La competencia global por el talento*

Publicado el 13 de enero de 2014

Miguel Carbonell
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
@miguelcarbonell
www.miguelcarbonell.com

Mientras en México seguimos enfrascados en el mediocre debate público que nos caracteriza, otros países se han puesto las pilas para quedarse con el mejor talento disponible a nivel mundial en las grandes áreas del conocimiento. Con ello se aseguran un presente y un futuro promisorio, pues saben que en su territorio estarán trabajando las personas más preparadas, que generarán no solamente productos maquilados, servicios turísticas o insumos agrícolas (como lo hacemos nosotros), sino las grandes soluciones a los problemas más relevantes de nuestro planeta.

A nivel mundial hay 4,3 millones de estudiantes que estudian fuera de su país de origen. Casi uno de cada cinco de ellos estudia en un solo país, que desde hace años tiene en su suelo a las mejores universidades del mundo: Estados Unidos.

En los centros universitarios de los Estados Unidos estaban inscritos 819,644 alumnos extranjeros durante el curso 2012/2013. Un porcentaje muy relevante de esos alumnos por desgracia no son mexicanos; proviene de China (que suma casi un 25% de la matrícula de extranjeros en Estados Unidos), India y Corea. La mayoría de ellos estudia ingenierías, matemáticas y ciencias, que son las áreas que más necesita un país para desarrollarse (y en las que peor hemos salido evaluados los mexicanos en las pruebas internacionales, por cierto).

Además del elevado nivel académico que esos estudiantes traen consigo, le dejan un importante beneficio económico al país que los recibe. La derrama económica durante el 2012 de los estudiantes extranjeros fue de 24 mil millones de dólares, lo que equivale como a 12 veces más de lo que recaudará nuestra mediocre reforma fiscal del 2013. El 60% de las personas que obtiene un doctorado en Estados Unidos se queda a trabajar en el país, al menos durante un tiempo, suministrando un alud de materia gris a favor de las empresas norteamericanas.

Datos como ese ilustran sobre la necesidad imperiosa de invertir en nuestro sistema educativo, para generar resultados de calidad, que nos hagan competitivos a nivel mundial. Si nuestros diputados fueran más sensibles a las evidencias que nos aportan los datos estoy seguro que lo sabrían apreciar debidamente.

Es por eso que resulta indispensable trabajar duro para que más jóvenes tengan la oportunidad de salir a estudiar al extranjero. Yo tuve el privilegio de poder estudiar la especialización y el doctorado fuera de México gracias a un beca de la UNAM y fue lo mejor que me pudo haber pasado en mi formación académica. Si no hubiera tenido ese apoyo estoy seguro que mis perspectivas académicas e intelectuales serían mucho más reducidas. Sin la beca simplemente no me hubiera podido ir al extranjero, pues a mi familia no le hubiera sido posible mantenerme en las precarias condiciones de la crisis económica que estalló a finales de 1994, que es cuando yo inicio mis estudios de posgrado.

En este tema lo mejor que podemos hacer es que imitar el objetivo de Brasil, que se ha propuesto dar becas a un millón de jóvenes para estudiar en el extranjero, sobre todo en áreas de ciencias e ingenierías.

Además, habría que hacer todo lo posible para que las universidades mexicanas fueran atractivas para que vengan a estudiar en ellas buenos alumnos extranjeros y, eventualmente, pudieran quedarse a vivir y trabajar en México. También nosotros tenemos que dar la batalla por el talento global, para generarlo y para atraerlo. El futuro no nos va a esperar: hay que salir a ganarlo con energía, determinación y el mejor talento con el que podamos contar, venga de donde venga.

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en www.adnpolitico.com, el 30 de diciembre de 2013

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