El Metro, una bomba de tiempo*

Publicado el 27 de mayo de 2013

Ernesto Villanueva
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
@evillanuevamx
Evillanueva99@yahoo.com
www.ernestovillanueva.blogspot.com

La corrupción y la impunidad son parte del día a día que, por supuesto, no deben dejar de denunciarse. Estas ilegales prácticas, empero, palidecen cuando le comparta a usted que el Metro es una bomba de tiempo. No hablo en sentido figurado, sino literal. Veamos.

Primero. Hace tres años se hizo una consulta para subir el precio del boleto del metro de dos a tres pesos a cambio de seguridad. Los consultados estuvieron de acuerdo y desde el 2010 cuesta tres pesos el ingreso. La seguridad no ha mejorado. Cada estación está prevista para contar con dos escaleras eléctricas y una fija, ésta, más angosta porque es complementaria. El problema es que buena parte de las escaleras eléctricas no funcionan en virtud de las cargas eléctricas mal distribuidas. En caso de un siniestro los pasajeros quedarían atrapados en su intento de salir. La estación 12- que es concesionada- estuvo planeada y licitada para contar con 24 estaciones, pero casualmente se entregaron sólo 20, en un caso de corrupción clarísimo que la sociedad desconoce, razón por la cual los transbordos son larguísimos. El más grande es el de la estación Atlalilco donde el pasajero debe caminar 1 kilómetro y si bien existen bandas transportadoras casi nunca sirven. El metro integrado por 12 líneas cuenta con una red de fugas de seguridad en perjuicio de los millones de usuarios. El punto nodal es que la seguridad del metro no tiene como propósito proteger a los pasajeros, sino evitar, es un decir, daño patrimonial a las instalaciones. Los denominados "binomios" o detectores de metales, además de ser comprados por la vía de la invitación restringida no funcionan los 10 comprados, como todo pasajero lo puede constatar. Esto es la parte menos preocupante de lo que hace el gobierno del Distrito Federal en perjuicio de sus habitantes.

Segundo. Los baños en el metro- que son un negocio por ser concesiones-no tienen ningún mecanismo de seguridad, por lo que cualquier aspirante a terrorista podría fácilmente colocar una bomba. El denominado agrupamiento 70 integrado por la policía bancaria, auxiliar y fuerza de reacción que se encarga de la seguridad – ojo- del patrimonio del metro sólo están ubicados en los torniquetes y eventualmente en los andenes con el único fin de dosificar usuarios cuando hay retrasos en los trenes o en los momentos de mayor afluencia para separar las secciones de mujeres y niños. Este agrupamiento carece de dos cosas básicas de equipo con armas largas, detectores de metales y, lo más importante, de la instrucción de cuidar a las personas que son la razón de un servicio público pagado con los recursos de la comunidad. En la nómina del agrupamiento 70 que depende de la gerencia de seguridad institucional aparecen casi 3000 mil elementos, de los cuales más del 30 por ciento son "aviadores" "comisionados" o similares. Además de los propios eventuales ataques externos al metro y a sus pasajeros, las "zapatas" que cada tren tiene y que son balatas de madera recubiertas de líquido no flamable para frenar en cada estación tienen problemas por el volumen aplicado, falta de mantenimiento y, en consecuencia, se encienden con facilidad por lo que el operador de cabina con su extinguidor las "apaga" y sigue su trayecto, pudiendo generar un incendio de terribles consecuencias. Cada año se reportan más de 1000 extintores robados de las cabinas por lo cual no todas tienen. El metro tiene en su haber 3700 cámaras de monitoreo de las cuales sirven sólo una parte mínima por la inconsistencia con los servidores encargados de sincronizarlas, además de que su memoria abarca cuando mucho 7 días y tiene una gran cantidad de puntos ciegos lo que impide que cumplan su cometido. El Puesto Central de Monitoreo registra ausencia y sobre todo falta de capacitación para los monitoristas lo que cierra el círculo de la inseguridad.

Tercero. A lo largo del metro existen diversas cisternas en lo que se llama "seguridad líquida" y donde se conectan a los hidrantes para contener un eventual incendio. Lo cierto es que las cisternas están al 20 o 30 por ciento de su capacidad y los hidrantes tienen mangueras en mal estado o no existen. Eso hace que en el mejor de los casos no haya presión en el agua expulsada. La falta de agua de las cisternas es porque de ahí se alimentan los negocios que están en diversas estaciones- también concesionados- con lo que cocinan, lavan, etcétera, negocios de comida que, por cierto, están prohibidos por la ley, pero donde las autoridades del metro no son ajenas, sino todo lo contrario. En las estación 7 la más profunda del metro existe lo que se denomina "seguridad seca" que consiste en un sistema que se alimenta de las pipas de los bomberos que proveen de agua desde la superficie para inyectarla a través de la tubería del metro para combatir un incendio. El problema es que no hay tubería porque está tapada por falta de mantenimiento o sólo está prevista en el plano y no se construyó. Sobra decir que las mangueras de los bomberos carecen de la extensión para llegar hasta la estación. De esta suerte, en un incendio la muerte de miles de personas no sería sólo una posibilidad. Sigamos. En el conjunto delicias (Delicias número 67) se localizan tanto el Puesto Central de Monitoreo como el Centro Estratégico de Operaciones que es la que se encarga de que funcione el metro. Junto a estas neurálgicas áreas se localiza la fuente de energía del metro. Se trata de un transformador que genera 750 mil watts. El gravísimo problema es que este transformador tiene 40 años sin mantenimiento de fondo. Los trabajadores del metro se cooperan para comprar los mínimos para que no explote en cuya circunstancia no sólo privaría de la vida a los niños que están al lado en la guardería de los trabajadores del metro sino en varias manzanas a la redonda. Es urgente que Federico Doring, Armando Tonatiuh Gonzalez, Jesús Sesma y Antonio Padierna promuevan la creación de una comisión especial de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal con expertos para realizar una auditoría técnica, no administrativa que es la salida de escape de la corrupción y la impunidad. La integridad personal de miles de mexicanos que el GDF ha ignorado por hacer negocios personales no merece menos.

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en Proceso, el 26 de mayo 2013

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