsen había sido profesor de Voegelin, pero también fue su asesor —junto con Othmar Spann— en el proyecto de doctorado, en 1921, titulado “Wechselwirkung und Gezweiung”, el cual fue presentado en la Universidad de Viena (Roiz, 2000). Con todo, dicha relación profesor-estudiante fue enfriándose con el paso de los años y las acciones. Incluso, desde sus inicios, su relación estuvo envuelta por la divergencia de sus pensamientos. Todo ello quedará, finalmente, manifiesto en la réplica que envió Kelsen a Voegelin en 1954, en relación con la obra de este último, de 1952, La nueva ciencia de la política (2006). Si bien la réplica no fue publicada en su momento, su difusión posterior, 50 años más tarde, abrió un espacio para una nueva discusión.

El presente texto centra su atención en torno a la respuesta elaborada por Kelsen (2006) y su correspondiente análisis preliminar. Por supuesto, aun cuando su extensión no es necesariamente vasta, un estudio detallado de la misma implicaría un análisis a fondo no sólo de Voegelin sino de los autores que ambos han referido en sus escritos. Por ello, y especialmente por lo reducido del espacio, se aborda la siguiente indagación ¿cuáles son los elementos epistemológicos que identifican la teoría kelseniana respecto a la ciencia política, de acuerdo con la réplica proporcionada al texto La nueva ciencia de la política de Eric Voegelin? En ese contexto, se parte de reconocer la relevancia del positivismo y, asimismo, se contemplan aspectos adicionales que permiten comprender la réplica, por lo menos en su quehacer metodológico.

Con este propósito, el texto, a través de una metodología correlacional, será dividido, previo a las conclusiones, en dos acápites: el primero centrado en la relación entre los autores involucrados; para pasar, en un segundo momento, a la revisión crítica de la réplica generada por Kelsen.

II. Una afinidad en tensión. A propósito de la relación Kelsen-Voegelin

Un primer asunto de importancia es destacar que Kelsen no fue ajeno a las discusiones académicas de gran magnitud. Ciertamente, algunas de ellas trascendieron, como sucedió con aquella que sostuvo con Schmitt,2 y otras mantienen, hasta hoy, una disputa sobre la certeza del debate, como pasaría con el autor argentino Carlos Cossio.3 En ese orden, lo sucedido con Voegelin no parece inusual. De hecho, más allá de su relación estudiante-profesor y el acompañamiento de Kelsen al proceso doctoral de Voegelin, el cual finalizó esa misma década de los años veinte del siglo XX, se presentaron momentos que no facilitaron la relación: esto se debió al veto de Kelsen que impidió la habilitación para que Voegelin dictase clase en la Universidad de Viena, la cual sería sólo concedida en 1931 después de que Kelsen abandonara Viena y se trasladara a Colonia, en 1930.4

Este capítulo del distanciamiento entre Kelsen y Voegelin no sería el último. Por el contrario, el contexto político de Austria no sólo incentivó el desacuerdo y las opiniones encontradas, sino el distanciamiento geográfico. Kelsen, quien había sido asesor en la redacción de la Constitución austriaca de 19205 y había ejercido como miembro del Tribunal Constitucional,6 veía cómo el texto constitucional austriaco no respondía plenamente a los dilemas surgidos en el entorno político y social de la época, al punto que decidió no continuar como parte del Tribunal Constitucional, y dio mayor centralidad, entre otras razones, a la cátedra en la Universidad de Colonia que le fue otorgada en 1930. En esa labor estuvo hasta el ascenso del Nacional Socialismo, en 1933, para después abandonar Alemania con dirección a la Universidad de Ginebra y luego, en 1936, a la Universidad de Praga.7

En ese marco, Austria respondió —ya sin Kelsen, pero aún con la presencia de Voegelin— al ascenso del nazismo alemán a través de lo que fue conocido como Frente Patriótico, que sería liderado por Engelbert Dollfuss. Dollfuss, quien, debido a las elecciones de 1932, contaba con una mayoría insuficiente en el Parlamento, en 1933 empleó la “Ley de Autoridad de Guerra” de 1916 para regir el Estado a través de decretos y sin la necesidad del Parlamento. Esto llevaría a que dicho órgano fuese declarado disuelto por sí mismo el 7 de marzo de 1933 y que, para el 1o. de mayo de 1934, se dictase una nueva Constitución para Austria; en ella se establecía un Estado corporativo y confesional que pretendía mantener la estabilidad (Fernández Riquelme, 2011). Sólo que la oposición, desde el Partido Socialdemócrata —que contaba con un brazo armado denominado Republikanischer Schutzbund y donde se integraría, posteriormente, la corriente austriaca del nacionalsocialismo— terminaría desencadenando una guerra civil y un golpe de Estado que produjo la muerte del canciller Dollfuss, el 25 de julio de 1934. No obstante, lo narrado no evitó que el partido de gobierno se mantuviese en el poder a través de Kurt Schuschnigg (Thorpe, 2010).

Bajo un entorno turbulento y tumultuoso, donde se avizoraba lo que sería la anexión al Reich en 1938, Voegelin escribió y publicó “un libro sobre los acontecimientos, bajo el título El Estado autoritario” (Henningsen, 2022).8 En esta obra directamente alude a Kelsen y muestra expresamente los dilemas que pueden traer —y en efecto trajo— la aplicación de la teoría pura del derecho. Ciertamente, Voegelin mencionó:

The theory’s idea that the acts of law creation [Rechtsschöpfung] can, without exception—even in regard to the constitution—be regulated by norms and its exclusion of the judicial thesis—which, not capable of being regulated by norms, creates in the emergency situation, by force of a powerborne decision, the national order out of legal phenomena—have prevailed so completely that the theory is advocated not only by the followers of pure theory of law but also by its opponents, and not only by legal scholars but also by politicians. The idea survived the founding situation, taking on crucial importance even for the transition from the parliamentary-democratic to the authoritarian constitution and for the establishment of the authoritarian constitution itself. (Voegelin, 1999, pp. 163-164)9

Las observaciones realizadas por Voegelin produjeron una ruptura mayor en la relación con Kelsen, y tal como el mismo Voegelin terminó reconociendo, “[m]y relationship with Kelsen was never the same after that” (Voegelin, 2011, p. 81).10 Finalmente, Voegelin saldría de Austria, y pasó por Suiza con dirección a Estados Unidos en 1938, lugar donde también terminaría Kelsen en 1940; sólo que el primero se estableció en Luisiana y allí estaría hasta 1958, cuando regresó a la Universidad de Múnich, para asumir la cátedra que había sido de Max Weber11 —y estaba vacía desde 1920—, para después volver en 1969 a la Universidad de Stanford, donde estuvo hasta su muerte en 1985.12 Por su parte, Kelsen dedicaría su tiempo, especialmente, a la Universidad de Harvard y a la Universidad de California.13

Pese a que ambos autores fueron acusados falsamente de estar cerca de las ideologías autoritarias y del nazismo,14 “los dos fueron acérrimos enemigos de los totalitarismos, pero lo hicieron desde ángulos opuestos y con intereses distintos” (Vendramin, 2018, p. 133).15 Desde luego, son precisamente esos ángulos opuestos los que terminan, de cierto modo, moldeando la réplica de Kelsen a La nueva ciencia de la política de Voegelin, como se verá en el apartado subsiguiente.

