Una perspectiva sobre el rezago educativo en las escuelas de educación
básica en México

Publicado el 31 de agosto de 2015

Miguel Ángel Morales Sandoval
Profesor en la Facultad de Derecho de la UNAM,
msandovalm@derecho.unam.mx

El 25 de febrero de 2013 el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, dio a conocer —en el Palacio Nacional, frente a todas las autoridades educativas del país— la promulgación de la reforma constitucional en materia educativa, con la cual —según palabras de nuestro presidente— se dio un paso decisivo para hacer realidad el derecho humano a la educación de “calidad” para los mexicanos. Hoy, a más de dos años de su promulgación, los profesores y en especial los que trabajamos en el ámbito educativo básico hemos podido observar las consecuencias que ha traído este retroceso en la educación de nuestro país. Debido a esto me permitiré, en las siguientes líneas, dar mi punto de vista respecto de uno de los objetivos y ejes rectores que fundamenta esta supuesta reforma educativa.

Como todos sabemos, el artículo 3o. de nuestra Constitución mexicana protege el derecho de la educación, el cual fue uno de principales ideales y propósitos que nació a raíz de la Revolución mexicana y fue plasmado en la Constitución de 1917, que actualmente nos rige. Recordemos que nuestra carta magna es la primera en el mundo que establece los derechos humanos de solidaridad o derechos de los pueblos característicos de la tercera generación.1

Con la reforma podemos observar que en el primer párrafo del artículo ya no sólo se establece que la educación preescolar, primaria y secundaria es obligatoria, ahora también contempla la educación media superior, situación que en lo personal considero que es uno de los pocos propósitos favorables parcialmente, y digo parcialmente porque este precepto va muy ligado a combatir el abandono escolar y el rezago educativo en las escuelas, o por lo menos así lo han interpretado las escuelas de educación básica en todo el país. Si consultamos la página electrónica www.reformas.gob.mx, se pueden conocer las reformas estructurales del gobierno de la República, y en especial sobre la reforma educativa, que establece, cito textualmente, “es la vía para asegurar la educación obligatoria de calidad al alcance de todos los niños y jóvenes del país. La educación gratuita, laica e incluyente permitirá avanzar seriamente en el propósito de abatir el rezago y proporcionar a los alumnos una educación integral, para la convivencia armónica y el desarrollo personal y social, así como con las herramientas que le permitan competir en un mundo globalizado que hace el uso del conocimiento y la tecnología”.

Respecto de lo anterior quiero mencionar que la Secretaría de Educación Pública (SEP) ha llevado a cabo varios programas para abatir el rezago educativo, el más destacado de todos: el “Programa de Escuelas de Excelencia para Abatir el Rezago Educativo” consiste, en concordancia con el Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018, en la necesidad de crear ambientes de aprendizaje en espacios educativos con infraestructura, servicios básicos y equipamientos fortalecidos;2 el programa inicia con un vale de entre 800 mil y un millón de pesos aproximadamente, que la SEP le otorga a algunas escuelas para mejorar la infraestructura de las mismas, y así abatir el rezago educativo. La primera observación que yo hago a este programa es que, para empezar, no es general; es decir, son muy pocas escuelas las privilegiadas con en este programa, y en su mayoría son escuelas que ya cuentan con una infraestructura no digna pero sí tolerable; yo me pregunto: si estos programas sólo se otorgan a algunas escuelas, ¿no será prudente otorgar este tipo de presupuesto a escuelas que no cuentan ni con lo mínimo para poder llevar a cabo los hasta ahora inalcanzables espacios educativos y ambientes de aprendizaje adecuados? Quienes realizaron esta mal llamada “reforma educativa” tal vez no se hayan dado cuenta de que en los estados hay escuelas sin techo, donde las butacas son piedras de la región, sin mencionar otros aspectos. La segunda observación es que con ese recurso económico las escuelas ocupan este programa para mejorar sus instalaciones, pero —desde mi punto de vista— lo único que se ha visto es la mejoría de su infraestructura, contrario completamente a su objetivo principal. Otra estrategia que se ha usado es que en cada Consejo Técnico Escolar se les pide a los profesores llenar un cuestionario donde relaten las estrategias que se obligarán a realizar para abatir el rezago educativo; es importante reconocer que los profesores día con día hacen hasta lo imposible por mantener al alumno atento e interesado en el estudio; sin embargo, los programas, el cuestionario de los Consejos Técnicos Escolares y la lucha de los profesores por mantener a los alumnos con ese interés por seguir estudiando no es suficiente; lamentablemente, aunque el profesor haga todo lo posible, el problema del rezago educativo no radica en las escuelas, sino en la comunidad y en el país.

Cómo podríamos nosotros los profesores garantizar la estancia de los estudiantes en las escuelas si sus padres no cuentan con un salario digno, motivo por el cual tienen que abandonar sus estudios para salir a buscar trabajo. Por tanto, hay que tener claro que muchos de los jóvenes mexicanos no cuentan con las condiciones básicas de una vida digna para cumplir satisfactoriamente con su obligación de estudiar.

