La acreditación y certificación de los docentes
en las universidades en México

Publicado el 02 de febrero de 2011

Carmen Esperanza Rivera Jiménez, Estudiante de Derecho en la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo
caesriji@hotmail.com

Es apasionante imaginar ¿cómo las antiguas civilizaciones en el mundo, y particularmente en México, lograron hacer lo que miles de años después serían considerados como “grandes descubrimientos” o “patrimonio de la humanidad”?, el dimensionar ¿cómo grandes pueblos como los mayas pudieron haber llegado a la concepción matemática abstracta del cero?, al desarrollo  de la ingeniería hidráulica o a la acumulación del conocimiento astronómico, del que ahora podemos hablar con orgullo.

Esto nos hace reflexionar y a su vez considerar que si el saber no se hubiera  desarrollado en un ensamblaje humano que permitiera la discusión, la confrontación de ideas, la síntesis, el acrecentamiento y la transmisión del conocimiento a través de nuevas generaciones, no hubiera sido posible el desarrollo de nuestra sociedad.

La educación según el Diccionario de la Lengua Española es entendida como “la instrucción por medio de la acción docente”,  y es hoy en México  una garantía individual reconocida en nuestra Constitución Política que el Estado debe impartir en sus distintos tipos y modalidades; sin embargo, su impartición tiene graves deficiencias en los procesos enseñanza-aprendizaje, que traen como consecuencia un país de economía emergente. Por lo que válidamente  la pregunta que aquí convendría realizar no es solamente ¿cuál es la situación real de la educación en México? Sino también ¿cuál será el panorama para la educación en México en 5, 10 o 50 años?

La educación, cualquiera que sea su nivel, va ligada a otro concepto no menos importante: la docencia. Al hablar de este concepto integrándolo en la enseñanza superior, me gustaría referirme al concepto aprobado en la 29 Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), que menciona:

“La docencia en la enseñanza superior constituye una profesión que se adquiere y se mantiene gracias a un esfuerzo riguroso de estudio y de investigación durante toda la vida: es una forma de servicio público que requiere del personal docente de la enseñanza superior profundos conocimientos y un saber especializado; exige además un sentido de responsabilidad personal e institucional en la tarea de brindar educación y bienestar a los estudiantes y a la comunidad en general así como para alcanzar altos niveles profesionales en las actividades de estudio y la investigación”.

En una sociedad, la enseñanza superior es, a la vez, uno de los motores del desarrollo económico y uno de los polos de la educación a lo largo de la vida.  La docencia en la enseñanza superior está a cargo de profesionales expertos en esta materia, que cumplen con el arte de formar a los alumnos en distintas áreas del saber integrando la enseñanza con la práctica utilizando herramientas importantísimas  como la pedagogía, la metodología  y la didáctica.

Lo anterior nos lleva a comprender que el estudio y práctica de la docencia requieren de una capacitación específica para que su desarrollo sea útil en las aulas y pueda transmitirse a los alumnos para lograr un verdadero crecimiento en el criterio de la sociedad para que tenga ésta el discernimiento de poder exigir lo que por derecho nos corresponde a cada uno de los habitantes del país.

A lo largo de su historia, en las universidades ha existido una  propiedad esencial que ha hecho posible la transmisión de conocimientos teóricos y prácticos, representado por el cuerpo de académicos, que además de ser el  vínculo entre la enseñanza y el aprendizaje, son los responsables de promover el libre cuestionamiento e indagación intelectual entre sus estudiantes.

Los docentes son considerados profesionales que brindan un servicio público y especifico a la sociedad,  porque  producen un bien público a la misma, y  son los que deben estar participando activamente en el proceso de enseñanza en los educandos.

Pero como bien sabemos, una cosa es el deber ser y otra el ser. La realidad de la educación, y en especial la docencia en nuestro país está muy por debajo de cualquiera de estas expectativas. La educación con el transcurso de los años no ha podido evolucionar. Múltiples factores han impedido su libre  desarrollo y evolución, entre los que destacan el aumento acelerado de la matrícula o la gran demanda de los alumnos para tener acceso a la educación a nivel superior y la falta de recursos económicos para impulsar el crecimiento de las universidades, factores que han traído como consecuencia la integración de docentes no calificados, con falta de formación teórica, práctica y ética, con falta de prestigio en materia de dignidad y honestidad, y con un absoluto desconocimiento de lo que es ser un profesional de la educación.

En la actualidad sobran los docentes carentes de vocación, de valores, de compromiso, de conocimientos prácticos y teóricos, de didáctica jurídica  quienes se han convertido en los principales obstáculos para que las universidades cumplan íntegramente con sus propósitos.

Estos docentes creen ignorantemente que las razones más importantes para impartir una cátedra en la universidad son:

Estas peculiares circunstancias por supuesto que también se dan en la carrera de Derecho, las hemos vivido todos, de ahí la claridad de mis ejemplos; pero estas circunstancias no son otra cosa más que la falta de vocación y respeto para la profesión docente. Estos factores que son parte de las universidades en general, y que han generado que la educación a nivel superior en México sea considerada mala, incompleta, y deficiente. En caso de haber dudas al respecto sólo basta saber o siquiera imaginar ¿cuántas universidades públicas y privadas hay en el país y cuántas ocupan un lugar entre las 150 mejores del mundo?

La solución está en la preparación y la evaluación real y constante de los docentes a través de programas de certificación y acreditación especializados en el área de derecho, cuya unidad valuadora sea un órgano autónomo, conformado por personal calificado con reconocimiento nacional e internacional,  y  que esta acreditación  se vuelva  obligatoria para TODAS las universidades en México y sea entonces un requisito necesario para impartir cátedras en las universidades.

La razón principal para la creación de un programa de  acreditación y certificación es porque los docentes necesitan parámetros sobre las habilidades que tienen y que deben desarrollar a fin de cumplir con sus objetivos, para que así se formen docentes de calidad que entre sus principales características destaquen el entusiasmo por la transmisión intelectual, por estar al día con la transformación de los marcos jurídicos de su municipio, estado y del país, y así por fin se pueda lograr con una de las metas de la educación: la transformación de la cultura y la formación de personas criticas.