África francófona: diálogo o diversión de la élite dirigente

Publicado el 17 de noviembre de 2021

Bahdon Abdillahi Mohamed
Licenciado en Ciencias Políticas, doctorando en Sociología de la Educación en
la Universidad de Murcia, España
emailbahdonabdillahi@gmail.com

África negra había entrado en un periodo de cambios constitucionales a finales de la década de 1990, no tanto políticos y sociales. Algunos africanistas han evocado rápidamente el cambio democrático.1 30 años después, sin contar a Benín2 y las islas Cabo Verde y Ghana, los resultados no son positivos en el ámbito político y en el funcionamiento institucional. Estamos asistiendo al establecimiento de regímenes híbridos en muchos países, sino es que la continuidad de los regímenes autoritarios. A partir de las terceras elecciones presidenciales pluralistas, la personalización del poder presidencial se reanuda mediante la abolición de la disposición constitucional que limita a dos el mandato presidencial.

Desde reformas constitucionales tan personales, permitiendo a un presidente presentarse a las elecciones más de dos veces, como ocurrió en Camerún, Chad, Costa de Marfil, Guinea Conakry o la República de Yibuti, surgen crisis políticas. La oposición política, la diáspora y la sociedad civil manifiestan contra estas reformas, que en vez de rebajar las tensiones en unas sociedades tan complejas, sometidas a la presión de las sociedades anónimas de Occidente y de Asia, como el FMI, el Banco Mundial y la Organización Mundial del Comercio, les han atizado. No eran reformas para reforzar los procesos de cambio dando, por ejemplo, más participación a la ciudadanía, respetando los procesos electorales. Los gobiernos han optado por la represión. La represión ha vuelto a ser una forma de gobernar el país y la sociedad. A la cabeza de estos gobiernos hay presidentes gobernando más de 15, 20 o 30 años, como el presidente de Camerún, Paul Biya3 (elegido en 1982). Pero ¿podían seguir gobernando con la violencia? No, porque la violencia tiene desgaste para una élite gobernante.

Frente el dilema, abrir el régimen o seguir con violencia, la élite dirigente ha optado por el diálogo. Y de repente, como una moda, en varios países de expresión francófona hay la organización de diálogos. No hay diálogo en todos los países africanos. Parece que es una exclusividad de la parte francófona. Pero ¿es un diálogo o un espectáculo?

Diálogo o espectáculo

Si el diálogo es un medio noble en las relaciones sociales pacíficas, su recurso en periodo de crisis sociopolítica por un régimen autoritario plantea muchas preguntas. En efecto, los presidentes toman la iniciativa convocando un diálogo en un momento de grave crisis que afecta el funcionamiento de las instituciones (caso de Benín), la integridad territorial (caso de Camerún) o las dificultades de enfrentar la degradación de la situación socio-económica, inestabilidad política (el caso de Mali), con sus impactos en la economía nacional.

Convocados por los presidentes,3 los diálogos constituyen un acto de su poder como jefe de Estado, jefe de los Ejércitos y, en muchos casos, como jefe de Gobierno. Las demandas de la oposición de pensar en una salida a las crisis en el país y en la sociedad son rechazadas por el gobierno y el partido o la coalición presidencial. Aceptar tal propuesta es “perder” su legitimidad y su control sobre la vida socio-política del país. Se organiza un diálogo, o lo que se puede llamar así, en la mayoría de los casos en los países dirigidos por presidentes autoritarios que están en el poder por más de 20 años. Salvo Mehmete Idriss Déby, hijo del presidente difunto de Chad, Idriss Déby Itno,4 que han llegado recientemente al poder.

Para profundizar en el análisis conviene estudiar la situación de tres países: Camerún, Chad y Guinea Conakry. Son tres contextos diferentes, pero tienen en común la naturaleza de sus regímenes. Son autoritarios, cuya gobernanza se basa en la violencia y la represión contra la oposición y la población. Los presidentes no han sido elegidos a través de un proceso electoral libre y transparente. En Camerún, una de las causas del diálogo es la grave crisis económica, la rebelión y la intención de separación de las zonas anglófonas del páis5 en el sur-oeste y el norte-oeste, representando alrededor de 20% de la población nacional.

Después del rechazo del gobierno de cualquier negociación con los separatistas, éstos han “creado” la República Ambozonia; apoyándose sobre una rebelión armada, se han enfrentado al Ejército nacional. Más de 3,000 personas han muerto, heridas graves, miles de personas, de familias desplazadas, niñas/os que no han podido seguir estudiando. Paul Biya gobierna el país desde noviembre de 1982. Fue candidato único en las elecciones presidenciales de 1984 y 1988. Como otros dirigentes del África francófona, aceptó la organización de elecciones presidenciales pluralistas, pero sin pensar perderlas. Ha sido elegido en 1992, 1997, 2004, 2011 y 2018. Lleva 39 años en el poder y no tiene la intención de dejarlo. Tiene 88 años. Opuesto a toda contestación de los resultados electorales; usando las fuerzas militares y la represión, los autores de la contestación terminan en la cárcel, como el último contrincante, Maurice Kamto, profesor de derecho público, fue su ministro delegado a la Justicia antes de pasar a la oposición y de crear su partido político, el Movimiento del Renacimiento Camerunés. Fue una gran sorpresa para la población que un régimen autoritario decida abrir un diálogo.

