Sonora frente a Jalisco en los años veinte. Dos proyectos políticos en pugna.

Publicado el 29 de abril de 2016

Alfonso Guillén Vicente
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur,
aguillenvic@gmail.com

Una de las organizaciones cívico-políticas mejor estructuradas del México de la década de los veinte, pero quizá de las menos estudiadas, es la Unión Popular de Jalisco, de Anacleto González Flores. Este organismo católico se levantó sobre el éxito del boicot económico local de 1918 contra la gestión de Manuel M. Diéguez en la entidad jalisciense, frente al proyecto nacional del triunvirato sonorense, representado en tierras tapatías por políticos como José Guadalupe Zuno.

Según Javier García-Galiano, el maestro González Flores, a principios de 1925, transformó en la Unión Popular el denominado Comité de Defensa de Guadalajara, y utilizó la presión popular de consumir únicamente lo indispensable, y dejar de pagar contribuciones y servicios como la energía eléctrica, como una forma de resistencia civil en defensa de la libertad religiosa. En esas acciones coordinadas por la UP destacaron, desde luego, las mujeres tapatías en la denominada Cruzada Femenina por la Libertad.

Una revisión del “Directorio de Sociedades Cooperativas, Mutualistas y de Resistencia que existen en el estado de Jalisco” en 19221 permite darnos cuenta de la gran presencia de aquéllas de filiación católica, tales como Obreros Católicos de Santa María de Guadalupe y Obreros Católicos del Señor San José, en Arandas; la Sociedad de Obreros Católicos, en El Grullo; la Sociedad Católica de Empleados de Comercio, la Unión de Sindicatos Católicos y la Sociedad Cooperativa de Obreros León XIII, en Guadalajara; la Sociedad Mutualista de Obreros Católicos, en Jesús María; la Unión Social Obrera Católica”, en Lagos de Moreno; la Unión local de Sindicatos Católicos de Zapateros, Carpinteros, Albañiles, Empleados de Comercio, en La Barca; la Sociedad de Obreros Católicos, en Tototlán; las Sociedades Mutualistas de Obreras y Obreros Católicos, en San Sebastián; la Sociedad de Obreros Católicos, en Unión de Tula, y el Sindicato de Obreros Católicos de la Fábrica La Experiencia, en Zapopan.

Y si bien la Unión Popular de Jalisco no proponía explícitamente la promoción de organizaciones de trabajadores, obregonistas y callistas temieron que su amplia y eficaz estructura representara una alternativa real al proyecto corporativista que empezó a forjarse en el México posrevolucionario, pues en ella todas estas organizaciones podrían encontrar un centro aglutinador. Como bien señala Roberto Blancarte,2 “el Estado se opuso siempre a la creación de un sindicalismo católico, así como a la formación de un movimiento obrero independiente”.

En nuestra opinión, la Unión Popular de Jalisco, de Anacleto González Flores, puede ser vista como la incipiente expresión de un poder situado a un lado del poder que construía el régimen posrevolucionario. Una alternativa que no por ser regional era menos real. Y la Cristiada representa la solución de esa contradicción.

En su obra clásica sobre el conflicto cristero, Jean Meyer ha escrito que “la Liga (Nacional Defensora de la Libertad Religiosa) no tuvo nada que ver, en fuerza y en eficacia, con la Unión Popular de Anacleto González Flores, y fue en parte a causa de esto por lo que decidió, como una solución fácil, la lucha armada… (El líder González Flores) estaba preparado para un muy largo combate, cívico, político y social, inspirado en Windhorst y sobre todo en Gandhi. Podía hacerlo, ya que la Unión Popular enmarcaba e inspiraba a toda una población”.

En su ejercicio de comparación entre la LNDLR y la Unión Popular, Jean Meyer aclara que la Liga… presumía de un control que no tenía sobre la organización del llamado “maistro Cleto”, “y para ello construyó las listas de adhesión y el mapa de los centros regionales y locales (más de 200)…(que) son engañosas, ya que para todo el occidente de la República allí donde se lee Liga hay que entender Unión Popular”.

Pese a oponerse a la vía armada, Anacleto González Flores se vio forzado a entrar a un conflicto que le costó la vida. Y la Unión Popular se hundió en la vorágine de la guerra civil de 1926-1929.

NOTAS:
1. Cristeros. Textos, documentos y fotografías, Gobierno de Jalisco, 2007, pp. 182 y 183, 187.
2. Historia de la Iglesia católica en México, 1929-1982, México, Fondo de Cultura Económica, 2014, p. 134.



Formación electrónica: Luis Felipe Herrera M., BJV

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