Ya llegó el 2018*

Publicado el 10 de junio de 2017

María Marván Laborde
Investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM,
twitter@MarvanMaria

En términos electorales, el domingo, alrededor de las diez de la noche, cuando supimos el resultado del conteo rápido del Estado de México, inició la carrera por la sucesión presidencial.

Quienes vimos el programa del domingo de López Dóriga, en el que invitó a debatir a los presidentes del PRI, del PAN y de Morena y a la presidenta del PRD, pudimos apreciar algunos de los dilemas más importantes para la próxima elección. Huelga decir que López Obrador no aceptó, a pesar de ello le dedicaron buena parte del programa.

Aunque parezca extraño, lo primero que necesitan definir es quién es el enemigo a vencer y, a partir de ahí, planear su estrategia. El PAN, lo mismo se enfrentaba al PRI que volcaba sus energías en contra de Morena y no se cansaba de lanzar guiños al PRD. El PRD no podía de felicidad, fue su domingo de resurrección; también arremetía en contra de Morena y del PRI, alternadamente. El PRI hacía lo propio, se enfrentó fuertemente al PAN, pero no olvidó embestir al ausente. Así nos vamos a ir al 2018, todos los días los partidos tendrán que reacomodar su estrategia de cara a la fortaleza, siempre cambiante, de sus adversarios.

La realidad es que tenemos un electorado sumamente fragmentado, ésta es, quizá, la única constante de 2015, 2016 y 2017. El partido con más antipatías es el PRI. El personaje, y hasta hoy único candidato, con más antipatías es López Obrador. El partido menos aliancista es el PAN. Los partidos más divididos internamente son el PRD, con sus tribus, y el PAN, con sus precandidatos.

Después del descalabro electoral de 2016, el PRI y el gobierno federal realinearon sus fuerzas y repensaron sus estrategias. Mandaron a Luis Miranda a operar el gasto social desde Sedesol y estuvo tan ocupado que olvidó renovar su credencial de elector. El PRI, con ayuda de algunos secretarios, se dedicaron a sumar a todos los que se dejaron y a dividir a todos los que les amenazaban. Bien lo escribió ayer Leo Zuckermann.

El PAN está en un grave predicamento, aun cuando superen el encono entre Zavala y Anaya, no les será sencillo aliarse con alguien. Curiosamente, el éxito de Zepeda en el Estado de México encarecerá, o imposibilitará, el acuerdo en torno al candidato presidencial. Valdría la pena recordar los intentos fallidos de alianza entre Fox y Cárdenas en el 2000.

Los partidos, todos, desprecian a los electores; sin embargo, el electorado es pragmático e inteligente; fácilmente saben cuál es su voto útil. Muchos simpatizantes del PAN prefieren votar por el PRI cuando se ven amenazados por AMLO. Al revés sucede exactamente lo mismo. Y a pesar de ello, no creo que una alianza formal entre PRI y PAN pudiera hacerse realidad.

Seguramente, después del domingo se avivará la discusión y la urgencia de aprobar la segunda vuelta para la elección presidencial. Ya entraremos a esa controversia en su momento.

No desconozco ni minimizo la crispación del ambiente poselectoral en este momento, pero creo que debemos empezar a poner el acusado “cochinero” en su justa dimensión y entender la estridencia como parte de las lamentables estrategias electorales. Hoy día, las elecciones ya no acaban el día de la elección, terminan en tribunales.

Nuestra muy sofisticada legislación electoral tiene muchos mecanismos para decantar los actos legales de los ilegales. Ayer, cuando acababa de escribir estas líneas, ya se había aprobado el recuento de 23.81% de los paquetes electorales del Estado de México y en Coahuila el PAN se levantó de la mesa, veremos qué sucede en los próximos días. Es plausible que en ambos estados se explore la anulación por rebase de topes de campaña y, en última instancia, invocarán la causal abstracta. Entre tanto seguirá el enfrentamiento mediático con noticias y fake news entreverándose irremediablemente.

Mientras ponemos todas nuestras energías en los candidatos presidenciales, cada partido tendrá que escoger otros tres mil 325 candidatos para el mismo número de puestos en elecciones federales y de 30 estados, entre ellos nueve gobernadores ¿Qué harán para decantar a los Abarca, los Duarte, los Borge, etcétera? No queremos que peleen a ver quién expulsa más rápido a los corruptos, mejor que no les ofrezcan candidaturas.

NOTAS:
*. Se reproduce con autorización de la autora, publicado en Excélsior, el 8 de junio de 2017.



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