III. La réplica de Kelsen. Contenido, fundamentos y anacronismos

Con ocasión de la publicación, en 1952, de La nueva ciencia de la política de Voegelin, Kelsen enviaría, en 1954, una crítica de 125 páginas sobre la obra. Aún profesor en la Universidad Estatal de Luisiana, “Voegelin was shocked about the tone and content of the review, even though he opened his response letter with a statement that sounded more like a typical flowery Viennese gesture” (Henningsen, 2022).16 En su respuesta, Voegelin no sólo manifestó el gusto por recibir la carta, sino su sorpresa derivada de la ausencia de otras misivas previas; además, le declaró a Kelsen el impacto que tuvo en su vida intelectual y el respeto que tenía por su obra, para finalizar y decirle que

[i]f much of what I do you disagree with, let your imagination turn for one second from us to the stage of philosophia perennis and consider what happened to poor Plato with his Aristotle. And if you then look again on your misguided student, you might consider that the best students are not necessarily those who swear in verba magistri and remain in the ‘shell,’ but perhaps rather those who studied so thoroughly at school that they free themselves from it and can go their own way. (Voegelin, 2007, pp. 207-209)17

Independientemente de la carta, lo cierto es que las páginas que Kelsen redactó en 1954 en referencia al texto de Voegelin tuvieron varias particularidades de interés a pesar de no haber sido publicadas originalmente. Precisamente, y aunque no existe una uniformidad ni un fundamento certero sobre las razones que llevaron a que Kelsen no la publicase, se ha llegado a afirmar que estas posiblemente oscilaron en los siguientes motivos: a) La advertencia que haría el propio Voegelin sobre el inadecuado fundamento teórico de la crítica elaborada por Kelsen;18 b) El hecho de que Kelsen decidiese tomarlo como base para un estudio más extenso donde incluyera la referencia a autores como Cassirer, Aron, Brinton, Tucker, Russell y Julian Huxley, entre otros,19 y/o c) La simple conveniencia de evitar una nueva disputa desgastante, lo cual fue una posición que mantuvo el propio Voegelin, quien, pese a conocer la réplica inédita, tampoco hizo mención alguna de ella durante sus conferencias.20

Ahora, al superar las razones que pudieron verse involucradas, surge la pregunta sobre el contenido de la réplica, sus fundamentos y los anacronismos que posiblemente pudo también “observar” Voegelin;21 aspectos que serán desarrollados, de modo breve, a continuación.

1. El contenido de la réplica

Antes de entrar a la réplica parece pertinente explorar, así sea de forma sucinta, el contenido de la obra de Voegelin, La nueva ciencia política. En primer lugar, es importante advertir que el texto muestra a Voegelin como un filósofo crítico, un filósofo constructivo y un filósofo místico (Sandoz, 1993); crítico, frente al positivismo como posición filosófica e ideología que establece una barrera para recuperar la verdad; constructivo debido a que considera que la dimensión y el papel de la filosofía es recuperar la condición humana, por ello genera una propuesta puntual, y místico ya que “[a] su juicio, el problema del Ser trascendente, del Fundamento divino del ser, es el problema central de toda filosofía desde el tiempo de los presocráticos hasta el presente” (Sandoz, 1993, p. 378). En esa dirección, Voegelin pretendió abarcar el estudio de lo político y de sus implicaciones con la modernidad, en una perspectiva histórica y gnóstica22 (Nuño López, 2017) al favorecer la búsqueda de la verdad. Para ello, sustentó sus posturas teórico-prácticas en las ideas de Aristóteles y sus referencias metodológicas en el gnosticismo de Joaquín de Fiore.23

Pero, más allá de estos elementos preliminares, la obra de Voegelin replicada ostenta como tema central la representación política. Por tal razón, el autor acude a la revisión de la naturaleza de la comunidad política y sus referencias históricas, con la idea de dar cuenta que esa representación se configura como un mandato de gestión, basado en la confianza existente entre los gobernados y los gobernantes que han recibido y aceptado ese compromiso de efectuar correcta y eficientemente la dirección de la comunidad (Casanova, 1997). En consecuencia, esa gestión no puede olvidar la verdad, es decir, no es un mandato para hacer cuanto se quiera y se pueda, sino más bien un mandato para gestionar bajo los fines del Estado que sólo serían válidos como expresión de la verdad; una verdad que “tiene una cualidad terapéutica inestimable, pues mediante su efecto apaciguador mantiene en sintonía la proporción y estructura del gobierno de la mente con el de la comunidad política y este a su vez con el del orden atemporal del cosmos y de la existencia” (Vázquez, 2016, p. 28). Esta propuesta será desarrollada durante seis capítulos, más la introducción, y pasa por temas como la representación, la existencia y la verdad (en los tres primeros que sirven como un marco conceptual), para profundizar en sucesos históricos de la representación y dar cuenta de la modernidad y sus dilemas que requieren ser resueltos (en los tres capítulos finales, donde se incluye el estudio del caso puritano en relación con el gnosticismo y la referencia al fin de la modernidad).

En contraste, la réplica de Kelsen se estructura de una forma diferente, incluso desde la cantidad de sus capítulos, que son la mitad de los incluidos por Voegelin. En efecto, el trabajo elaborado por aquel se orientó a tres grandes contenidos. Dichos contenidos bien podrían (re)titularse en los siguientes términos: a) la defensa del positivismo; b) teoría “pura” de la representación; y c) el gnosticismo como categoría errónea. Pues bien, la defensa del positivismo que formaliza Kelsen está centrada en deshacer la observación de Voegelin sobre el carácter destructivo que ha tenido el positivismo respecto a la ciencia política. Para ello, los argumentos de Kelsen parecen centrarse, por un lado, en el desconocimiento de Voegelin sobre el positivismo y las diferencias que este plantea entre las ciencias naturales y sociales y, por el otro, en la complejidad e inexactitud de integrar en la ciencia política una verdad trascendente como parámetro. Con ello, se vuelve, en esencia, a la disputa sobre el papel de la ciencia respecto a los juicios de valor.

Respecto a la representación, Kelsen discutirá la idea de Voegelin de “autointerpretación de la sociedad”; debe decirse que, para Voegelin, el “problema central de una teoría de la política es la representación” (Vendramin, 2018, p. 133; Torres, 2022; Rivera García, 2012) y su comprensión distingue la llamada representación elemental de la representación existencial; lo anterior debido a que “el tipo elemental de instituciones representativas no agota el problema de la representación” (Voegelin, 2006, p. 50). Por esto, se requiere que, además de las instituciones representativas, se verifique que las sociedades políticas se interpreten “a sí mismas como representantes de una verdad trascendente” (Voegelin, 2006, p. 13). De ahí proviene la idea de articulación, que exige, a su vez, que la sociedad conforme una unidad de tal manera que se le conceda a uno o varios de sus miembros “contar con un grado habitual de obediencia a sus órdenes” (Voegelin, 2006, p. 52). Esto, conjuntamente, suscita que los gobernantes realmente actúen en nombre y por la sociedad: “[l]a articulación, entonces, es la condición de la representación.” (Voegelin, 2006, p. 57).

No obstante, Kelsen termina asegurando que las propuestas de Voegelin llegan a ser erróneas, entre otras razones, dado que se sostienen en una confusión de “la cuestión respecto de la esencia de la representación democrática con la cuestión referida a en qué condiciones un sistema democrático funciona de manera satisfactoria” (Kelsen, 2006, p. 85). A la par, Kelsen anuncia que la idea de verdad que plantea la nueva ciencia política no es en realidad una verdad “en el sentido lógico y epistemológico, no es una verdad de la ciencia, sino un valor moral-político” (Kelsen, 2006, p. 119).

Finalmente, frente al gnosticismo, la tesis kelseniana es que esta es una categoría errónea para dar cuenta de la realidad histórica. Según Kelsen, la categoría expuesta no sólo parte de autores cuestionables y otros no muy claros, sino que, adicionalmente, se emplean ciertas sobreinterpretaciones; esto acompaña el hecho de que se emplea un significado para el vocablo que no tiene una correspondencia con el significado histórico que se le ha atribuido al gnosticismo. En ese sentido, para Kelsen se producen ambigüedades y la imposibilidad, con los ejemplos que Voegelin enumera y comenta, de obtener resultados que puedan ser catalogados, en estricto sentido, como científicos. En el fondo, y aunque ambos autores estarían orientados a cuestionar y dar cuenta de los peligros del ejercicio político según sus bases epistémicas, la preocupación que expone Kelsen podría actualizarse, en términos generales, en “los riesgos constantes de la relación que se identifica en la proyección política de deseos y anhelos que trascienden a la historia y sus posibilidades” (Fonti, 2014, p. 121, 2021). Así, Kelsen previene sobre lo inconveniente del uso de la categoría como parámetro para comprender la modernidad.

