Viejas causas, nuevos liderazgos

Publicado el 31 de enero de 2014

Jorge Alberto González Galván
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
jagg@unam.mx

Más allá de las ideologías, la fuerza que sigue (y seguirá) moviendo al ser humano es el hambre. No hay razón de ser más poderosa que justifique el levantarse todos los días que el hacer algo para alimentarse y sobrevivir. El hecho de tener hambre genera el derecho a la alimentación, que la sociedad políticamente organizada, llamada Estado, debe garantizar.

Si el Estado no garantiza a sus ciudadanos su derecho al acceso a una alimentación sana desde su nacimiento hasta su muerte, entonces ello explica que éstos se movilicen y se levanten en armas.


Los indígenas zapatistas de Chiapas desde hace veinte años nos recuerdan que la satisfacción de la natural necesidad de alimentarse no ha sido, desde hace mucho tiempo, cubierta para los más pobres de México.


Los mestizos nos recuerdan ahora que el hambre también “mueve montañas” en Michoacán.

La violencia de las armas, en ambos casos, se explica por la violencia de las instituciones que no han sido capaces de satisfacer los derechos fundamentales de sobrevivencia digna de los seres humanos: alimentación, educación, salud, empleo, seguridad, democracia, igualdad.

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