Defensores de la dignidad humana*

Publicado el 28 de abril de 2014

Alberto Patiño Reyes
Académico de tiempo completo, profesor de Derecho y Religión, de la Universidad Iberoamericana
alberto.patino@ibero.mx

Hoy 27 de abril dos obispos de Roma, Juan XXIII (Angelo Roncalli) y Juan Pablo II (Karol Wojtyla) han sido llevados a los altares.  Apenas el 5 de julio de 2013, se promulgaron varios decretos de la Congregación para las Causas de los Santos. Entre ellos, el beneplácito del milagro atribuido a Juan Pablo II (necesario para la canonización) y otro donde se aprobó la canonización de Juan XXIII —sin haber registrado un segundo milagro— conocido como el Papa Bueno.

Juan XXIII, Romano Pontífice (28/X/1958 a 3/VI/1963) uno de los muchos méritos a destacarle fue la convocatoria del Concilio Vaticano II, el 11 de octubre del 1962. Una verdadera revolución en la Iglesia Católica, no vista desde Trento. Dos documentos capitales sintetizan la aportación original de este pontificado, a saber: Mater et Magistra (1961) enfatizó la cuestión social y Pecem in Terris (1963) es la encíclica de la paz —en medio de la proliferación nuclear— y la primera reflexión de la Iglesia sobre los derechos humanos.

El postulador de su causa, Giovangiuseppe Califano, insistía en las razones de su canonización “que con su vida y su ejemplo ha marcado, de forma indeleble, la historia de la Iglesia”. Una más “la petición de los padres del Concilio Vaticano II, quienes, inmediatamente después de la muerte del Papa, desearon su inmediata canonización como acto del Concilio mismo”.

Juan Pablo II, Romano Pontífice (16/X/1978 a 2/IV/2005) el par de curaciones milagrosas registradas por su intercesión contribuyeron a la conclusión del proceso de canonización, su beatificación (1/V/2011) es de reciente data. El postulador de su causa Slawomir Order, en el libro “Por qué es Santo. El verdadero Juan Pablo II”, rescata  no solamente la imagen de un creyente capaz de vivir el mensaje evangélico, como demuestra la carta inédita a Ali Agca, perdonándole por atentar contra su vida. También al hombre espiritual y alegre.

Además, el diario italiano La Reppublica hace unos años, lo nombraba “portavoz planetario de los derechos humanos” por la defensa que hizo de la dignidad de la persona, tanto en sus encíclicas como en su discurso público. Vivió los genocidios y los crímenes contra la humanidad; la tortura y la pobreza; las agresiones contra las libertades cívicas, los derechos políticos o los económicos; defendió el derecho a la vida.

En México, alzó la voz para la defensa de los indígenas, de los obreros, de los enfermos, de los migrantes, y de la libertad religiosa. En el  Documento de Puebla (1979) estableció la dignidad humana como valor evangélico, colocó a la Iglesia en la defensa de los derechos humanos. Ideas retomadas en su primera encíclica Redmptor Homins (1979).

El Papa polaco, hará de su ministerio una denuncia de los sistemas que oprimen y vulneran la dignidad de las personas en sus derechos fundamentales: el liberalismo económico capitalista y el colectivismo marxista. La caída del Muro de Berlín (1989) es oportunidad para insistir en la explotación inhumana del capitalismo y de su falta de solidaridad con las naciones pobres, encíclica Centesimus Annus (1991).

El relativismo está permeando también sobre los derechos humanos. Para Juan Pablo II, en esta materia no cabe el “chantaje de la duda”, pues el hombre es algo más que un complejo maleable de electrones y protones, apto para ser manipulado, torturado o eliminado. La ideología de los anti-derechos humanos, el nuevo canto de las sirenas, denunciado por este santo.

NOTAS:
* Se reproduce con autorización del autor, publicado en  El Universal, el 27 de abril de 2014

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