2. Fundamentos(epistemológicos) de la visión crítica kelseniana

En un primer momento, se debe advertir que la construcción intelectual de Kelsen contiene mínimamente un dualismo: por un lado, estará su visión teórica, y, por otro, la no teórica. Ambas visiones están distanciadas, fundamentalmente, por el fin que persiguen. Ciertamente, la visión teórica de Kelsen —la cual será tratada en este apartado— se ha caracterizado, en grandes rasgos, por las manifestaciones contempladas, especialmente, en su obra Teoría pura del derecho ([1934, 1960] 1997) y su afán de generar y defender una pureza metodológica.24 Dicha obra se abocó a cumplir una pretensión que provenía desde Austin (1832): establecer una ciencia jurídica que respondiera a las exigencias científicas y que, por ende, dejara atrás las críticas recurrentes que sufrían las ciencias humanas o del espíritu.

Desde luego, esto implicó estructurar, en su sentido más básico, una ciencia que pudiera hacer suyo el paradigma positivista, el cual se sostenía en el distanciamiento entre el objeto y sujeto de estudio. Dicha separación, con regularidad, no era satisfecha por las ciencias humanas en razón a la confusión entre objeto y sujeto, lo que impedía la imparcialidad, la universalidad, la objetividad, la confiabilidad y la validez de los resultados. En esa medida, la visión teórica de Kelsen trató de sostenerse en el positivismo y, con él, en el método científico como única forma de adquirir un conocimiento de la realidad, lo que causó una prevalencia de la experiencia sensorial, de lo empíricamente demostrable y de la modelación. De ahí que Kelsen considere que la ciencia jurídica no puede ocuparse de las relaciones entre las personas en sí mismas, sino que su objeto de estudio debe ser la norma jurídica; es decir, aquella disposición que, bajo ciertos parámetros y por el cumplimiento de los mismos, puede ser considerada como perteneciente a un sistema jurídico determinado, el cual se organizaba de manera escalonada mediante el principio de jerarquía que exigía la correspondencia de las normas de inferior jerarquía con aquellas que se establecían en un nivel superior.

Ahora bien, las normas objeto de estudio de la ciencia jurídica requieren como condición indispensable pertenecer al sistema jurídico y no a cualquier otro conjunto normativo; al punto que, si llegasen a pertenecer, en razón de su contenido a la ciencia jurídica, sólo le interesan las consecuencias que puedan ser vinculadas con su sistema. Esta exigencia, condujo a mantener un foco en los requisitos formales que se le piden a la norma para que pueda ser considerada jurídica:

Una norma jurídica no vale por tener un contenido determinado; es decir, no vale porque su contenido pueda inferirse, mediante un argumento deductivo lógico, de una norma fundante básica presupuesta, sino por haber sido producida de determinada manera, y, en última instancia, por haber sido producida de la manera determinada por una norma fundante básica presupuesta. Por ello, y sólo por ello, pertenece la norma al orden jurídico, cuyas normas han sido producidas conforme a esa norma fundante básica. De ahí que cualquier contenido que sea, puede ser derecho. (Kelsen, 1997, p. 205)

Si bien se suele utilizar de forma aislada la frase final de la cita anterior, lo cierto es que debe recordarse que Kelsen hacía referencia a la conducta humana como contenido de la norma y que, por el escalonamiento del sistema, los contenidos de las normas dependían también de su lugar o ubicación en el mismo. En consecuencia, en Kelsen realmente no se admite que todo contenido pueda ser derecho con absoluta simplicidad. Más allá de ello, el interés hacia la norma jurídica como objeto de la ciencia se conecta con el hecho de que esta norma existe y no simplemente se observa como una aspiración, es decir, como un deber ser. Por supuesto, en Kelsen la norma es un deber ser que encuentra su reflejo y existencia, por ejemplo, en el texto normativo que la contempla y que, por ende, cualquier persona se puede acercar a ella para comprobar su existencia, incluso sea o no de su apetencia o acorde a lo que considera como justo. Esa existencia no depende de valores, sino de un procedimiento que puede ser comprobado o, en mejor término, reconocido objetivamente, es lo que facilita que exista una ciencia jurídica que no requiere para su presencia ocuparse, por ejemplo, de la justicia; tema que, por demás, Kelsen no integra como objeto o referencia para esta ciencia al no existir, según su idea, una moral absoluta y objetiva.

Así, la teoría pura de Kelsen pretende que la ocupación de la ciencia jurídica sólo se centre en lo jurídico y no en ámbitos políticos, morales, sociológicos o religiosos; los cuales no es que no existan, sólo que no son objeto de la ciencia jurídica ni de su teoría. De hecho, así se llega a hablar de una pureza metódica (Schmill, 2010) que tiene como intención el “precisar el método específico y los conceptos fundamentales con los cuales es posible describir y concebir cualquier tipo de derecho [...]” (Kelsen, 2004, p. 7). Por consiguiente, “La teoría pura del derecho quiere ser una teoría general del derecho de este tipo” (Kelsen, 2004, p. 8).

Empero, este enfoque positivista kelseniano de la ciencia tiene sus raíces en autores como Immanuel Kant, Jeremías Bentham, David Hume, Hans Vaihinger, Hermann Cohen y Ernst Cassirer. De cualquier forma, “[e]s bien conocida la posición kelseniana de rechazo a la ética de Kant y, por tanto, de Cohen igualmente, en la medida que intentan establecer criterios de moralidad que tengan validez absoluta u objetiva, distinta de la validez de las normas positivas” (Schmill, 2004, p. 125). Es, en este sentido, que la visión teórica kelseniana bien es compatible con la orientación impulsada por los precursores de la Revolución Francesa, como Marie-Jean-Antoine Nicolas de Caritat, marqués de Condorcet, quien, en 1782, manifestó abiertamente que las ciencias sociales “deben seguir los mismos métodos, adquirir un lenguaje igualmente exacto y preciso, [y] alcanzar el mismo grado de certeza” (1976, p. 6). En ese contexto, la teoría kelseniana, como representante del positivismo metodológico (Bobbio, 1965), integra elementos epistemológicos del positivismo25 e incluye el relativismo axiológico. En ese marco, termina por concebir, por ejemplo, el relativismo, desde el ámbito moral, como “la idea de que la autoridad de las normas morales es relativa al tiempo y al lugar” (Lukes, 2011, p. 35).

En resumen, la teoría jurídica de Kelsen lograría sostenerse tanto en el distanciamiento categórico entre sujeto y objeto como en el desapego y casi enemistad entre los hechos y los valores, al ser estos últimos incompatibles con la ciencia jurídica. Ahora, ¿cómo se relaciona esto con la ciencia política y en específico con la réplica realizada al texto de Voegelin? Pues bien, en un punto no menor para Kelsen hay una ruptura o, mejor, una simplificación de la dualidad entre Estado y derecho. Por tal motivo, el Estado se reduce al derecho, al ordenamiento jurídico, es decir, que ambos son sinónimos (Kelsen, 1997, 2005b). Por consiguiente, el estudio del Estado es otra forma de estudiar del ordenamiento jurídico, lo que permite que sea abordado por la ciencia jurídica (Bobbio, 1989; García Berger, 2021) o, como bien induce en su réplica a Voegelin, pueda siempre ser objeto de una visión positivista; entiéndase como científica, donde exista la separación del sujeto/objeto y la distinción hechos/valores.

Así, Kelsen centrará su posicionamiento frente a la propuesta de Voegelin en una defensa acérrima sobre la importancia del positivismo para acceder al conocimiento científico de la política y el desmedro de la tesis de Voegelin en la que considera que es ese positivismo el que ha sido destructivo para la ciencia política. Conjuntamente, termina por observar que la propuesta de una nueva ciencia política que pretende “reparar” lo causado por el positivismo se presenta teniendo como base la especulación metafísica, lo cual sería, llanamente, un proceso que afectaría el avance y el progreso logrado por la humanidad; con base en la idea de Comte, sería un retorno al segundo estadio que había logrado superarse, es decir, al metafísico o abstracto y que, inclusive, podría llegar a entablarse como una expresión del estadio teológico. Este enfoque opone a Kelsen al uso de autores como Aristóteles, Santo Tomás de Aquino, entre otros, al considerar que no logran garantizar el ejercicio de ese positivismo.

