Institucionalizar a la ciencia*

Publicado el 11 de febrero de 2013

José Ramón Cossío D., ministro de la Suprema Corte de Justicia, profesor de Derecho Constitucional en el ITAM

Uno de los problemas para el desarrollo de la ciencia en nuestro país radica en su falta de institucionalización. Vistos en conjunto, no existen muchos medios en los que, fuera de los campos propios de la ciencia, ésta pueda actuar o incidir en los campos políticos o sociales. El quehacer político o el administrativo, las funciones judiciales, el desarrollo empresarial o la generación de políticas públicas, por ejemplo, suelen desarrollarse al margen de lo que, genéricamente hablando, puede llamarse ciencia.

No estoy diciendo, desde luego, que las decisiones se toman sin el uso de conocimientos, pues ello sería ridículo. En diversos ámbitos y cotidianamente, los órganos del Estado conocen de las diversas cuestiones materia de su competencia y al hacerlo aplican una diversidad de conocimientos de muy distinto tipo. Lo que sí parece importante destacar es que no existen formas específicas mediante las cuales esos mismos órganos tengan la posibilidad de allegarse o, al menos, de recibir información pertinente para la resolución de la cuestión que se trate.

Es verdad que en la diversidad de asuntos sometidos a la decisión de las autoridades públicas se suele afectar sólo a quienes están sujetos a ella. Por lo mismo, parecería que el alcance de lo resuelto únicamente debe concernir a ellos. Sin embargo, frente a esta reducción individual de los casos debe tenerse en cuenta que lo decidido para los afectados, suele trascenderlos y generar precedentes o efectos sociales. Por lo mismo, no en todos los casos debieran resolverse los asuntos sólo a partir de lo que propongan los directamente interesados. Por el contrario, debería darse intervención a los que tuvieran “algo” que decir.

De entre todos los asuntos que a las autoridades les toca decidir, los más relevantes son los legislativos. Ello se debe a que el legislador hace leyes y éstas son normas generales, abstractas e impersonales. Su poder de afectación social es, por lo mismo, enorme.

¿Qué debe hacerse, entonces, para lograr que el conocimiento científico tenga incidencia en la toma de decisiones que, a su vez, pueden tener afectación social? A diferencia de lo que suele suceder en nuestro país, creo que las pocas instancias académicas nacionales existentes deben participar en la construcción de las condiciones mediante las cuales su saber sea recibido y utilizado en la toma de decisiones. Dicho de otra manera y dada la situación acabada de describir, las instituciones académico-científicas del país deben tomar la carga adicional de coadyuvar en el intercambio de ideas con interlocutores políticos, jurídicos, etcétera. Si se parte de la idea ya expuesta de que por la posición que ocupan, los poderes y órganos públicos existentes deciden temas de enorme gravedad y que no existen las condiciones para que el conocimiento científico sea utilizado por ellos, la ciencia misma, por hablar así, debería generar soluciones para que los órganos políticos, administrativos y judiciales reciban su saber.

A partir de todo lo anterior, me parece que las instituciones académicas deben promover las acciones necesarias para que los órganos públicos y privados establezcan formas de organización capaces de allegarse de información científica; recibir la ya elaborada; generar la que se requiera, ordenada y sistematizada y, finalmente, hacerla llegar a los diferentes órganos de gobierno para la mejor toma de decisiones (legislativas, ejecutivas o judiciales) que requieran de conocimientos científicos.

Una academia que quiera trascender la situación de encierro de la que tantas veces es objeto de crítica, debiera, en primer lugar, hacer evidente la necesidad de crear soluciones institucionales con los fines apuntados; segundo, proponer soluciones a los órganos que pudieran crearse y; finalmente, encontrar la manera de acompañar los esfuerzos de las autoridades públicas para vincularse con el conocimiento científico. La academia, pues, además de generar conocimiento, debería tomar la tarea de promover la construcción de instituciones o instancias para que aquello que produce sea considerado en la cimentación de una mejor sociedad.

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en El Universal, el 5 de febrero de 2013

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