La realidad reaccionaria1

Publicado el 17 de septiembre de 2019


Luis de la Barreda Solórzano

Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas y coordinador del Programa
Universitario de Derechos Humanos, UNAM,
email lbarreda@unam.mx

El pueblo, feliz, feliz, feliz —¡triplemente feliz!—; los reaccionarios, moralmente derrotados. Ésa fue la parte del mensaje leído por el Presidente de la República en Palacio Nacional que evidenció más claramente, por una parte, su talante triunfalista, y, por otra, su inagotable ánimo pendenciero.

Se solazó repitiendo una y otra vez “moralmente derrotados”. Aseguró que el país, a sólo nueve meses de que se inició su gobierno, disfruta de desarrollo y bienestar, lo cual tiene a los conservadores “nerviosos o incluso fuera de quicio”. La realidad, sin embargo, también es, por lo visto, reaccionaria y conservadora, pues presenta otros datos que no son indicadores de progreso, de justicia ni de respeto al Estado de derecho.

La cancelación del nuevo aeropuerto internacional le está costando al país una suma estratosférica: decenas de miles de millones de dólares. Es falso que con esa medida pierdan los grandes empresarios que tenían contratos adjudicados. A ellos el Estado les está restituyendo sus inversiones, lo que implica una erogación multimillonaria con la que pudieron financiarse programas y obras que hubiesen beneficiado a millones de habitantes. Los que perdimos con la cancelación somos 129 millones de mexicanos que nos quedamos sin un aeropuerto necesario y urgente que, además, generaría cientos de miles de empleos.

El Presidente aseguró que tendríamos un crecimiento económico de 4 por ciento. Cuando los expertos estimaron que sería de 2%, los descalificó. Pero al bajarse de nuevo el pronóstico de crecimiento, auguró ya únicamente ese 2 por ciento. Al anunciarse que había sido de 0.1% echó las campanas a vuelo, pero el Inegi rectificó la cifra revelando que el crecimiento fue en realidad de 0 por ciento. Entonces el Presidente dijo que lo importante no es el crecimiento económico, al que ahora considera una “obsesión tecnocrática”.

No ha faltado el dinero para ninis, pero sí para medicamentos, vacunas, quimioterapias y diversos tratamientos médicos. 300 niños con cáncer se quedaron varios días sin el abasto de la medicina que urge a su salud. No hay vacunas contra el sarampión. Lo construido y que funcionaba, como el Seguro Popular, está siendo destruido, y lo que no funcionaba sigue sin funcionar. Es difícil creer que los enfermos que han sufrido esas carencias estén felices, felices, felices.

Hablando de ninis, Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad presentó un estudio del programa “Jóvenes construyendo el futuro”. Un dato sospechoso: el mismo número de personas, con las mismas edades y los mismos estudios, se inscriben cada semana. Además, de los 6,469 centros de trabajo registrados que supuestamente reciben becarios, se revisaron 5,439. Sólo 763 —14%— existen y son identificables. Pero de ellos 214 dicen que nunca han recibido becarios y 136 ya no los tienen. Quedan 413 identificables y con becarios, el 7.6%. Y en esos centros hay ausentismo y asignación a becarios de actividades no registradas. El programa cuesta más de cien mil millones de pesos.

Tampoco son para presumir la cancelación de recursos a estancias infantiles y a refugios para mujeres maltratadas, la reducción presupuestal a centros de enseñanza superior, la contrarreforma educativa, los recortes a la ciencia y la investigación científica, la cancelación de becas a estudiantes en el extranjero, la caída de 88% en la creación de empleos, el despido de decenas de miles de burócratas sin indemnización, el ataque a los organismos autónomos, la impunidad del exsuperdelegado Carlos Lomelí, el imperio inmobiliario de Manuel Bartlett y un largo etcétera.

Y lo más grave: la criminalidad que, desmesurada ya al inicio del sexenio, ha alcanzado una incidencia récord durante la actual administración. No hay estrategia para combatirla: el Presidente aconseja a los criminales que se porten bien. No se están formando las policías y los ministerios públicos que el país tanto necesita. Se ha dejado a los soldados expuestos a humillaciones y agresiones en virtud de que los agresores también forman parte del pueblo.

Todos los anteriores son datos de realidad. Ésta, como la verdad, no puede ser derrotada moralmente ni sobornada ni fanatizada. Carece de ideología y de banderías. Se le puede tildar de reaccionaria y conservadora, pero los calificativos no bastan para transformarla.


NOTAS:
1 Se reproduce con autorización del autor, publicado en Excélsior, el 5 de septiembre de 2019.

Formación electrónica: Yuri López Bustillos, BJV
Incorporación a la plataforma OJS, Revistas del IIJ: Ilayali G. Labrada Gutiérrez

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