El derecho humano a una educación religiosa laica

Publicado el 18 de enero de 2013

Jorge Alberto González Galván, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM

Me parece que la educación es un proceso permanente de alfabetización científica, humanística, artística, política, social y religiosa, que como ser humano debo acceder en los espacios escolares formalmente reconocidos por el Estado y en los que me debe brindar la sociedad en todos los campos y medios.

Una de las materias que nuestra formación ha descuidado y por lo cual todos debemos considerarnos analfabetas es el conocimiento de las concepciones y prácticas religiosas existentes, es decir, el origen y desarrollo del pensamiento religioso de la sociedad humana a través de los siglos.

En la cultura occidental se nos ha negado el acceso a este conocimiento en los espacios escolares, en particular, y sociales, en general, por el gran peso histórico que ha tenido la religión cristiana en sus dos versiones: católica y protestante.

En México a partir del reconocimiento en el siglo XIX del principio de la separación del Estado y la Iglesia (católica, se entiende), marca el camino hacia la construcción de un educación laica, o sea, regulada e impartida, principalmente, por el poder público secular. Bajo el gobierno de la monarquía española se reguló e impartió el monopolio de la religión católica durante tres siglos, con ello el culto y la función educativa estuvo en manos de sus órdenes religiosas. El proceso que se inició en el siglo XIX para transformar dicha realidad, sobre todo, en materia educativa, maduró hasta inicios del siglo XX, con la creación de la Secretaría de Educación Pública y de la Universidad Nacional.

En el centro del reconocimiento de los llamados derechos humanos se encuentra el respeto a la dignidad humana. El individuo deja de ser un sujeto subordinado al Poder Monárquico autoritario, para convertirse en un sujeto libre con derechos propios que el Estado Republicano democrático debe reconocer y aplicar. Uno de estos derechos propios a cada uno de nosotros es el derecho a la educación, es decir, a ser alfabetizado en todos los ámbitos ya mencionados del conocimiento humano dentro de espacios escolarizados o fuera de ellos. Sin embargo, a pesar de tener más de un siglo ya de un poder estatal laico, sus instituciones educativas reguladas (públicas y privadas) no nos han garantizado el derecho a una educación religiosa, entendida, como el conocimiento del origen y desarrollo de todas las religiones que han existido y existen. No se trata de “adoctrinar”, sino de informar, estudiar, discutir, reflexionar, formar, instruir, investigando las concepciones y prácticas relacionadas con la sacralización de nuestras relaciones humanas y nuestro entorno cósmico, ecológico, con nuestra flora y fauna; con las propuestas filosóficas existencialistas de vidas pasadas y futuras; y con nuestra explicación de lo que quizá no tenemos aún explicación científica que cae por ello en el terreno que llamamos animismo, esoterismo, superstición.

¿Con qué fin? Con el fin que debe cumplir toda educación en cualquier especialidad: combatir la ignorancia, ya que ella es la causa de la intolerancia y la discriminación, es decir, del subdesarrollo mental del individuo. Enfermedades que un Estado democrático, respetuoso de los derechos humanos, nos debe vacunar con educación laica: formando a profesores en el conocimiento de todas las religiones.

¿Queremos vivir en un país del siglo XXI, respetuoso de la diversidad no sólo política, étnica, sexual, sino también religiosa? Entonces debemos saber en nuestros salones de clase y en nuestras radios y televisiones de la existencia de la humanidad plurireligiosa:  14 millones se consideran adeptos a la religión judía; 58 millones forman parte de las religiones taoístas, sintoístas, parsis, sijs, bahai’s, jainistas; 400 millones son de religiones consuetudinarias de África, China, América y Australia; 500 millones son budistas; 1,600 millones son musulmanes, 2,200 millones son cristianos y 1,100 millones de personas se manifiestan por no tener ninguna simpatía o militancia religiosa, son incrédulos. ¿Lo sabías? ¿Sabes cuál es la filosofía de vida de cada una de estas religiones? Yo tampoco.

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