3. Anacronismos y otros aspectos

Como se ha expuesto, existió una oposición entre los dos autores; por un lado, estaría Voegelin, desde una perspectiva sustancialista, y por el otro, Kelsen, a partir de una visión más formalista. Ahora, lo llamativo es que Voegelin representa una búsqueda de lo que podría llamarse como “experiencias existenciales”, las cuales están enmarcadas en la pretensión de restablecimiento de la ciencia noética: “[a]nd thus the prime task of Voegelin’s philosophy of consciousness is the restoration of noetic consciousness as the central concern of political science in response to the disorder of the age”26 (McPartland, 2009).27 Por consiguiente, este autor valora a la ciencia política como una disciplina que tiene como problema central “la búsqueda del orden social correcto u óptimo” (Reyes Arellano, 2020, p. 52). Al final, como bien señala Strauss, nada tendría sentido en sí mismo, si esa búsqueda de lo correcto que debe realizar la ciencia política se disipa en un relativismo y un nihilismo, “donde el pensamiento humano depende básicamente de algo a lo que no es posible anticiparse, algo que nunca se convertirá en un objeto ni podrá ser dominado por ningún sujeto” (2000, p. 66).

Estas nociones muestran, entonces, que la distancia entre los autores se mantiene, igualmente, en la percepción del papel de la ciencia política: para Voegelin es más cercana a un quehacer práctico —aunque no cualquiera de ellos—, mientras que para Kelsen es una actividad meramente descriptiva y explicativa. Por tal razón, “Kelsen llega a afirmar que la teoría del estado había heredado la necesidad de justificación de la metafísica y que, por lo tanto, cualquier otra forma de justificación que no fuera la jurídica sería anticientífica” (Carabante, 2023, p. 7). En consecuencia, la labor del científico cambia según cada una de las posiciones, sea que se permitan los juicios de valor o solamente los juicios de verdad.

Pues bien, este dilema sobre el papel del científico no fue ajeno, tampoco, en Max Weber —por lo menos en su versión más cientificista (1979)—, quien termina por considerar que los juicios de valor entorpecen la labor del científico y, en específico, la del docente en el aula, donde no habría lugar a la opinión política; esto, pensando que la elección de valores en una sociedad determinada no cuenta necesariamente con una justificación desde lo racional, sino que se sustenta en la discrecionalidad (Franzé, 2006). Con todo, esta orientación de Weber, como pasa en Kelsen, singulariza de una forma a la ciencia social que olvida que, como lo mencionan Strauss y Voegelin frente a Weber:28

para comprender hay que valorar, sin valoración no hay comprensión o, dicho de otro modo, quien no valora es porque no ha comprendido el hecho que estudia. La ciencia, entonces, sí provee conocimiento cierto sobre los valores. La preferencia de éstos no es infundamentada, sino que se puede demostrar la superioridad objetiva de determinados valores. (Franzé, 2007, p. 117)

Precisamente, esas visiones plenamente desprovistas de valores, tal como se ha destacado, bien podría responder y convivir con los regímenes de mayor grado de perversidad. En otros términos, llega a ser una ciencia indiferente a las consecuencias. Esa forma de concebir el papel del científico, como lo hace Kelsen en la réplica, omite, entonces, las posibles responsabilidades, asentándose en una instrumentalización de la ciencia como convicción, que desconoce el hecho de que una teoría empleada, metodológicamente hablando, en diversos contextos y con percepciones diferentes no implica imperiosamente que sea objetiva, imparcial y carente de valores.29 Justamente, esa forma de concebir la ciencia hace que: “[t]he search for truth [...] was cut short at the level of pragmatic action. In the intellectual climate of the methodological debate the “values” had to be accepted as unquestionable, and the search could not advance to the contemplation of order” (Voegelin, 2000, p. 98).30

Si bien Kelsen destaca que su teoría pura logra dar cuenta de los ordenamientos jurídicos de diversos contextos, por esto, no podría asumirse que es carente de valores (Errázuriz Mackenna, 1985; 1986; 1987; 1992). Bastaría ver la siguiente manifestación:

Cuando la teoría pura del derecho, a pesar de todos los ataques, se niega a ser un instrumento de la lucha por el poder, a servir al poder, cualquiera que éste sea. Lo hace convencida de que, en la eterna lucha del poder contra el espíritu, éste puede sufrir derrotas pasajeras en las cuales la ciencia quede prisionera del vencedor provisorio; pero sabe también, como la historia nos enseña, que la victoria del poder sobre el espíritu nunca es definitiva y que cuanto más se violenta al espíritu, tanto más poderosamente se resiste hasta lograr nuevamente lo único que corresponde a su esencia íntima: la libertad. (Kelsen, 1981, p. 208)

Estas manifestaciones suelen aparecer en diversos textos de Kelsen (2001, 2003, 2005), lo que garantiza que su visión no es solo teórica, sino que, en varios momentos, el autor se ocupa de otras temáticas que escapan a la labor científica. De tal modo, a pesar de la pretensión de Kelsen, hay que señalar, como lo hace Aron (1979) en relación con la crítica de Strauss (2000) a Weber (1979), que la prohibición de que existan juicios de valor en la labor que hace el cientista social no sólo es insensato, sino que arriesga la calidad de su trabajo; sólo que, al igual que Weber, Kelsen parece no tomarse en serio esa prohibición en todo momento. Además bien se podría leer en esa dirección la manifestación que hizo en 1963: “[d]esde el punto de vista de la ciencia del derecho, el derecho durante la dominación nazi fue derecho. Podemos lamentarlo, pero no negar que fue derecho” (Garzón Valdés, 1999, p. 8). Por supuesto, no es la misma manifestación que hace Radbruch,31 pero la atribución y calificativo que utiliza Kelsen confirma que no todo puede ser explicado desde la teoría.

Desde luego, como destaca Aron (1979), hay que diferenciar lo que son juicios de valor y lo que son los valores. En esa medida, se entiende que Weber, pese a la negativa de incluir valores —tal como lo hace Kelsen (2006, 1997)—, no dejó de hacer juicios de esta naturaleza. Desde esas nociones, es legítimo, realmente, en Weber —siguiendo a Aron—, efectuar dichos juicios, pero asumiendo que sean parte de un canon y una realidad. Con todo, y a pesar de encontrar diversos valores explícitos e implícitos en las posiciones de Kelsen, como la tolerancia (Kelsen, 2001), la paz (Kelsen, 2003) y la libertad (Kelsen, 2005; Fuentes-Contreras, 2010), esto no basta para fundamentar una ciencia política efectiva. Por ende, habrá que decir que el hacer ciencia política no es solamente tomar partido, como parece interpretar Kelsen respecto de la propuesta de Voegelin; por el contrario, la labor del científico político, en una visión plena, se dirige a la reflexión, orientada desde la honestidad científica del interlocutor hacia el receptor, es decir, que pueda diferenciar cuando sus conclusiones se basan estrictamente en el modelo científico y cuándo son sus opiniones y percepciones infundadas.

Sobre dicha temática, entonces, la réplica de Kelsen no sólo olvida la inconveniencia de su propuesta de una ciencia política estrictamente positivista, sino que no reconoce dos aspectos relevantes; por una parte, la existencia de tipos de conocimiento que no se alcanzan a través de lo sensorial y su posibilidad de acceder a ellos y, por otra, las propuestas aristotélicas y tomistas que estructuran ese acceso al conocimiento de lo que Kelsen llama metafísico o especulativo.

