La reforma política de 1977: ¿un parteaguas en la vida política de México?

Publicado el 20 de septiembre de 2019

Alfonso Guillén Vicente
Profesor-investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur
email aguillenvic@gmail.com

Se dice que los españoles no suelen ver sus virtudes ciudadanas, especialmente aquellas que intentan construir un país unido a partir de las distintas realidades nacionales que se sumaron hace mucho tiempo. Parece un Estado que no ha encontrado una manera de convivir sin riesgo de ruptura.

Sin embargo, ellos no niegan la grandeza de su transición a la democracia de la segunda mitad de los años setenta del siglo pasado ni regatean la estatura de los personajes que la hicieron posible: Juan Carlos de Borbón, el centrista Adolfo Suárez y el comunista Santiago Carrillo, entre otros.

En el caso de México, a mi juicio, no se ha valorado lo suficiente la reforma política de 1977, cristalizada hace cuarenta años en los comicios federales de 1979. Tampoco se ha puesto de relieve el papel de los protagonistas de aquella época: Jesús Reyes Heroles, el secretario de Gobernación; destacados luchadores sociales como Demetrio Vallejo, Heberto Castillo, Arnoldo Martínez Verdugo y Pablo Gómez Álvarez; connotados dirigentes políticos como los panistas Abel Vicencio Tovar y Eugenio Ortiz Walls, el jefe sinarquista Juan Aguilera Azpeitia; sin olvidar a Porfirio Muñoz Ledo y Rodolfo González Guevara.

Quizá las comparecencias en Bucareli, para diseñar la reforma política de 1977, no se equiparan con el Pacto de la Moncloa en España, pero tengo para mí que marcan un punto de partida en la construcción de las instituciones democráticas de México.

Hace cuarenta años apareció la primera edición del conocido texto de Octavio Rodríguez Araujo, La reforma política y los partidos en México (Siglo XXI Editores). En esa obra, el autor señala que la reforma política de José López Portillo significó “el propósito de ampliar las libertades políticas”; a la vez que un “esfuerzo gubernamental para recuperar el apoyo necesario para mantener la legitimidad de la representación política”.

Pero para que la tarea emprendida por don Jesús Reyes Heroles desde el gobierno federal pudiera llegar a buen puerto era necesario el valioso concurso de las gentes de izquierda que comprendieron que había llegado el momento de participar en elecciones con partidos políticos bien definidos y construidos.

El profesor emérito, articulista y estudioso de los partidos políticos en México, Octavio Rodríguez Araujo, apuntaba, en su libro ya citado, que eran válidas, tanto la interpretación de que la reforma política de 1977-1979 era “una integración de la oposición a los cauces institucionales”, como la “opinión de que la ampliación en número e influencia de la oposición planteó la disminución del poder del partido gubernamental y del mismo presidente de la República” (p. 50).

Coincidimos con él en que la reforma política de 1977 fue “el inicio de un proceso de cambios importantes en la vida partidaria del país”. “Con ella… se amplió el abanico de partidos en México”.


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