La estabilidad integral del docente

Publicado el 13 de febrero de 2014

Jorge Alberto González Galván
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
jagg@unam.mx
  1. Introducción.

    La “estabilidad laboral” del trabajador de la Educación es un derecho que debe garantizarse no sólo en lo formal, en las reglas escritas, sino también en las no escritas, en lo material. Si tomamos en cuenta que las “Fuentes del Derecho” no sólo son formales, sino también “reales”, es decir, las que derivan de los hechos, la práctica, la experiencia, entonces el orden armónico y productivo que todo Derecho pretende, debe estar basado en el conocimiento de las leyes de educación y las que deriven de mi formación y experiencia como docente. Así mantendré mi estabilidad no sólo “laboral”, sino también, implícitamente, mi estabilidad intelectual, emocional, física y social.

    Por ello, quiero destacar que en los procesos de “formación” de los futuros maestros y de “actualización” de los que ya lo son, se deben brindar las herramientas para mantener, en todo momento y lugar, como profesional de la educación, dentro y fuera del aula, el orden de nuestro entorno y el orden interior del profesor. Se trata de formar a los formadores no sólo con nuevos contenidos informativos, sino con nuevas herramientas de la profesión, para un desempeño estable en el aula, la escuela, la familia y la sociedad.

    Como fuentes de su estabilidad se deben considerar el mejoramiento y conocimiento de las reglas-herramientas laborales para ser eficaz, es decir, su educación “intelectual”, y también el mejoramiento y conocimiento de los reglas-herramientas profesionales para que eso que tenga qué hacer lo realice de manera tranquila, serena, en paz, bajo control, contento, positivo, de buen humor, sensatamente, es decir, su educación “emocional”.

  2. La Educación intelectual del docente.

    La formación del docente tradicionalmente ha sido enfocada para educarlo “intelectualmente”, se le considera un objeto del proceso educativo, no un sujeto, un actor, del mismo. El profesor es una herramienta de la ideología pedagógica, planes de estudios, didáctica y  criterios de evaluación, en los que él no participa en su discusión, diseño y aprobación. Es un “misionero” de la Educación, no un “apóstol”: los “Evangelios” de la educación los hacen otros. El profesor es concebido como un “trabajador”, un “empleado”, un aplicador, un instrumento, no un pensador, alguien a quien no se le forma para desarrollar su propia ideología pedagógica, sus propios planes de estudio, su didáctica y criterios de evaluación.

    Con lo anterior no quiero decir que se vaya “por la libre” en su desempeño profesional, significa que debe ser considerado como un trabajador pensante, activo, con iniciativa, para participar tanto en la creación de los Evangelios de la Educación general, como en los Catecismos que imparte en su clase diaria. Para cumplir con este trabajo se le debe brindar las herramientas necesarias para un eficaz desempeño que lo hagan sentir parte de un todo. Dichas herramientas no sólo están relacionadas con el qué debe enseñar, es decir, con los “nuevos contenidos”, que van y vienen, sino con el cómo abordar éstos, para crear él mismo y con su grupo, nuevos contenidos.

    ¿Cómo? A través del aprendizaje de los Métodos y Técnicas de la Investigación Pedagógica, los cuales debe ser considerados no sólo como herramientas de acreditación de los cursos y grados de su formación y actualización, sino como herramientas de la profesión en el ejercicio diario de las clases que imparte. ¿Cuáles son dichas herramientas?:

    1. Problematizar: cuestionar, preguntar.

    2. Plantear hipótesis: responder provisionalmente.

    3. Informarse: buscar textos, observar hechos y preguntar a las personas.

    4. Analizar: describir, interpretar y criticar, lo leído, visto y escuchado.

    5. Redactar y exponer: de manera clara, precisa, amena y sugerente.

    6. Proponer: soluciones y respuestas, tomar posición argumentada.

    Practicando estas herramientas en el aula, los alumnos también aprenderán a aprender nuevos conocimientos de manera tranquila, respetuosa, en conjunto, motivados, si el profesor complementa su formación intelectual con herramientas emocionales.

  3. La Educación emocional del docente.

    Las herramientas del ejercicio profesional docente del siglo XXI deben considerarse además de las metodológicas, las emocionales. ¿Cuáles serían estas herramientas que el profesor debe adquirir y luego practicar para un desempeño intelectual no sólo eficiente, sino también feliz?

    1. Meditar: el control permanente de su atención a través de su respiración consciente. Si nos enseñaran a respirar, como nos enseñan a leer y escribir funcionaríamos todos mejor: Educación Mental.

    2. Ejercitarse: caminar (senderismo rural, urbano, escolar) estiramientos (yoga, tai-chi): Educación Física.

    3. Dibujar, pintar, esculpir, cantar, bailar, tocar un instrumento musical, actuar, componer: Educación Artística.

    4. Escribir cuentos, poemas, novelas: Educación Literaria.

    5. Cocinar: Educación Gastronómica.

    6. Atenderse: Educación de la Salud.

    Si el profesor aprende a mantenerse bajo control de manera relajada y está en buenas condiciones físicas, su trabajo en las aulas será una fiesta del conocimiento y no un suplicio para él y sus alumnos.

  4. Conclusión.

  5. Las reglas que garanticen el derecho de los trabajadores de la educación a un desempeño laboral estable en las aulas, deben considerar la adquisición de las herramientas de una educación intelectual y emocional no sólo de ellos, sino también de los profesores que forman parte temporalmente de las “Autoridades Educativas”. Las reglas deben evitar, con esto, que sean herramientas en manos de unos pocos para violentar física, intelectual y emocionalmente a los demás: la violencia institucional se debe combatir con reglas que sean herramientas elaboradas, aprobadas y aplicadas por todos.

    Con reglas que sean herramientas en manos de todos se fomentará la colaboración, el trabajo en equipo, el respeto, la iniciativa, la creatividad. El nuevo Modelo Educativo construido de esta manera será el antídoto eficaz para combatir el bullying social, institucional, docente, escolar, familiar, y nos dará los espacios estables para el desarrollo pleno que todos queremos en lo familiar, escolar, docente, institucional y social.

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