Zapatazo*

Publicado el 05 de marzo de 2013

John Ackerman
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
@JohnMAckerman
ackerman@unam.mx
www.johnackerman.blogspot.com

La coreografiada detención de Elba Esther Gordillo no es un signo de fortaleza sino de debilidad del Estado democrático. En lugar de convencer a la sociedad y ganarles a sus adversarios en el terreno del debate público, Enrique Peña Nieto toma la ruta más fácil de simplemente encarcelar a uno de sus rivales más importantes. De manera similar a Felipe Calderón, Peña Nieto inicia su sexenio con una desesperada búsqueda de reconocimiento personal para compensar su falta de legitimidad electoral.

Se equivocan quienes comparan el encarcelamiento de Gordillo con el quinazo de Carlos Salinas de Gortari. En realidad, Peña Nieto no sigue el guión de su supuestamente audaz padrino, sino el del inepto y belicoso Calderón. En 1988, el PRI todavía contaba con una poderosa hegemonía sobre la política nacional. La detención de Joaquín Hernández Galicia, así como las obligadas renuncias de numerosos gobernadores y otros altos funcionarios públicos durante el sexenio de Salinas, permitieron al entonces presidente reafirmar su mando dentro de la piramidal estructura de poder que todavía permanecía intacta.

Hoy el contexto es radicalmente diferente: 38.2 por ciento de la votación comprada en las urnas por el nuevo partido de Estado simplemente no le basta a Peña Nieto para emprender reformas tan agresivas para la economía y el bienestar social como la privatización de Pemex o la imposición del IVA en alimentos y medicinas. La fuerza del PRI de hoy no tiene nada que ver con la del PRI de antaño. Supimos lo que fue el tránsito por el desierto durante 12 años fuera de Los Pinos, ha comentado el actual presidente del PRI, César Camacho.

Lo de Peña Nieto hoy no es un mensaje hacia dentro para reafirmar el mando personal sobre una pirámide política que ya no existe, sino un golpe mediático orientado a inflar artificialmente al ocupante de Los Pinos en la imagen pública con objeto de distraer e intimidar a la oposición política. Una estrategia similar ya fue ensayada el pasado 1º de di­ciembre. El encarcelamiento de Gordillo combina perfectamente con la brutalidad policiaca y las detenciones arbitrarias el día de la toma de posesión (mi análisis: ow.ly/ig27c ).

Esta estrategia coincide cercanamente con la utilizada por Calderón. Al inicio de su sexenio, el hoy becario de la Universidad Harvard entró en la Cámara de Diputados fuertemente custodiado por las fuerzas armadas vía una improvisada puerta trasera para rendir protesta. Posteriormente se vistió con ropa militar, lanzó las fuerzas armadas a las calles en su guerra contra las drogas y utilizó sistemáticamente los órganos de procuración de justicia para amedrentar a sus rivales políticos. Jorge Hank Rhon, Greg Sánchez, Flavio Sosa, el general Thomas Ángeles, así como los detenidos por el michoacanazo, fueron solamente los ejemplos más sonados de esta fallida estrategia de Calderón.

El debilitamiento institucional del Estado y la voracidad de los poderes fácticos son problemas reales. Pero éstos no se solucionan por medio de un culto autoritario a la personalidad del presidente de la República o con la politización de la justicia, sino a partir de una amplia participación ciudadana en la reconstrucción de la eficacia y la neutralidad de los organismos gubernamentales.

Una de las características fundamentales del absolutismo es precisamente confundir al primer mandatario con la institución estatal en su conjunto: el Estado soy yo ( L’Etat c’est moi) es la típica frase que se atribuye a Luis XIV de Francia (1643-1715). El fascismo tiene rasgos similares. Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado, decía Benito Mussolini. Estos sistemas políticos insisten en la fidelidad total al jefe de Estado y son profundamente intolerantes a la disidencia o la discrepancia.

Gordillo es indefendible. Es muy difícil creer que sus riquezas, como las Peña Nieto, su familia y su gabinete, hayan sido adquiridas de manera lícita. Hay que celebrar que la maestra se haya quedado sola, traicionada por la misma clase política y empresarial que ella misma ha traicionado en tantas ocasiones.

Pero sería ingenuo pensar que el encarcelamiento de Gordillo sea un mensaje a favor del estado de derecho o en contra de los poderes fácticos. La acción no fue más que un típico y desesperado ajuste de cuentas entre líderes políticos de igual naturaleza política. La decisión de detener a la lideresa sindical justo después de la promulgación de la reforma constitucional en materia educativa y unas horas antes de la reunión del consejo extraordinario del SNTE, combinado con el atropellado y vacío espot del Presidente en cadena nacional, confirman sus motivaciones políticas.

En 1960, el líder soviético Nikita Kruschov se hizo mundialmente famoso por golpear con el zapato su curul en la ONU y espetar insultos hacia otros líderes mundiales en protesta por las críticas lanzadas hacia la Unión Soviética en ese foro mundial. Hoy, por mucho que la televisión haga esfuerzos olímpicos por proyectar una imagen de hombre de Estado, el comportamiento de Peña Nieto es igual de vulgar y desesperado que aquello mostrado hace más de cincuenta años por el sucesor de José Stalin.

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en La Jornada, el 4 de marzo de 2013

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