En Guinea Conakry, donde hubo un golpe de Estado el 5 de septiembre de 2021, es un país donde las intervenciones de los militares han marcado la vida política y social desde 1984. El segundo presidente civil elegido es el presidente derrocado recientemente, Alpha Condé.5 Fue un opositor a todos los presidentes desde los años sesenta. Vivió en el exilio en Francia. Ha sido elegido en unas elecciones presidenciales reñidas en 2010, con 52.5% del sufragio en la segunda vuelta frente a Cellou Dalein Diallo, ex primer ministro. Era su primer mandato. En su primer discurso como candidato electo decía que era “el presidente del cambio al beneficio de todos, de la reconciliación nacional y del progreso para todos”. En 2015, según la Corte Constitucional, ganó las elecciones en la primera vuelta con 57.84% de los sufragios contra 31.45% de su contrincante Cellou Dalein Diallo.

Como otros dirigentes de África subsahariana, Alpha Condé sucumbió a la tentación de modificar la Constitución para presentarse por un tercer mandato. Todo empieza por el control de la fecha de la organización de las elecciones legislativas, que deberían tener lugar en septiembre de 2019; su fecha ha sido pospuesta varias veces. La estrategia política era conseguir un parlamento controlado por su partido. Para la modificación de la Constitución, eligió la opción referendaria en vez de pasar por la vía parlamentaria. Como otras oposiciones y sociedades civiles, las de Guinea Conakry han rechazado esta modificación. Oposición y sociedad civil han creado el Movimiento del Frente Nacional para la Defensa de la Constitución (MFNDC). En octubre de 2020 se presentó a las elecciones presidenciales por tercera vez. Sin sorpresa ganó, pero el mismo contrincante de las dos últimas elecciones se proclamó vencedor sin esperar la proclamación de los resultados por los órganos habilitados. Miles de personas han salido en las calles apoyando el discurso del opositor. Éste está en arresto domiciliario. En este país, después de la proclamación de los resultados, hay siempre enfrentamientos entre las fuerzas de seguridad, manifestantes y líderes de la oposición. Tres elecciones marcadas por tensiones políticas, arresto y muerte de manifestantes, dirigentes opositores arrestados encarcelados, periodistas de la prensa independiente han sufrido también esta represión. El presidente sorprende la opinión pública y en parte la oposición adoptando un decreto para instaurar un diálogo institucional, político y social. Más que un diálogo es una plataforma de intercambios para organizar unas plenarias temáticas.

En Chad, nos encontramos en la situación socio-política de Camerún (una larga dictadura) y de Guinea Conakry (los golpes de Estado). La vida política está marcada por varias intervenciones del Ejército en 1975, en 1982 y en 1990 y varias tentativas de golpe de Estado. Idriss Déby Etno es el presidente que gobernó más de 30 años después del golpe de Estado que le llevó al poder con la complicidad de los servicios secretos franceses. Estos servicios y el Ejército francés estacionado en el país lo apoyaron frente a rebeliones armadas. Su país fue un pieza central en la lucha contra lo que se ha llamado la guerra contra el terrorismo en el Sahel y Sahara por los países occidentales, y sobre todo Francia, ex potencia colonial. El diálogo tendrá lugar en noviembre y diciembre de 2021.

Respecto a los dos otros países, el debate gira sobre la composición y la dirección del comité organizador. Es un contexto diferente al gobierno presidido por un joven general de 37 años, que dirige el país desde abril de 2021. Su composición es de mayoría militar. Un primer ministro civil ha sido nombrado. Presión exterior o relaciones públicas, el general Mahamat Idriss Déby encomendó al gobierno a organizar un diálogo nacional abierto a todos, incluyendo a los movimientos político-militares.

La diferencia entre un diálogo y un espectáculo radica en la seriedad de los dirigentes del país. La gestión de un país debe prevenir situaciones. Un diálogo es posible cuando hay respeto del marco constitucional, por ejemplo evitando manipular la ley suprema y respetando los derechos civiles, humanos y políticos de la ciudadanía sin olvidar los derechos de la oposición política, unos de los cuales es la participación sin presión en la vida política y social del país.

Sin embargo, un espectáculo podía ser la actuación sorpresa, la falta de consenso entre el poder, la oposición y los actores de la sociedad civil. El espectáculo está destinado al exterior, como un acto de relaciones públicas. El espectáculo se presenta como un diálogo bajo presión exterior.