Así, de manera breve, se puede afirmar que la verdad que se pretende desde la nueva ciencia política, como pasa con el derecho natural, es algo perceptible por la razón humana y universalmente reconocido. Sólo que:

Por encima de todo, el conocimiento de la amplia variedad de nociones de extensión indefinida sobre el bien y el mal dista tanto de ser incompatible con la idea del derecho natural que constituye la condición esencial para la necesidad de dicha idea: el reconocimiento de la variedad de nociones del bien es el incentivo para la búsqueda del derecho natural. Si el rechazo del derecho natural en el nombre de la historia ha de cobrar significado alguno, éste no debe basarse en hechos históricos, sino en una crítica filosófica de la posibilidad, o de la accesibilidad, del derecho natural, una crítica relacionada de algún modo con la “historia”. (Strauss, 2000, p. 42)

Así, la búsqueda de la verdad —aunque en algunos momentos parezca infructuosa— es totalmente justificable. Por ello, alcanzar la verdad —o si se prefiere, el bien— es un trabajo permanente y falible. Esto se conjuga, con base en la doctrina aristotélica (349 a. C./2001, 330-323 a. C./2005),32 desde el reconocimiento que se realiza respecto a la naturaleza de las cosas a partir de su fin, lo cual da lugar a la doctrina de la potencia y el acto, donde la perfección alcanza la plenitud en un proceso práctico33 que está vinculado, en esencia, a la filosofía de las cosas humanas. Por eso, pese a que en Aristóteles existe una percepción de mutabilidad o, en mejor término, de adaptabilidad de lo justo, el Estagirita no niega ciertos aspectos inmutables ante el reconocimiento de la existencia de ciertas acciones y pasiones que son malas por naturaleza; es decir, que no dependen de convenciones sociales o contextos particulares.34

Dicha particularidad no es tratada a fondo por Kelsen en la réplica, como tampoco se hace cargo de los desarrollos tomistas.35 Por ello, parece que asume, erradamente, por ejemplo, que la idea promulgada del derecho natural es metafóricamente la de un espejo del derecho positivo; cuando este derecho está compuesto por aquellos mínimos que otorgan validez al sistema jurídico y le dan un sentido último al derecho positivo. De hecho, al tratarse de mínimos que requieren determinación, ello debería ofrecer indicios sobre el fin y el papel que le corresponde a la ciencia política.

En definitiva, las dos tensiones esenciales que reconoció Voegelin (2013) del orden jurídico —es decir, la vinculada con el orden sustantivo de la sociedad y el proceso de elaboración del derecho y la del orden sustantivo de la sociedad que existe y aquel que no— muestran cómo el Derecho resulta insuficiente para incluir todo en su regulación y termina interconectándose con la pretensión última del vivir bien y que justifica al Estado como la forma de “gobernar a hombres «libres e iguales»” (Berti, 2012, p. 49), en otras palabras, el Estado no puede reducirse a lo jurídico como quiso Kelsen. De tal modo, lo que quizás no reconoce Kelsen es que esa pretensión del vivir bien —no a cualquier precio— justifica el reconocimiento del papel de la nueva ciencia política, para evitar que se conformen cascarones vacíos respaldados por titulaciones científicas o, inclusive, alusiones a la vida buena, pero desprovistas de toda prudencia política y rigor científico.36

IV. A modo de conclusión

En este punto, la particularidad que rodea el debate entre Voegelin y Kelsen trasciende mucho más allá de un simple ejercicio académico de producción de una réplica y un intercambio de cartas. Tampoco se trata de una disputa entre ciencia y teología (Uribe Álvarez, 2011). El entorno y los hechos que marcaron a los dos autores, desde su relación inicial hasta su posterior distanciamiento, las acusaciones de otros académicos y sus desplazamientos continuos —no por un simple disgusto— generaron posiciones encontradas, marcadas, al tiempo, por los veinte años de diferencia entre ellos.

En ese sentido, entender esta discusión pasa por comprender lo que fue y significó la caída del Imperio Austrohúngaro: Viena, como capital, era prácticamente un laboratorio, que dejó expuestos sus (d)efectos con la desaparición del Imperio, sus excesos y la distancia abrumadora entre lo ornamental y lo real, entre lo que se quería ser y lo que realmente era en términos culturales, sociales y políticas. Precisamente, para Kelsen —que era, por así decirlo, hijo de estos acontecimientos, al igual que otros autores como Freud, Kraus, Wittgenstein y Loos—, esa época se vivió con cierto desencanto y con la sensación de promesas incumplidas; en cambio, para Voegelin, lo acontecido se tradujo en una nostalgia por lo absoluto. Es allí donde bien se puede comprender, por ejemplo, cómo señala Heilke (2012), que

Whereas Kelsen is a “critical neo-Kantian in [his] theory of law” and “an agnostic in questions of metaphysics and religion,” Voegelin, while admiring the achievements of the former, does not accept the agnosticism of the latter. He rejects Kelsen’s “connection between [metaphysical] agnosticism and methodological purity,” which Kelsen argues is “intrinsic” to the scientific enterprise of the pure theory of law.37

Ese posicionamiento de Kelsen bien se le podría atribuir, como se hace con Weber desde Strauss, a un historicismo radical, donde “existe una variedad de visiones globales, tan legítimas unas como las otras, entre las cuales debemos decantarnos por una sin valernos de la razón” (2000, p. 61), lo que no es otra cosa sino una visión limitante de la ciencia que se restringe y no da respuesta a las cuestiones esenciales y realmente importantes,38 al punto que “tampoco puede demostrarse que sea digno de existir el mundo que tales leyes [de la ciencia] describen, que ese mundo tenga un sentido y que tenga sentido vivir en él” (Weber, 1979, p. 208).

De ahí que la intención firme de Eric Voegelin en afirmar la necesidad del resurgimiento de una ciencia política como disciplina científica noética (Cárdenas Támara y Suárez Rozo, 2010), que se centre en el orden, en la experiencia y reconozca aquellos aspectos que constituyen una verdad trascendental.39

En consecuencia, puede sostenerse, como se desarrolló, que el trabajo de Voegelin, que incluye la contestación que le da a su maestro después de recibir la réplica a su obra La nueva ciencia de la política, asume la necesidad de superar el paradigma que Kelsen ayudó a sostener sobre el papel de la ciencia política y, a su vez, plantea el deber para que exista una verdadera ciencia que reconozca que la humanidad no puede reducirse a una abstracción ideal como los números, y que, por tanto, no siempre pueda seguir el modelo matemático ni el modelo de la ciencia positiva.

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Cómo citar

IIJ-UNAM

Fuentes-Contreras, Édgar Hernán, “¿Cuál ciencia de la política? Estudio introductorio a propósito de la réplica de Hans Kelsen a Eric Voegelin”, Problema. Anuario de Filosofía y Teoría del Derecho, México, vol. 20, núm. 20, 2026, e20143. https://doi.org/10.22201/iij.24487937e.2026.20.20143

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Fuentes-Contreras, É. H. (2026). ¿Cuál ciencia de la política? Estudio introductorio a propósito de la réplica de Hans Kelsen a Eric Voegelin. Problema. Anuario de Filosofía y Teoría del Derecho, 20(20), 20143. https://doi.org/10.22201/iij.24487937e.2026.20.20143

  1. 1 El artículo presenta resultados parciales de investigación del proyecto postdoctoral y los avances obtenidos en el Magíster de Estudios Políticos, en la calidad de becario; ambos financiados por la Universidad de los Andes, Chile, a través del Fondo de Ayuda a la Investigación. El autor agradece los comentarios recibidos e intercambios académicos de los profesores Manfred Svensson, Juan Andrés González Tugas y Carlos José Errázuriz Mackenna.

  2. 2 Dicha discusión tiene su reflejo mínimamente en tres obras: la primera sería el texto que publica Kelsen por primera vez en 1928, en francés, cuando aún era magistrado del Tribunal Constitucional austriaco y, a su vez, profesor de derecho público de la Universidad de Viena; dicha obra recibió el título de La Garantía Jurisdiccional de la Constitución —publicada nuevamente, con ciertos cambios, en 1929—. A ella responderá Schmitt en su texto de 1931 titulado La Defensa de la Constitución. Finalmente, Kelsen publicará el libro ¿Quién debe ser el defensor de la Constitución?, en 1931. Véase también Vita (2017), Doncel Luengo y Camisón Yagüe (2011), Hernando Nieto (2021), Bárcena y Tajadura Tejada (2019; 2022) y Herrera (1994).

  3. 3 Véase, por ejemplo Luna (2020), González Monzón y Luna (2022) y Godio (2020).

