Complejidad sistémica: Niklas Luhmann (1927-1998)

Publicado el 17 de noviembre de 2021


María Guadalupe Cerón Milán
Licenciatura en Relaciones Internacionales, FES Acatlán, UNAM; estancia de investigación en la Universidad de Buenos Aires, Argentina (UBA)
emailm.guadalupe.ceron@gmail.com


Eduardo Daniel Vázquez Pérez
Licenciado en Sociología por la Facultad de Estudios Superiores Acatlán, UNAM;
estancia en MacEwan University, Alberta, Canadá; investigador certificado por el
Vicerrectorado de Política Científica, Investigación y Doctorado de la Universidad
Complutense de Madrid, España; investigador y miembro del personal docente de
la Universidad Carlos III de Madrid, España, y maestrando del posgrado en
Derecho de la UNAM
emailvazquezdaniel252@gmail.com

Niklas Luhmann (1927-1998), sociólogo alemán, fue autor de una compleja teoría causante de un gran revuelo en la mayor parte de los países occidentales. Pese a que en la actualidad no se menciona nada de ella en Europa, su abstracción de la realidad, desencadenante del comportamiento humano y social, no permitía la ausencia de ningún ámbito funcional para la propia explicación de ésta. En otras palabras, visualizó al sistema regente como un espacio reticular de impacto directo en cada componente del mismo sin posibilidad de ser violentado por elementos supuestamente externos.

Para el sociólogo alemán la realidad social goza de características concretas y de una construcción sumamente profunda, entre ellas, da cuenta de ser un sistema hermético en el cual su entorno no ostenta la capacidad de modificarlo; al contrario, es una perpetua reconstrucción proveniente de él mismo porque viene a representar la diferencia. Asimismo, el autor hace hincapié en que el soporte principal de éste está sujeto a la comunicación entre los sujetos sociales y ello deriva a una diferenciación interna que conlleva a ramificar áreas sociales para obtener complejidad en su desempeño, aspecto atribuido a las sociedades modernas.

Como se ha mencionado, esta teoría ofrece un sistema completamente abierto y difiere que el sistema sea cerrado, ya que en el sistema abierto emerge una perenne autoafirmación a partir de una cadena de operaciones, también llamadas fronteras, involucradas en la composición y descomposición de éste para evitar su disolución. En otras palabras, se ve envuelto en la necesidad de su constante evolución para evitar su debilitamiento o posible extinción. Sus estructuras cambiantes emergen de perpetuar la conexión entre elementos nuevos con los precedentes. Esto quiere decir, que el sistema es un cúmulo de comunicaciones que están sumergidas en más comunicaciones, o dicho de manera diferente, la complejidad sistemática yace en redes dentro de más redes. A dicho proceso, instructor de un orden al detectar desorden (entropía), se le ha denominado autopoiesis, significando autoorganización, indeterminación y causalidad circular; es decir, ante elementos —con sus respectivos desencadenantes— denominados A y B, existirán afectaciones mutuas necesarias para su autoregeneración. Cabe destacar que no hay finalidad en todo ello, de ahí el nacimiento de las fronteras. La base del anterior ejercicio reside en la comunicación, factor único que permite la producción y reproducción de sociedades, así también otorga la posibilidad de efectuar las operaciones antes descritas a través de decisiones. La organización, así como la interacción, se vuelven inherentes para la supervivencia del sistema global, es entonces cuando se presume que el mundo es una creación de redes de observadores cruzados y posicionados horizontalmente, todo atendiendo a los requerimientos de la sociedad moderna.

En cuanto a la comparación entre sociedades premodernas y modernas, Luhmann apunta que las primeras son menos complejas; éstas atienden tan sólo a factores de descendencia o residencia (una vida estrictamente presencial); categorizaciones centro-periferia o simples etiquetas jerárquicas. En pocas palabras: jerarquización atada al ejercicio del poder; mientras las modernas, a pesar de la subordinación como parte de la estructura, no concede prioridad a la jerarquía ni al control, porque en el sistema no existen jerarquías, sólo comunicaciones.

Volviendo con la comunicación, ésta no se refiere estrictamente a lo verbal, sino a un proceso mucho más complejo donde se presume la presencia de la síntesis de la información, su enunciado y la comprensión, en la medida que ésta nace como producto de la sociedad.