Un diálogo bajo presión exterior

Como en la década de los años noventa, hay que destacar la presión exterior y, en particular, la de Francia. Los diálogos tienen lugar en las ex colonias de este país, el cual tiene todavía una fuerte influencia sobre las economías y la élite política de estos países. Eso no ocurre en los países anglófonos ni en los países de habla portuguesa. El gobierno francés, sea de derecha o izquierda, reacciona a los golpes, pidiendo el deseo de un diálogo, reiterando su condena al recurso a cualquier forma de violencia. ¡Qué bonito lenguaje diplomático! Para las personas de la calle a eso le llaman hipocresía de la diplomacia francesa. Este país es a la vez un pirómano, apoyando dictadores, sin criticar la violación flagrante de los derechos humanos y un bombero, incitando a los mismos a organizar diálogos para desviar los verdaderos problemas socio-económicos de estos países.

Según varios analistas de la vida política de Camerún, es bajo la presión de Francia, ex potencia colonial, que el presidente Biya organiza lo que ha llamado un “gran diálogo nacional” el 10 de septiembre de 2019, cuyos objetivos, según él, eran: “examinar las vías y medios de responder a las aspiraciones profundas de las poblaciones del Norte-Oeste y del Sur-Oeste, pero también de las otras componentes de nuestra Nación”. El diálogo estaba presidido por el primer ministro, como en Guinea Conakry. Pero en Guinea Conakry el secretariado permanente de la plataforma incluía dos representantes de la oposición, dos figuras de la mayoría y representantes de la sociedad civil y del gobierno. En Chad es un diálogo inclusivo, ya que participan organizaciones de la sociedad, pero había dudas sobre la eficacia de esta plataforma, porque el secretariado no era independiente. En Camerún, los líderes de las regiones anglosajonas no podían participar; algunos estaban en las cárceles del país, otros en el exilio. Si para partidos gobernantes y opositores, esperando llegar el poder supremo, han manifestado su apoyo, para Herman Bah, un líder ambazoniano en exilio, era “este monólogo ha sido un acto d relaciones publicas”. El opositor Maurice Kamto ha sido liberado bajo la presión del gobierno francés. En el caso guineano, la ilustración de la intervención francesa fue una carta enviada al presidente guineano. El presidente francés, Emmanuel Macron, pedía la reconciliación como una de las tareas del tercer mandato del dirigente reelegido, Alpha Condé.

En Chad, la presión francesa hizo que el joven presidente del Consejo Militar de la Transición organizara un diálogo. El gobierno francés no ha condenado la toma del poder por el hijo del presidente difunto. Frente al rechazo de la oposición y de las organizaciones de la sociedad civil y la dura represión de las fuerzas de seguridad y del Ejército chadianos, Francia aconsejó al nuevo gobierno abrir un diálogo. La prueba de la intervención francesa podía ser el discurso del presidente del Consejo Militar de la Transición sobre el apoyo masivo de los aliados para una estabilización económica duramente afectada por un contexto de seguridad en beneficio de los intereses franceses.

Si no es bajo presión y las relaciones de dependencia que se tienen con la ex potencia colonial, por qué estos presidentes no organizan verdaderos diálogos inclusivos. En realidad no hacía falta este tipo de diálogo-espectáculo si los miembros de la élite gobernante respetaran la ley fundamental y la alternancia en el poder a través de un sistema electoral libre y con una cierta transparencia. Un régimen que respeta la ley fundamental, la separación de los poderes políticos, una justicia libre y el respeto de las libertades de la ciudadanía, el diálogo es más fluido; así, el poder y la oposición juegan los papeles que les corresponden: dirigir el país y criticar, informar a la ciudadanía y proponer otro programa al electorado.

NOTAS:

1 Chaffrelot, Ch., Las transiciones democráticas africanas; Daloz, Jean-Pascal y Quantin, Patrick, Transiciones democráticas africanas: dinámicas y restricciones (1990-1994), París, Karthala, 1997; Akindès, Francis, Los espejismos de democracia en África subsahariana, París, Karthala, 1996.

3 Es el primer país que ha experimentado un método tan dudoso, la conferencia nacional, la cual reunió a todos los actores activos de la nación para salir de una crisis socio-económica y política. Se presenta como un modelo de transición para otros países subsaharianos. Mali siguió esta forma de cambio. Consiguió la instalación de un régimen liberal de 1991 hasta el golpe de Estado de 2012.

3 Paul Biya ha sido elegido, con el apoyo del gobierno francés, presidente en 1982, en sustitución del primer presidente de Camerún independiente. Es el segundo presidente más longevo del continente africano después del presidente ecuato-guineano. Con la violencia y el fraude electoral institucionalizado, se mantiene al poder.

4 Idriss Déby Itno llegó al poder por un golpe de Estado en 1990, apoyado por Francia, ex potencia colonial. Le apoyó militarmente contra rebeldes. Gobernó con mano de hierro su país, reprimiendo la oposición. Murió en abril de 2021, en el frente contra una rebelión.

5 Fue un opositor a todos los regímenes de su país. Se exilió en Francia desde los años sesenta. Su victoria en las elecciones presidenciales de 2010 ha marcado al país por ser la primera victoria electoral. Es el segundo civil en dirigir el país después del primer presidente.



Formación electrónica e incorporación a la plataforma OJS, revistas del IIJ: Ignacio Trujillo Guerrero, BJV

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