La necesaria conciliación entre la productividad y el derecho del trabajo

Publicado el 14 de abril de 2016

Valente Quintana Pineda
Investigador del Centro de Investigaciones Jurídicas de la Escuela Libre
de Derecho de la Ciudad de México,
valentequintana@eld.edu.mx

Alrededor del mundo las cuestiones que atañen al trabajo tienes sus marcadas diferencias, pero también son muchas las similitudes materia de discusión en los diversos países; por ejemplo, la protección a los trabajadores esencia del derecho del trabajo, pero que sin embargo se pone entre dicho hasta qué punto obstaculiza éste a la productividad de las empresas.

El derecho del trabajo nace como consecuencia natural de los abusos cometidos por el sector capital en contra de los trabajadores con motivo de la creciente revolución industrial, que como bien dicen algunas voces, podemos tener idea de cuando dio inicio con la implementación del maquinismo pero que sin embargo sería difícil calcular su fin, si no es que la seguimos viviendo.

El derecho del trabajo nace entonces con el propósito de equilibrar la balanza de los sectores, otorgando derechos como jornadas máximas de trabajo de ocho horas, días de descanso, salarios remuneradores, regulando la coalición de trabajadores en forma de sindicatos, y lo más importante que debemos de tomar en cuenta es que es un derecho que regula a desiguales entre desiguales, al contrario de las otras diversas ramas jurídicas.

Es en la época de los años setenta, diversos métodos de producción de alta flexibilidad laboral y trabajadores multitareas implantan un modelo de influencia japonesa que tiene mayor relevancia como ejemplo a seguir en todos los sectores industriales de manera global, ya que busca altos niveles de calidad, de eficacia y de eficiencia, rebasando así la corriente del fordismo que se caracterizaba precisamente por una producción en serie, grandes stocks de producto y una muy alta especialización.

Atendiendo a esta necesidad de flexibilización en la búsqueda de productividad, desde Dinamarca y hacía Europa se ha ido difundiendo el concepto de flexiseguridad, que por un lado da una libertad total al sector empresarial de contratar y despedir a los trabajadores sin costo alguno, de tal manera que cada empresa pueda contar con el capital humano que realmente necesita por el tiempo exclusivo que le es necesario, pero, sin embargo, este modelo si con la mano derecha quita, con la izquierda otorga, brindando al trabajador una protección en forma de seguro de desempleo y una necesaria capacitación actualizada para volver a reinsertar al trabajador en el mercado de trabajo.

Se presume que el modelo de producción japonés, así como la flexiseguridad europea buscan como principio la mayor productividad, sin embargo, sería importante entender qué es la productividad, y sobre todo cuáles son los elementos por los cuales se compone. Podemos iniciar comentando que la productividad es la relación entre la producción obtenida por un sistema de producción o servicios y los recursos utilizados para obtenerla. Así pues, Joseph Prokopenko nos dice que: “la productividad se define como el uso eficiente de recursos —trabajo, capital, tierra, materiales, energía, información— en la producción de diversos bienes y servicios. Una productividad mayor significa la obtención de más con la misma cantidad de recursos, o el logro de una mayor producción en volumen y calidad con el mismo insumo”.

Como vemos, el concepto de Prokopenko nos menciona que la productividad es el manejo eficiente de recursos, dentro de los cuales, en primer término, tenemos el trabajo, por lo cual es entendido que para obtener una real productividad se deberá de invertir en los trabajadores, tanto en capacitación, para asegurar que cuenten con las habilidades necesarias para desarrollar su función, pero por otro lado será igual de importante darle el reconocimiento por parte de la patronal haciéndolo partícipe en las ganancias de la empresa, ya que un trabajador que desarrolla bien sus tareas para seguir realizándolas de esta manera deberá de recibir estímulos y recompensas, ya que de lo contrario bajará la calidad en su trabajo de manera natural, por lo que hay que entender que esta inversión en capacitación, salarios dignos, estímulos y recompensas es indispensable para la productividad.

Ahora bien, es importante entender las características de la productividad así como los factores de los que depende para poder conciliar este concepto con el derecho del trabajo que ha evolucionado de una manera paulatina y necesaria, siempre debiéndose de acoplar a los métodos de producción del momento, y olvidarnos de los principios que vieron nacer a esta rama jurídica de lucha de clases, asumiendo una realidad que nos obliga a aceptar que no hay mejor opción que una autentica concertación social para lograr ser un país productivo.

Hablando de mi país México, es doloroso reconocer que si bien hubo un aumento en el número de empleos de reciente creación, también a la par ha crecido el número de trabajadores pobres, que no pueden solventar ni los gastos mínimos indispensables, como habitación, alimentos, salud y educación de una familia con un salario mínimo de 73 pesos diarios, el equivalente 3.5 dólares por jornada, por lo que también un gran sector de la población ha optado por el empleo en negro; esto se acentuó cuando en 2012, derivado de la reforma a la Ley Federal del Trabajo, se logró flexibilizar las relaciones de trabajo, pero dejando por completo desprotegidos a los trabajadores del libre despido en caso de ser contratados por capacitación o a prueba.

El mercado de trabajo tiene un movimiento muy similar a cualquier otro mercado, sin embargo, en este tratamos con capital humano, por lo que el trabajo remunerador es un derecho humano que debe de ser respetado, pero los conceptos de “mercado” y “humano” tienden a recorrer sentidos contrarios, por lo que la pregunta queda abierta: ¿cuál es la mejor manera de conciliar ambos conceptos? La flexiseguridad en su esencia suena bien, pero en los países latinoamericanos, y muy especialmente en México, el trabajo cada día es más precario e inestable.




Formación electrónica: Luis Felipe Herrera M., BJV

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