Rubén Bonifaz Nuño

Publicado el 1 de febrero de 2013

Jorge Alberto González Galván, Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM

¿Por qué odia tanto a la poesía?

¿Es cierto que usted escribe “amargo y fácil”?

¿Si se va de exilio poético a las Islas Marías, ¿qué libros quemaría antes de irse?

¿Cuándo supo que sería un futbolista famoso?

¿Antes de meterse al mar, ¿qué le gustaría que hicieran con sus libros: que los llevaran a un acuario o a un ejido?

¿Cuándo tiró su primer poema?

¿Es cierto que nos llamó a los mexicanos “Bienaventurados”, porque nos tocó “lo gordo del caldo del sufrimiento”?

¿Si fuera un adulto, ¿a quién le escribiría?

¿En “Edipo” supo “la respuesta al ver que el monstruo tenía pechos de mujer”, si no es indiscreción, ¿cuál fue?

¿Las olas que tejen sus versos ¿cree que algún día cubrirán los continentes?

¿Por qué “va siendo cada vez más difícil ocultar el miedo”?

¿Le importaría si me quito el zapato? Es que tengo una piedrita.

¿Si fuera presidente de la res publica ¿cuál sería su primera medida?

¿vale mucho más sufrir que ser vencido”. No me diga, ¿a poco es asesor del secretario de Hacienda?

¿Los poemas que ha escrito, ¿de veras son de usted?

¿Se ha dicho que no sólo cuenta, sino canta, y que de ésto, pocos. Entonces, si es millonario y cantante, ¿cómo es que no lo he visto en la tele?

¿Cuándo y a qué hora fue feliz?

¿Qué opina de los poetas muertos?

“Y nosotros, ¿dónde envejecimos?” ¿Perdón?

Cuando se vaya, ¿piensa regresar?

“Nosotros somos la guitarra que alguien toca.” Se refiere al FMI, ¿verdad?

Por último, quería pedirle que me regalara estos versitos –al cabo que usted tiene muchos-: “Cuando yo te digo: te amo, es cierto/que te amo./Pero no es verdad que yo te lo digo.” Son para la mujer que quiero, a ver si así me corresponde. Aunque –si usted me lo permite- le borraré lo último no quiero confundirla, ella es administradora de empresas. ¿Cree que resulte?

Siendo becarios de licenciatura en el Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, Sergio López Ayllón, Héctor Fix Fierro y yo, publicábamos, junto con otros compañeros de la Facultad de Derecho, una revista que se llamaba Vertientes, la cual tenía una periodicidad “cristiana”, decían los enterados, porque salía cuando Dios quería. Le presentamos la revista al entonces director del Instituto, el maestro Jorge Carpizo, y nos ofreció contactar al doctor Rubén Bonifaz Nuño, director del Instituto de Investigaciones Filológicas, para que nos diera su opinión sobre nuestros trabajos.

El doctor Bonifaz nos recibió y nos recomendó leer a los poetas españoles del Siglo de Oro, memorizar los sonetos que nos gustaran y aprender sus reglas de versificación. Los sonetos que escribimos los revisaba y nos invitó a dedicarnos a la literatura porque si no “el Derecho los va a comer”, lo que en efecto sucedió. El texto que aquí presento lo leyó en ese tiempo sonriendo sin hacer comentario alguno.

El maestro Bonifaz cultivó las literaturas y artes griega, romana y prehispánica, fundó el Centro de Estudios para la Descolonización de México, pues consideró que su única raíz cultural es la indígena. Sé que está ahora compartiendo sus gustos estéticos y carcajadas en la dimensión de las personas sencillas, humildes, inconformes con las injusticias, combatientes de la ignorancia, amantes de la belleza, la comida y el buen humor.

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