  4. 4 In 1928, he wrote a recommendation in support of Voegelin’s application for the venia legendi, the right to teach at the University of Vienna, the so-called Habilitation, which is often called in non-German speaking countries the second dissertation. Though he praised «the extraordinary many-sidedness of his interests», he refused, as Juergen Gebhardt has pointed out in the introduction to a correspondence volume in Voegelin’s Collected Works, to support Voegelin’s request for a broad job description that included, in the sense of a contemporary understanding of the social sciences, political science, and sociology (Gebhardt, 2009, p. 12). In another part of the evaluation, he added a comment on Voegelin’s critical assessment of the missing political dimension of Staatslehre, and the first signs of the beginning distancing became visible: «Here is not the place to enter into a critique of Voegelin’s train of thought. In any case his attempt is very interesting and a most valuable scholarly contribution. It is among the most meaningful endeavors in the direction of a non-juridical Staatslehre that has been undertaken up to this time» (Gebhardt, 2009, pp. 676-682). Despite this praise, the final venia legendi that was granted after a colloquium and a lecture and being registered by the Ministry of Culture did not include Voegelin’s desire to also teach courses in «non-juridical Staatslehre». Kelsen’s veto prevented that. Yet Voegelin’s wish was granted in 1931 after Kelsen had left in 1930 Vienna and moved to Cologne” (Henningsen, 2022).

  5. 5 Si bien suele asumirse que Kelsen fue el redactor de la Constitución de 1920, lo cierto es que “Kelsen carecía de mandato político, por lo que su función era la de un asesor, aunque cualificado por el respeto que su opinión suscitaba y por ser persona de confianza de los socialdemócratas, especialmente de Otto Bauer. También con Ignaz Seipel, el sacerdote y destacado personaje de los socialcristianos, futuro canciller federal, mantenía Kelsen excelentes relaciones. Redactó hasta seis proyectos y tomó parte en reuniones de alto nivel de los partidos políticos, así como en la Comisión Constitucional de la Asamblea Nacional, de la que al cabo salió el texto definitivo. De manera que Kelsen estuvo presente, con su pluma y sus consejos, en todas las fases del procedimiento constitucional” (Sosa Wagner, 2021, pp. 309-310). Debe también recordarse que dicha Constitución está conformada por varias leyes constitucionales. La referencia que se hace respecto a la obra apoyada por Kelsen es la Ley Constitucional Federal; en todo caso, aspectos como los derechos quedaron en la Ley básica sobre los derechos generales de los ciudadanos de 1867, la cual mantuvo su vigencia (Boyer, 2022).

  6. 6 “Tras el fallecimiento de Edmund Bernatzik, es nombrado miembro del Tribunal Constitucional en marzo de 1919. Asimismo, accede a la cátedra sucediendo a Bernatzik: es nombrado Ordentlicher Universitäts professor de Derecho del Estado y Derecho Administrativo en la Universidad de Viena. Eso sucedía el 1 de agosto de 1919. Puede afirmarse que, con este nombramiento, Kelsen había logrado hacer realidad su propósito de ser catedrático. Comenzaba así una época de gran intensidad, como profesor y como magistrado del Tribunal Constitucional” (Robles, 2013, p. 216). “En 1919 Kelsen comenzó a prestar funciones en la Corte Constitucional provisoria, como integrante neutral —es decir, no fue propuesto por ningún partido político—. Con el mismo carácter fue luego nombrado en la Corte Constitucional que se conformó luego de la sanción de la Constitución Federal. Kelsen valoró mucho esa posición neutral. Esto permite explicar por qué declinó su reelección luego de la reorganización política de la Corte en el año 1930. Ésta hubiese sido posible con la propuesta favorable del partido de los socialdemócratas (quienes más allá de ello también le aseguraban a Kelsen su independencia). Pero Kelsen no quería deber su puesto a ningún partido político —una conducta que hoy en día casi nadie logra comprender—. Así finalizó sus funciones el 15 de febrero de 1930” (Walter, 2011, p. 334). Véase también Kelsen (2008), Mantilla Pineda (2003), Métall (1976), Robles (2014).

  7. 7 “Ya en la primavera de 1933, cuando circularon los primeros rumores de la posibilidad de que Kelsen fuera llamado a Praga, se sucedieron turbulentas escenas en contra del profesor Weiss por haberse declarado a favor del nombramiento. En una de sus cátedras, se desató una ola de silbidos y gritos de: ¡Nunca Kelsen. Largo a Moscú! Era comprensible que la noticia de estos sucesos hiciera dudar a Kelsen, a pesar de sus deseos de dictar cursos en su lengua materna, sobre la conveniencia de ir a Praga” (Feher, 2014, p. 17). Véase Feher (2013).

  8. 8 “Voegelin described this crisis in his book The Authoritarian State (1936), of which the subtitle defines the text as «An Essay on the Problem of the Austrian State». The book was a frontal attack on Kelsen’s constitutional accomplishment and a defense of the authoritarian regime that took over until it was terminated by Nazi Germany’s annexation in April of 1938. Voegelin supported this regime when Austria’s fate was openly threatened of being crushed by Mussolini’s Fascist Italy or Hitler’s Nazi Germany. Voegelin wanted to preserve Austrian sovereignty even if it meant accepting an authoritarian regime so long as it sought to preserve said sovereignty. Yet he had also started writing an essay about the ideological background of the three totalitarian regimes that dominated European politics during the wars, namely the Soviet Union, Fascist Italy, and Nazi Germany” (Henningsen, 2022). Véase Cooper y Bruhn (2011).

  9. 9 “La idea de la teoría de que los actos de creación del derecho [Rechtsschöpfung] pueden, sin excepción —incluso en lo que respecta a la Constitución—, ser regulados por normas, y su exclusión de la tesis judicial —que, al no poder ser regulada por normas, crea en situaciones de emergencia, por fuerza de una decisión basada en el poder, el orden nacional a partir de fenómenos jurídicos, han prevalecido de tal manera que la teoría es defendida no sólo por los seguidores de la teoría pura del derecho, sino también por sus oponentes, y no sólo por los juristas, sino también por los políticos. La idea sobrevivió a la situación fundacional, adquiriendo una importancia crucial incluso para la transición de la constitución parlamentaria-democrática a la autoritaria y para el establecimiento de la propia constitución autoritaria”. [Traducción libre de la cita].

  10. 10 “Mi relación con Kelsen nunca volvió a ser la misma después de eso” [Traducción libre de la cita].

  11. 11 “Voegelin no hace menoscaba de la importancia de la obra de Weber, incluso, en la línea de una restauración del estilo- clásico de las ciencias políticas y sociales, pero estima que la influencia positivista impuso antinomias insuperables a su pensamiento, que redujeron ad absurdum el ideal de la ciencia libre de valores” (Fueyo Álvarez, 1955, p. 72)

  12. 12 “Losing his job as a university teacher and persecuted by the Gestapo Voegelin had to flee from Austria with his wife after the anschluss in 1938. After a brief stay in Switzerland, he emigrated to the US in 1939, held teaching positions at various universities and became an American citizen in 1944. From 1942 to 1958 he was a professor of Political Science at Louisiana State University in Baton Rouge. In 1958 he accepted an offer by the University of Munich to fill Max Weber’s former chair in political science and founded the Institut für Politische Wissenschaft. In 1969 he returned to the US to join the Hoover Institution at Stanford University. He continued his scholarly work until his death in 1985 and completed —beside many other works— his five-volume opus magnum Order and History, a complex encyclopedia of the history of Western thought” (Heller, 2007, p. 279). Véase Trepanier (2018) y Bergbauer (2020).

  13. 13 “Durante los muchos años que conocí a Voegelin, nunca habló de su maestro. Sin embargo, mencionó y elogió la Reine Rechtslehre (Teoría Pura del Derecho) de Kelsen en conferencias en Múnich, pero nunca habló de sus experiencias personales con sus alumnos y ayudantes. Cuando se trasladó con su esposa Lissy 1969 definitivamente a Stanford y se convirtió en Senior Fellow de la Hoover Institution, visitaron a Kelsen una vez en Berkeley” (Henningsen, 2022). Véase Calsamiglia (1997).

