Calles y la oposición. De las elecciones presidenciales de 1924 y de  la Unión Popular de Jalisco

Publicado el 20 de junio de 2014

Alfonso Guillén Vicente
Profesor-Investigador de la Universidad Autónoma de Baja California Sur
aguillenvic@gmail.com

El 20 de septiembre de 1924, el primer gobernador civil, nativo y electo de la historia del Territorio Sur de la Baja California, Agustín Arriola Martínez, dejaba el cargo y daba paso a poco más de cuatro décadas de autoridades nombradas por el Centro, que reunían en una sola persona el poder civil y militar de la media península.

Siete días después de la separación de Arriola, la Cámara de Diputados anunciaba que Plutarco Elías Calles era el triunfador en los comicios presidenciales de ese año, con poco más del ochenta por ciento de los votos.

A pesar de esa victoria tan aplastante a nivel nacional, en el Diario de los Debates de ese órgano legislativo  pudo leerse que en Sinaloa y en el Territorio Sur bajacaliforniano las cifras oficiales favorecían al general sinaloense Ángel Flores.

Nacido en un poblado del municipio de Culiacán en 1883, Flores  fue marino de cabotaje y altamar, antes de adherirse al maderismo; después se enroló en el Ejército Constitucionalista. Se destacó en la lucha de facciones contra los villistas, y participó en forma destacada en la Rebelión de Agua Prieta que le permitió a Obregón pasar sobre los carrancistas. Fue varias veces gobernador de su estado, y desde su cargo impulsó la apertura de la agricultura de riego sinaloense1. Sin embargo, su huella más honda en la tierra de los once ríos  fue la Constitución local de 1922, vigente con reformas.

Si se quería encontrar un motivo para el retiro del gobierno sudcaliforniano del comerciante y profesor Arriola, ahí estaban esos resultados electorales desfavorables para Calles a nivel regional. Al igual que en Nayarit, donde Ángel Flores llegó más arriba del cuarenta por ciento de los sufragios, no debía continuar al frente de los destinos de la media península quien podía ser señalado como uno de los principales responsables de la derrota callista en ese territorio.

La cosa no paró ahí.  Ángel Flores agoniza el 31 de marzo de 1926 en medio de las sospechas de sus paisanos.  A su muerte, el gremio de los agricultores sinaloenses manda a realizar la autopsia del hombre fuerte del estado.  Encuentran arsénico en la sangre.

Las sospechas sobre las medidas extremas del general Calles contra sus opositores se acrecientan cuando uno examina el caso del asesinato del abogado Anacleto González Flores, líder máximo de la Unión Popular de Jalisco, el 1º. de abril de 1927.

El médico adscrito a la presidencia municipal de Guadalajara certifica la muerte del nativo de Tepatitlán por herida de bala, a las 14 horas de ese día, -aunque existen versiones que hablan de una herida de bayoneta en un pulmón y huellas de tortura- en la misma fecha en que el Juez Supernumerario de Distrito dirige el oficio número 1359 al Presidente Municipal de la perla tapatía que a la letra dice:

“En el juicio de amparo número 79/27, promovido por el licenciado Anacleto González Flores, por violación de los artículos 14, 16 y 21 constitucionales, contra actos de usted y de otras autoridades, por auto de esta fecha, mandé se le pida informe con justificación, el que deberá rendir dentro del término de tres días contados desde el en que reciba el presente oficio; en el concepto de que la audiencia a que se refiere el artículo 73 de la Ley Reglamentaria del Amparo, se verificará en este Juzgado a las diez horas del día 22 de los corrientes, adjuntándole copia de la demanda de amparo. Lo que comunico a usted para su conocimiento y efectos legales consiguientes, bajo el concepto de que suspendí de plano el acto reclamado consistente en la amenaza contra la vida del quejoso, para que se le respete.”2

¿Por qué el callismo decide eliminar, sin demora y violando un amparo, a este personaje jalisciense?

  1. A partir de 1918, el abogado Anacleto González Flores se destaca en la resistencia de los católicos de su estado contra los decretos 1913 y 1927 del gobernador general Manuel M. Diéguez, considerados anticlericales. Este último fue doblegado a principios de 1919 por un boicot económico que cimbró a la entidad jalisciense.

  2. En 1922, González Flores participó en la formación de la Confederación Nacional del Trabajo, también conocida como Confederación Católica del Trabajo, que parecía hacerle sombra a la CROM de Morones.

  3. A principios de 1925, el abogado oriundo de Tepatitlán convierte la oposición a las medidas del gobernador Zuno en el terreno religioso en una de las organizaciones cívico-políticas mejor estructuradas de ese entonces, pero quizás de las menos estudiadas: La Unión Popular de Jalisco.

Sin el peso propagandístico de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, la Unión Popular representó, en nuestra opinión, una amenaza real para el régimen pos revolucionario por cuanto a su capacidad de convocatoria y su real penetración social, y poco importa aquí si su radio de acción se limitó al occidente de México. Con un estatuto muy simple y un semanario Gladium que llegó a tener un tiraje de cien mil ejemplares, los jaliscienses se dividieron en parroquias, cuarteles y manzanas, con la misma estructura territorial de sus poblaciones.

Si este abogado era, como lo anota Jean Meyer en su Tomo I de La Cristiada, “enemigo personalmente de una solución armada”, por varios motivos, entre los que se encontraban: su experiencia personal, su conducta política y la orden imperativa del Arzobispo de Guadalajara, Monseñor Orozco y Jiménez,  poco importó cuando apareció el movimiento cristero a principios de 1927. El desenlace era inevitable.

NOTAS:
1. Amado González Dávila, Diccionario geográfico, histórico, biográfico y estadístico del estado de Sinaloa, Gobierno del estado, Culiacán, 1959, p. 213.
2. Cristeros, Textos, documentos y fotografías. Gobierno de Jalisco, 2007, p.248.

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