El Bullying Intelectual

Publicado el 18 de abril de 2013

Jorge Alberto González Galván
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
jagg@unam.mx

Se suele hablar del Bullying como agresión física y, por supuesto, también de toda agresión verbal que nos hace sentir mal, es decir, del Bullying Emocional. Sin embargo, poco o nada se dice de la afectación que nos causan las ideas expresadas por los demás (políticos, profesores en un salón de clases, compañeros de trabajo, ciudadanos en la calle, parejas, padres, hermanos o familiares), que nos quieren hacer creer, pensar o sentir, como ellos quieren. Esto en mi pueblo se llama llevarnos a bailar y en los libros: enajenación, manipulación o alienación.

Cuando uno se da cuenta del juego del otro, simplemente sabemos que lo que está haciendo, consciente o no, es un insulto a nuestra inteligencia. En estos casos, dependiendo las circunstancias, se aclaran los puntos o se le da la vuelta a la página (impresa o digital), se cambia de canal o se le evita si es una persona. No quiero caer en el sermón porque no es domingo, no es mi intención darle lecciones a nadie.

Me interesa poner sobre la mesa el hecho que, lo digo como estudiante y profesor (que he sido y soy), la llamada Educación es un rosario de ideas que nos hacen repetir sin discusión. En donde el maestro es como un sacerdote que nos hace aprender de memoria el catecismo que él mismo ha tenido que memorizar llamado “Plan y Programa de Estudio” hecho por otros, donde él ni los alumnos participaron en su elaboración ni pueden cuestionar en clase. ¿No hemos sido formados así violentando nuestra inteligencia intelectual?

No estoy poniendo en duda que nuestra educación sea y deba seguir siendo “laica” y “científica”, me refiero a que sus contenidos no han sido el producto de un proceso o espíritu de diálogo plural, intercultural, interdisiciplinario, constante, permanente, en su creación ni aplicación. Me parece por ello que la elaboración de la nueva Ley General de Educación debe ser la oportunidad ideal para comenzar dicho proceso. El debate debe ser tan amplio que incluya no sólo los sectores académicos (profesores y estudiantes), sino también a los padres de familia y empleadores (públicos y privados).

En la Educación de Preparatorias y Universidades públicas será necesario también que pongamos nuestras barbas a remojar. Los procesos de actualización de nuestros Planes y Programas de Estudio siguen siendo opacos, elitistas, clientelistas, coyunturales, antidemocráticos. Los intereses políticos, disfrazados de académicos, de afuera o de adentro, de unos cuantos se imponen a quienes van dirigidos: profesores y estudiantes. ¿No será necesario elaborar una Ley de Educación Superior?

La Cruzada contra el Hambre debería aplicarse también pensando que cada año miles y miles de jóvenes con hambre de seguir estudiando se quedan sin acceder a un espacio público educativo y que cuando acceden no logran mantenerse porque no son apoyados con becas de estudio. Se ejerce la violencia física, emocional e intelectual, no sólo de manera individual, sino también social, institucional. ¿Hasta cuándo?.

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