  14. 14 En relación con Voegelin, véase, por ejemplo, Dyzenhaus (2022a; 2022b) y Arnold (2012). Ciertamente, dichas afirmaciones sobre el presunto nazismo y racismo de Voegelin no son diestras, al punto que se ha afirmado: “I am sure Dyzenhaus will come up with all kinds of false explanations to serve his hatred of Voegelin, even if none of them will change the fact that he left and was followed a short time later by his wife. While Voegelin’s sister and father were Nazis, Voegelin was unequivocally not. In fact, Voegelin had a rousing confrontation with his father about his father’s support for the Nazis before he left for Switzerland and never saw him again. Voegelin ended his relationship with his father because of his constant and consistent opposition to Nazism. That, in and of itself, reveals Voegelin’s ultimate stance and commitment to anti-Nazism” (Henningsen, 2022). Por su parte, suelen ser más conocidas las presuntas vinculaciones con Kelsen y el nazismo, en razón a su teoría pura. Con todo, como se ha afirmado: “Kelsen resulta odioso a muchos, que optan por injuriarlo. [...] Los primeros fueron aquellos antiguos juristas nazis que lo llamaban “perro judío” en tiempos de Hitler y que, después del 45, convertidos en grandes demócratas y moralistas sin tacha, siguieron echándole las culpas de todos los males pasados” (García Amado, 2014 y 1991). Véase Garzón Valdés (1999), La Torre (2008) y Müller (2006).

  15. 15 “There is a common opposition to totalitarianism with both of these authors, even if the remedies chosen to counter it are radically different. Both were victims of Nazism —Kelsen because of his Jewish origins and Voegelin because of his writings which led to him being placed on the Gestapo’s blacklist. Both left Austria after the Anschluss and went into self-imposed exile in the United States, Voegelin in 1938 and Kelsen in 1939” (Lecoutre, 2016).

  16. 16 “Voegelin se sorprendió por el tono y el contenido de la reseña, aunque abrió su carta de respuesta con una declaración que sonaba más bien como un gesto florido típico vienés” [Traducción libre de la citación].

  17. 17 “Si no estás de acuerdo con gran parte de lo que hago, deja que tu imaginación se desvíe por un segundo de nosotros hacia el escenario de la philosophia perennis y piensa en lo que le sucedió al pobre Platón con su Aristóteles. Y si luego vuelves a mirar a tu estudiante descarriado, tal vez consideres que los mejores estudiantes no son necesariamente aquellos que juran in verba magistri y permanecen en la «cáscara», sino quizás aquellos que estudiaron tan a fondo en la escuela que se liberaron de ella y pueden seguir su propio camino” [Traducción libre de la citación].

  18. 18 Yet Voegelin explained Kelsen’s decision to not publish the review. Let me add what he told Sandoz: «[...] Kelsen’s critique was never published, perhaps because I conveyed to him directly through a letter in cautious form, and through common friends more outspokenly, that his understanding of the historical and philosophical problems involved in the matter was inadequate and a publication would damage his prestige rather than mine»” (Sandoz, 1989, p. 53)”. Véase Henningsen, (2022).

  19. 19 Dicha intención, en efecto, si materializó en la obra nominada como “religión secular” finalizada después de 10 años en 1964, y que había tenido como títulos Defensa de la modernidad y ¿Religión sin Dios?. Con todo, el texto finalmente no sería publicado por decisión del mismo Kelsen (2015). Véase Di Lucia y Passerini Glazel (2015).

  20. 20 The review was published in 2004 by Arnold with a rather polemical «Afterword». Voegelin never mentioned the review in any of his publications during his lifetime either. Sandoz’ interviews were published in 1989 four years after Voegelin’s death in 1985. After all, it may be possible that both men recognized as the result of this confrontation in 1954 that both their reputations were at stake. Kelsen was born in 1881 and therefore twenty years older than Voegelin. He was certainly not only better known in the USA but had a growing international reputation. Whereas he was a full professor at UC Berkeley, Voegelin was a professor at the less renowned LSU in Baton Rouge. Voegelin had at that time published only one book in English, namely The New Science of Politics, and the cover story in Time-Magazine about the book in 1953 did not sit well with some members of the intellectual and academic elites because it was seen as providing intellectual ammunition in the Cold War. Yet he was in the process of writing his major work, namely Order & History, whose first three volumes appeared in 1956 and 1957. So, both men had reasons to remain silent about their fundamental disagreements” (Henningsen, 2022).

  21. 21 Respecto a estos dos últimos ítems se hará mención sucinta exclusivamente a uno de ellos, como bien se explicó en la introducción del artículo.

  22. 22 “[Para Eric Voegelin], las características que abarcaron en su totalidad la esencia de la actitud gnóstica: 1) ante todo, el gnóstico fue un descontento generalizado de su situación; 2) en segundo lugar, el gnóstico creía que todos los males del mundo eran debidos a la mala organización, no porque la humanidad fuese defectuosa, sino porque el mundo era malo; 3) junto a ello profesaba una fe firme en la posibilidad de liberar el mundo de todo mal; 4) afirmaba la necesidad de que la existencia tenía que ser cambiada por medio de un proceso histórico; 5) creía también que estaba al alcance del poder humano efectuar un cambio que tuviese carácter liberador en el orden de la existencia histórica; y 6) por último, si era realmente posible variar la estructura en el orden de la existencia, era la misión del gnóstico investigar la fórmula concreta para conseguir tal cambio” (Saranyana, 2003, p. 46). Véase Voegelin (1966) y Voegelin (1973).

  23. 23 “Joaquín proyectó su visión de la historia teniendo en cuenta el esquema trinitario. En su concepción, la historia del mundo era consecuencia de tres grandes épocas: la del Padre, la del Hijo y la del Espíritu Santo. La primera se extendía desde la Creación hasta el nacimiento de Cristo; la segunda, la del Hijo, comenzó con Cristo. Pero la época del Hijo no era, como Agustín pensaba, la última del género humano; en lugar de ello, estaba seguida por una época adicional, la del Espíritu Santo. Podemos reconocer, incluso en este contexto completamente cristiano, las primeras señales de la idea de una época poscristiana. Joaquín fue más lejos y se deleitó en especulaciones concretas sobre el comienzo de la época del Espíritu Santo, fijando su comienzo en 1260. Y la nueva época, como las precedentes, tenía que ser anunciada con la aparición de un líder. Así como la primera época comenzó con Abrahán o Abraham (aunque es cita) y la segunda con Cristo, la tercera debía comenzar en el año 1260 con la aparición del dux e Babylone” (Voegelin, 2014, p. 131). Véase West y Zimdars-Swartz, (1986), y Boulter y Rosemann (2021).

  24. 24 “Las obras principales del enfoque metodológico de la Reine Rechtslehre son: Hauptprobleme der Staatsrechtslehre (entwickelt aus der Lehre vom Rechtssätze) (cuya primera edición data de 1911 y la segunda de 1923), Allgemeine Rechtslehre (1925), Reine Rechtslehre. Einleitung in die rechtswissenschaftliche Problematik (1934), General Theory of Law and the State (1945), Reine Rechtslehre (1960) y la póstuma Allgemeine Theorie der Normen (1979). Sin embargo, el trabajo del jurista vienés es mucho más extenso y comprende otras áreas jurídicas además de la metodológica, v. gr. el derecho internacional, el derecho constitucional y la sociología jurídica. Por si lo anterior fuera poco, este österreichische Rechtswissenschaftler también centró su atención en la Philosophie der Griechen” (Carrillo, 2023, p. 414).

  25. 25 “El positivismo combina el racionalismo, el empirismo y la lógica inductiva y deductiva, denominado a veces como hipotético deductivo, cuantitativo, empírico-analista y racionalista, naturalista. La ciencia para ser considerada como tal, debe adaptarse al paradigma de las ciencias naturales, que caracterizaba por el monismo metodológico, el método fisicomatemático, la explicación causal y la predicción” (Guamán Chacha, Hernández Ramos y Lloay Sánchez, 2020, p. 266). “The dogmatic separation of the «is» and the «ought» at the heart of modern philosophical discussions of ethics make nature simply «functional», devoid of guidance for ethics and politics. It is an impersonal system of «cause» and «effect» with no relevance for ethics or common life. Norms are said to be rooted in «will» and thus pure arbitrariness (see Hans Kelsen who is referred to by Pope Benedict in the Bundestag address), and not reason and truth. Benedict protests against this reduction of ethics to the realm of will and subjectivity. He insists that there is an «ecology of man» that must be acknowledged by all those who care for truth and human dignity” (Mahoney, 2017). Precisamente, el Papa Benedicto XVI (2011) señaló “El gran teórico del positivismo jurídico, Kelsen, con 84 años —en 1965— abandonó el dualismo de ser y de deber ser (me consuela comprobar que a los 84 años se esté aún en condiciones de pensar algo razonable)”. Véase Waldstein (2007( y Fuentes-Contreras, (2020).