Ahora bien, la complejidad del sistema surge frente a la creación de subsistemas, como lo son el político, el económico, el artístico, el religioso o el educativo; cada subsistema ha representado un problema específico que le permite una diferenciación del resto. Por tanto, tiene sus propios función y código. Es necesario resaltar que la función no es una orientación; es la problematización creadora de aquella complejidad del sistema y sus infinitas comunicaciones albergadas en su interior.

Luhmann señala, dentro de este apartado, un aspecto relevante relacionado a la ubicación del individuo dentro de la enorme edificación social: la dirección de la sociedad será establecida por el cuadro normativo dictado, siendo constantemente  supervisada la ausencia de la moral o los valores, puesto que califica a estos últimos como una bacteria capaz de infectar y desequilibrar el comportamiento de los agentes.

Los sistemas sociales son autopoiéticos. El concepto de autopoiesis fue traído por Luhmann a la teoría sociológica, desde la biología de Humberto Maturana y Francisco Varela (Varela, 1984). Se refiere a sistemas capaces de producirse a sí mismos, elaborando sus propios elementos. Generan, por así decirlo, su nivel, su emergencia. La autopoiesis es un modo de operar, no una explicación, y supone que los sistemas están constituidos como una red de producción de componentes que, al operar, producen los componentes que la componen (Luhmann, 2010).

Como puede percibirse, el concepto de autopoiesis no es propio de las ciencias sociales, sino un concepto retomado de las llamadas ciencias biológicas que estudian la complejidad en la que está inmersa la vida, para que en el ámbito de las ciencias sociales —que nos otorgan supuestos— podamos acercarnos al entendimiento de los comportamientos ejecutados por los sujetos sociales como elementos que vienen a constituir el llamado sistema social.

Por lo anteriormente referido, pueden mencionarse los siguientes postulados que nos brindan las llamadas ciencias robustas, como es la biología —que otorga aproximaciones respecto del mundo de lo concreto (Varela, 1984)—:

  • Contienen una red metabólica: lo vivo es un componente que tiene información mediante la cual se lleva a cabo el funcionamiento dinámico de aquello que se hace llamar unidad autónoma.
  • Poseen autonomía: cada estructura constitutiva es directamente proporcional a las características que definen a la unidad como interdependiente. En tanto, la autonomía es una característica inherente de lo vivo, la cual puede trascender a otros rangos comunicacionales a fin de establecer una especificidad de su organización.
  • Es una organización autopoiética: cada elemento componente contiene la capacidad de autoregenerarse como sistema. En consecuencia, lo autopoietico no hace una diferenciación entre productor y resultado, ya que su totalidad es un cúmulo de unidades dinámicas que lo hacen ser inseparable.

En el entendido de que el sistema no es cerrado, sino abierto en la medida que posee las siguientes características:

  • La equifinalidad: la tendencia a un estado final característico a partir de diferentes estados iniciales y por diferentes caminos, fundada en interacción dinámica en un sistema abierto que alcanza un estado uniforme.
  • La retroalimentación: el mantenimiento homeostático de un estado característico o la búsqueda de una meta, basada en cadenas causales circulares y en mecanismos que devuelven información acerca de desviaciones con respecto al estado por mantener o la meta por alcanzar.
  • El modelo de adaptabilidad de Ashby es, a grandes rasgos, el de funciones escalonadas que definen un sistema, funciones, pues, que al atravesar cierto valor crítico, saltan a una nueva familia de ecuaciones diferenciales. Esto significa que, habiendo pasado un estado crítico, el sistema emprende un nuevo modo de comportamiento. Así, por medio de funciones escalonadas, el sistema exhibe un comportamiento adaptativo según lo que el biólogo llamaría ensayo y error: prueba diferentes caminos y medios, y a fin de cuentas se asienta en un terreno donde ya no entre en conflicto con valores críticos del medio circundante. Ashby incluso construyó una máquina electromagnética, el homeóstato, que representa un sistema así, que se adapta por ensayo y error (Bertalanffy, 2018).


Formación electrónica e incorporación a la plataforma OJS, revistas del IIJ: Ignacio Trujillo Guerrero, BJV

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