Trabajo, sociedad y paradigmas culturales

Publicado el 15 de octubre de 2019

Adrián Rodríguez Bribiesca
Estudiante de especialización en Derecho, UNAM
emailadrian15_bribiesca@hotmail.com

Los cambios sociales y la rapidez con que se configuran han favorecido para que el modelo laboral busque cada vez lo más ligero en cuanto a la fuerza motriz empleada y la mayor rentabilidad posible, no obstante esos beneficios, en perjuicio de ciertos trabajadores se eliminan plazas por la introducción al campo laboral de tecnologías que patentizan en tiempo y espacio la existencia de calidad y cantidad en productos y servicios que el mercado requiere. Esos cambios constituyen elementos de investigación para una reestructuración conceptual desde la política, demografía, sociología, el derecho y la economía.

Piénsese, por ejemplo, en el llamado outsourcing, cuya falta de regulación trivializó las condiciones de trabajo y hubo necesidad de replantear el concepto de “patrón” y “trabajador”, ajustar la legislación sobre seguridad social, cuyo análisis permitió ampliar el espectro de la jurisdicción en materia económica y que dio pauta para reconsiderar los conceptos de soberanía y nacionalismo, dada la presencia de entidades no reguladas por el derecho nacional hasta entonces, cuya actividad fue considerada un desdoblamiento.

Las empresas contratantes actualmente no apuestan por las personas, pues para aquéllas dejan de tener valor por sí, y lo tienen sólo en virtud del conocimiento o destreza operativa, a veces quien sabe más vale más, y en esta ida el nivel de educación escolarizada es una condicionante para el desarrollo que se ha vuelto un estereotipo muy concurrido en la modernidad, sin que ello signifique un mejor nivel en la calidad de vida necesariamente, pues, por ejemplo, a pesar de que China sea una potencia económica es también un país sumamente pobre en cuanto a su población, y en los Estados Unidos de América hay trabajadores que son explotados, por lo que las condiciones para algunos trabajadores allá son idénticas a las sufridas en los países de América del Sur.

Es importante hacer mención que, pese a las condiciones laborales en que la sociedad económicamente activa se encuentra, no basta la implementación de reformas que de hecho se dan desde mucho tiempo antes en el ámbito, sino ir más allá, al empleo sustentable, es decir, uno donde el trabajador tenga remuneración adecuada que le permita de verdad solventar sus necesidades cuando menos básicas. El trabajo bien estructurado como elemento social podría no solo elevar la calidad de vida y condiciones laborales de obreros; también expandiría un horizonte de plena educación, bienestar, salud, tanto psíquica como física, de economía estable y, por supuesto, eliminación del fenómeno de pobreza globalizado, contrarrestando así en alguna medida la discriminación, eliminando la clara distinción de clases sociales y de un modo homogenizando el edificio cultural, político y financiero de un determinado sector o región.

En nuestros albores, donde la tecnocracia, la globalización y la economía trasnacional están jugando y redefiniendo los conceptos de trabajo, la importancia de señalar que éste debe tomarse como una fase más del desarrollo humano, hay que atender y ser optimistas en el uso de tecnología y provocar un cambio paradigmático y debe producirse desde muchos enfoques; el mundo laboral debe desplegar la gama de oportunidades translucidas de antiguos pensamientos.

Debemos prepararnos a nuevas ideas, nuevos métodos, optar por el trabajo no como algo fatalista a evitar, sino como un ideal permeable de transición, de hacer historia y de común visión, que sea algo sustentable, haciendo lo mejor sin afectar a nuevas generaciones y entregando lo mejor de nuestras capacidades para mejorar nuestra calidad y condición de vida en diversos enfoques.


Formación electrónica: Yuri López Bustillos, BJV
Incorporación a la plataforma OJS, Revistas del IIJ: Ilayali G. Labrada Gutiérrez

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