  26. 26 “Y así, la tarea principal de la filosofía de la conciencia de Voegelin es la restauración de la conciencia noética como preocupación central de la ciencia política en respuesta al desorden de la época” [Traducción libre de la cita].

  27. 27 “El texto de Voegelin, como es natural, está influido por su época. En particular, se observa un especial empeño en nuestro autor por distinguir su posición de aquella de corte normativista que caracterizó al llamado renacimiento del iusnaturalismo en la Alemania de posguerra” (García-Huidobro, 2003, p. 115).

  28. 28 Precisamente, en su correspondencia mutua, Voegelin le dice a Strauss: “[g]racias por todo y particularmente por su Max Weber. Llegó justamente cuando estaba trabajando en la introducción a las Conferencias Walgreen, donde hay unas páginas dedicadas a la ciencia libre de valores de Weber, y me he dado cuenta de que nuestro acuerdo al respecto es considerable” (Voegelin y Strauss, 2009, p. 118).

  29. 29 Con todo, es bastante particular la crítica que hace Kelsen a la labor del profesor universitario. Véase Kelsen (2022).

  30. 30 “La búsqueda de la verdad [...] se vio truncada en el ámbito de la acción pragmática. En el clima intelectual del debate metodológico, los «valores» debían aceptarse como incuestionables, y la búsqueda no podía avanzar hacia la contemplación del orden” [Traducción libre de la cita].

  31. 31 “En efecto, el positivismo, con su convicción de que ley es ley, dejó a los juristas alemanes inermes frente a leyes arbitrarias y de contenido criminal. Por ello el positivismo no está en absoluto en condiciones de fundamentar por su propia fuerza la validez de las leyes. Cree haber demostrado ya la validez de una ley cuando el legislador tiene el poder de imponerla. Con el poder podrá quizás fundarse una obligación, pero jamás un deber y una validez. Estas se fundan mucho más en un valor inherente a la ley; por supuesto, toda ley positiva lleva un valor en sí misma, independientemente de su contenido: es siempre mejor que la falta de ley, pues crea seguridad jurídica. Pero seguridad jurídica no es el único y decisivo valor que deba realizar el derecho” (Radbruch, 2009, p. 33).

  32. 32 “we have seen, we can find in Voegelin’s work Platonic and Augustinian features that constitute a fertile soil for reflection on toleration, though Voegelin himself does not explicitly exploit these elements for that purpose” (Svensson, 2021, p. 599).

  33. 33 “La influencia del método reductivo, conceptual y constructivo de aquella obra, resalta principalmente en el hecho de que Aristóteles no hace brotar simplemente de la tierra su estado ideal, como hace Platón en La República y Las Leyes, sino que lo despliega partiendo de una acabada clasificación de las constituciones según su valor. Esto le permite introducir en la cuestión del estado mejor, hasta donde lo consiente el tema, el rigor apodíctico que era esencial a su propia personalidad” (Jaeger, 1946, p. 334).

  34. 34 “Aristóteles hace la siguiente aclaración: no en todas las acciones y pasiones cabe hablar de un término medio, sino que algunas de ambas son «por sí mismas (τῷ αὐτὰ)» malas y, por ende, en ningún contexto deben ser elegidas —son, diríamos hoy día, absolutos morales, leyes morales o, usando la terminología kantiana, deberes perfectos/incondicionados. Menciona tres de cada género: en las pasiones, la malignidad (ἡ ἐπιχαιρεκακία), la desvergüenza (ἡ ἀναισχυντία) y la envidia (ὁ φθόνος); en las acciones, el adulterio (ἡ μοιχεία), el robo (ἡ κλοπὴ) y el asesinato (ἡ ἀνδροφονία) —EN II.6, 1107a8-12. (Aunque la misma aclaración figura en los pasajes análogos de Magna Moralia (MM) y de Ética Eudemia (EE), en ambos textos Aristóteles será demasiado parco con los ejemplos, mencionando en la una solamente al adulterio, en la otra al adulterio y al ultraje —ὕβρις). Aunque al hablar de las excepciones a la regla de la medianía los intérpretes suelen limitarse a los seis de EN, en cierto modo a estos habría que agregar otras acciones que Aristóteles menciona en distintos lugares del corpus y que parecen tener una etiqueta de «absolutamente bueno» o de «absolutamente malo». Ejemplo de lo primero serían respetar a los padres u honrar a los dioses; de lo segundo, aquellas acciones incluidas en el examen de las disposiciones habituales (héxeis) de lo no placentero por naturaleza sino por mutilación, hábito o perversión natural, de las cuales, por ende, no se podría pensar alguna situación en la que fuese lícito llevarlas a cabo. Los casos que él enuncia, pintorescos cuando no grotescos, son los siguientes: (1) abrirle el vientre a una embarazada y devorar su feto, (2) comer carne cruda, (3) comer carne humana, (4) asar hombres dentro de un toro de bronce -quizá para comerlos después-, (5) sacrificar a la progenitora y devorarla, (6) sacrificar e ingerir el hígado del compañero de faena, (7) arrancarse los pelos o comerse las uñas, (8) comer carbón o tierra, (9) el homosexualismo (VII.5, 1148b15-31), y también (10) las cobardías, (11) imprudencias e (12) irritabilidades extremas (1149a4-12). Sobra mencionar que estos casos, más que en sentido específico, deben tomarse en sentido amplio -i. e. no es que sea perverso morboso (y, por tanto, malo en toda circunstancia) degollar a alguien para ingerir su hígado, pero permisible degollarlo para ingerir su corazón” (Ramos Umaña, 2018, pp. 202-204).

  35. 35 “a pesar de la generalidad de sus afirmaciones acerca de lo que es la «doctrina de la ley natural» y de lo que han sostenido todos sus principales exponentes, la exposición de Kelsen virtualmente no tiene nada que ver con el pensamiento de Santo Tomás. De ahí que la crítica kelseniana de esa doctrina tenga poca o ninguna aplicabilidad a la teoría tomista de la ley natural. Ni la teoría tomista de la individuación de los principios de ley natural, ni su tesis de la relación entre el poder divino y la ley positiva, ni su visión acerca de las implicaciones de ambas en los problemas de injusticia legal y tiranía, se encuentran en la exposición y crítica de Kelsen. Kelsen hizo bien, podríamos concluir, en evitar mencionar a Santo Tomás para hablar de la «doctrina de la ley natural». Sin embargo, hay que decir, para terminar, que llama la atención que el «tribunal de la ciencia» haya dejado sin oír y sin siquiera mencionar el pensamiento de un exponente tan central de la tradición de la ley natural” (George, 2000, p. 94). Véase Pallares (1943) y Lagi (2019).

  36. 36 La prudencia política engloba dos capacidades “la de hacer buenas leyes o de carácter general, que se llama prudencia legislativa [...] y la capacidad de deliberar bien [...] y, por ende, de actuar bien en las situaciones particulares” (Berti, 2012, p. 16).

  37. 37 “Mientras que Kelsen es un «neokantiano crítico en [su] teoría del derecho» y «agnóstico en cuestiones de metafísica y religión», Voegelin, aunque admira los logros del primero, no acepta el agnosticismo del segundo. Rechaza la «conexión entre el agnosticismo [metafísico] y la pureza metodológica» de Kelsen, que este último sostiene que es «intrínseca» a la empresa científica de la teoría pura del derecho” [Traducción libre de la cita].

  38. 38 “Todas las ciencias de la naturaleza responden a la pregunta de qué debemos hacer si queremos dominar técnicamente la vida. Las cuestiones previas de si debemos y, en el fondo, queremos conseguir este dominio y si tal dominio tiene verdaderamente sentido son dejadas de lado o, simplemente, son respondidas afirmativamente de antemano” (Weber, 1979, p. 209).

  39. 39 “To be sure, science viewed by itself is internally consistent, but so are poetry and piety: «It is equally legitimate to will or not to will the truth, or to reject truth in favor of the beautiful and the sacred»”. (Behnegar, 1997, p. 100). Véase Behnegar (2002).