Lo incomprensible *

Publicado el 7 de abril de 2017

Luis de la Barreda Solorzano
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM, y
coordinador del Programa Universitario de Derechos Humanos, UNAM,
lbarreda@unam.mx

Me provoca estupefacción y estremecimiento que entre el personal académico y el alumnado de mi universidad —la Máxima Casa de Estudios del país y una de las mejores de América Latina—, la Universidad Nacional Autónoma de México, haya simpatizantes del gobierno de Nicolás Maduro. 

Me provoca estupefacción y estremecimiento que entre el personal académico y el alumnado de mi universidad —la Máxima Casa de Estudios del país y una de las mejores de América Latina—, la Universidad Nacional Autónoma de México, haya simpatizantes del gobierno de Nicolás Maduro.

Los venezolanos están sufriendo penurias y abusos sin parangón en la historia del país. El índice de 2016 de World Justice Project, que evalúa el desempeño de 113 países en los temas de corrupción, gobierno abierto, derechos fundamentales, orden, seguridad, justicia criminal y justicia civil, coloca a Venezuela en el último lugar: el peor Estado de derecho. No faltan las razones.

Decenas de opositores, cerca de 100, están presos tras ser condenados en juicios que fueron farsas demasiado burdas, cuyo desenlace estaba determinado de antemano porque en Venezuela el Poder Judicial, como el resto de las instituciones del Estado, salvo la Asamblea Nacional, está incondicionalmente al servicio del presidente Maduro.

El caso de Leopoldo López, quien lleva tres años preso, ejemplifica esos enjuiciamientos. López fue condenado a 14 años de prisión por varios delitos relacionados con los hechos del 12 de febrero de 2014. Ese día, una manifestación que se había iniciado pacíficamente derivó en manifestantes que atacaron la sede del Ministerio Público y vehículos oficiales. López fue declarado culpable de instigar públicamente a delinquir.

Los peritos analizaron los discursos y los cientos de tuits del enjuiciado de aquella fecha y de fechas anteriores y no hallaron una sola expresión que pudiera interpretarse como instigación a cometer delitos. Entonces se sacaron un as de la manga: ¡se trataba de mensajes subliminales! Subliminal, dice el Diccionario de la Real Academia Española, es el estímulo que por su debilidad o brevedad no es percibido conscientemente, pero influye en la conducta. Es decir, López no llamó a cometer delitos, pero sus palabras, según el fallo, influyeron en la conducta de los manifestantes violentos, ¡aunque éstos no se hayan dado cuenta de que se les instigaba a delinquir!

Venezuela es hoy una dictadura con la economía destruida, desabasto de bienes tan indispensables como alimentos y medicinas, la inflación más alta del mundo, tasas de criminalidad que quintuplican las muy elevadas que padecemos en México, altos funcionarios señalados por el Departamento de Estado de Estados Unidos como narcotraficantes, medios de comunicación hostigados y asfixiados (por falta de papel en el caso de la prensa escrita), atropellos constantes a los derechos humanos, oposición perseguida, presos de conciencia, marchas de protesta reprimidas a tiros impunemente, empobrecimiento creciente y más de un millón de venezolanos en el exilio.

Durante 12 años viajé anualmente a Venezuela, pues impartía una asignatura en la Maestría Latinoamericana en Ciencias Penales y Criminológicas, con sede en la Universidad del Zulia, en Maracaibo, donde hice buenas amistades. Cuando se presentó Hugo Chávez como candidato a la Presidencia, algunos de mis amigos universitarios se entusiasmaron. Me escandalicé: “¡Es un golpista! ¡Es un hombre que no cree en los valores de la democracia!” Me respondían: “Tú no sabes lo que son los corruptos partidos políticos tradicionales!” Yo les replicaba: “¡Claro que lo sé: soy mexicano!” Varios de esos amigos, que votaron por Chávez, terminaron en el desempleo, en la cárcel o en el exilio.

¿Por qué entonces hay académicos y estudiantes que defienden al sucesor de Chávez, a quien éste le dicta sus designios convertido en pajarillo? ¿Cuáles son los mecanismos mentales que los hacen apoyar a un régimen de esa calaña? ¿Basta con proclamarse bolivariano, socialista, antiimperialista, atribuir las calamidades al imperialismo yanqui, a las fuerzas oscuras de la reacción para que, en cierta izquierda anclada aún en los tiempos de la Guerra Fría, se brinde un apoyo a prueba de todas las evidencias?

No hay semana en que Maduro no denuncie una conspiración, la guerra económica contra el pueblo, los propósitos de derrocarlo de la burguesía apátrida y traidora. ¿Cómo es que profesores y educandos de nivel superior pueden atender con simpatía tales plañidos?

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en Excélsior, el 6 de abril de 2017.




Formación electrónica: Ilayali G. Labrada Gutiérrez, BJV
Incorporación a la plataforma OJS, Revistas del IIJ: Ignacio Trujillo Guerrero

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