A paso de tortuga*

Publicado el 9 de abril de 2013

Miguel Carbonell
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
@miguelcarbonell
www.miguelcarbonell.com

Los asesores de comunicación del gobierno federal dieron en el clavo con el eslogan "Mover a México". El mensaje (junto con las imágenes a través de las que se promueve) transmite frescura y deseo de cambios, en lo que coincide con el pensamiento de una vasta mayoría de la sociedad mexicana. Sin embargo, lo cierto es que los avances que logramos nos permiten distanciarnos solamente de nuestro propio pasado, pero no nos ponen a la vanguardia mundial en ningún aspecto.

Pongo como ejemplo la reforma educativa. Es muy bueno que ahora vaya a haber evaluación a los maestros y que las plazas ya no se puedan heredar. Es un avance, pero seguimos muy lejos de lo que hacen otros países. En EU hay escuelas públicas en las que la mitad de las clases se imparten en mandarín; eso significa que los niños norteamericanos van a poder desenvolverse con naturalidad en todo lo relacionado con China, la gran superpotencia del siglo XXI.

En países como Corea del Sur los niños estudian desde la primaria con iPad y van a la escuela durante largas jornadas. Nosotros seguimos con escuelas de cuatro horas y media al día y en muchas de ellas los maestros prefieren hacer marchas antes que dar clase. Los ejemplos podrían multiplicarse. Lo que quiero decir es que todas las reformas son bienvenidas, pero deberíamos ser capaces de avanzar con mucha mayor velocidad. Es un insulto a la nación que los legisladores se tomen un tiempo del todo excesivo en analizar los asuntos de su competencia. La Ley de Amparo llegó con 18 meses de retraso. La reforma de telecomunicaciones parece empantanada en el Senado. Un líder parlamentario en la Cámara de Diputados dice que no hay prisa en cubrir la vacante en el consejo general del IFE, ya que así nos ahorramos pagar el cuantioso salario de ese consejero (es una de las razones más obtusas que he leído para evitar hacer un nombramiento). Y así por el estilo.

En el horizonte tenemos no solamente las reformas que ya han sido planteadas, sino también la energética y la fiscal. La nueva forma de extraer gas está permitiendo ahorros astronómicos para la economía norteamericana, que ha dejado de depender en buena medida de la importación de combustible. Si pudiéramos traer esa tecnología a México los beneficios serían inmediatos para los hogares y las empresas; pero ya me imagino a los radicales de siempre clamando contra la "privatización" del sector gasístico. Prefieren que todos paguemos combustibles más caros en vez de incrementar la competitividad de nuestro país. Si México aspira a ofrecer a sus habitantes un futuro de mayor inclusión y derechos para todos, hay que hacer los cambios posibles que ya están hoy al alcance de nuestro país.

Tenemos que apostar por una economía más competitiva, con precios de producción más bajos y salarios más robustos. Necesitamos generar un ambiente de mayor innovación, que hoy no tenemos. Chile invierte 1.4% de su PIB en investigación y desarrollo; México invierte sólo 0.4%. Corea del Sur registra 7 mil 500 patentes al año en Estados Unidos; México solamente 55.

Lo peor de todo es que en una parte significativa de nuestra clase política no existe el menor sentido de la urgencia. A muchos gobernantes les parece bien que el país siga "nadando de muertito" y no ven que al hacerlo nos estamos rezagando de forma clamorosa. Hay mucha competencia entre los países y muchos de ellos ponen en serio las pilas. EU anuncia un programa de inversión de 100 millones de dólares para "mapear" las funciones cerebrales; Brasil invierte montañas de recursos para mejorar la infraestructura necesaria para los Olímpicos y el Mundial que van a organizar; Finlandia está contratando a los mejores promedios de cada carrera no para que se dediquen a la política, sino para que sean maestros y les enseñen todo lo que saben a los niños finlandeses. El mundo se mueve a gran velocidad. México debe no solamente hacer bonitos y pegajosos eslóganes, sino transformarse de una vez por todas. Necesitamos hacer realidad lo antes posible el país con el que tantos millones de mexicanos hemos soñado. Ojalá sea pronto. (El Universal).

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en  El Universal, el 4 de abril de 2013

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