Por último, hay otra situación que me resulta aún más preocupante que cualquier otra dentro de esta reforma: los métodos que se han venido empleando dentro de las escuelas de educación básica para eliminar el abandono escolar y el rezago educativo, consistes en la aplicación de exámenes de recuperación3 y extraordinarios de recuperación, que exhorta a los profesores a aplicárselos a los alumnos reprobados. Este proyecto consiste en que si a partir del tercer bimestre algún alumno no pudo acreditar la materia por razones de incumplimiento de sus actividades escolares o no asistió durante algún bloque, tenga la oportunidad de simplemente ir a presentar su examen de recuperación y acreditar la materia. Así, cada bimestre el maestro tiene que presentar una lista con sus alumnos reprobados, además de las estrategias pedagógicas que utilizará para apoyar a esos alumnos; también su examen junto con una guía de estudio; el día del examen de recuperación se le recuerda al profesor que él es el responsable del pago del examen, así como de la guía de estudio para el alumno, situación que consterna a todos, ya que a la escuela se le brinda cierto presupuesto destinado al material didáctico; lo siguiente es que si el alumno no aprueba sus exámenes de recuperación puede realizar su examen extraordinario de recuperación, y si no lo pasa puede realizar sus dos vueltas de exámenes extraordinarios; por cada uno de estos exámenes el profesor está obligado a entregar la lista de alumnos reprobados, explicar el porqué de la calificación de cada uno de esos alumnos, las estrategias pedagógicas, la guía de estudio y el examen; independientemente de los trámites, el profesor lleva consigo el continuo recordatorio, por parte de las autoridades, de que no puede haber reprobados, ya que de lo contrario la culpa no sería del alumno sino del profesor por no saber enseñar, condicionándolo a que si tiene muchos reprobados la solución radicaría en tomar cursos para el mejoramiento de las clases o someterse a exámenes de conocimiento para saber si realmente es apto para impartir su cátedra.

Así, quien realizó esta reforma no se dio cuenta que la erradicación del abandono escolar no depende de los maestros, sino de la plenitud económica, social, familiar, física y emocional con la que cuenta el alumno; claro que los profesores aportan mucho al pleno desarrollo de los jóvenes, pero no depende sólo de ellos la solución de estos conflictos.

Muchos jóvenes y también profesores se han acoplado de manera errónea a esta reforma; los alumnos saben que aunque no realicen sus actividades o no vayan durante todo el ciclo escolar pueden presentarse en la escuela un mes antes de que concluya el periodo educativo y realizar sus exámenes de recuperación (los cuales son muy sencillos); por otro lado, la mayoría de los profesores también se han dado por vencidos y prefieren pasar a los alumnos con una calificación mínima de 6.0 o hacer exámenes fáciles para evitar el problema de realizar trámites extras, problemas con los alumnos, con los padres de familia y con la misma autoridad, que se supone tendría que respaldar el trabajo de los maestros, y no es que les parezca lo correcto, simplemente que la cantidad remunerada no es equivalente al trabajo ejercido por los profesores, con horarios extraños, que los obliga —a la mayoría de ellos— a trasladarse de un extremo a otro de la ciudad, o, en su defecto, a tener horas en la mañana y esperar hasta la tarde o la noche para poder cubrir su horario porque tienen cinco o seis horas libres intermedias, además de preparar clases, trámites de la escuela, secuencias didácticas semanales, exámenes, trabajos, proyectos escolares, actividades de los Consejos Técnicos que no tienen mucho sentido; aunado todo esto a diferentes situaciones, como alumnos con problemas de atención o problemas familiares, etcétera. Por tanto, el profesor ha optado por evitarse un problema más de todos los que le acontecen a diario y seguir las directrices de la escuela, es decir, se ha dejado corromper por el sistema.

En la actualidad podemos observar que a pesar de todo esto, aún existe un gran porcentaje de alumnos que abandona la escuela, por lo que el objetivo no ha funcionado del todo; por otro lado, muchos de los alumnos que cursan la educación primaria y secundaria con el simple hecho de irse a sentar al salón de clase sin hacer nada y realizar un sencillo examen de recuperación tienen por seguro la obtención de su certificado, aunque éste sea expedido con la mínima calificación de 6.0.

La situación es analizar de qué sirve que tengan un certificado si no cuentan con los conocimientos necesarios para poder continuar sus estudios o, peor aún, para resolver los problemas cotidianos de su vida; qué objetivo tiene que en algún momento la mayoría de los mexicanos cuenten con un certificado de secundaria sin saber pensar, ignorantes de la situación de su comunidad, de su país y de ellos mismos; con todo esto, pareciera ser que el propósito de nuestro actual gobierno mexicano es diferente al que se ha planteado.

NOTAS:
1. Escamilla Salazar, Jesús (coord.), Los derechos humanos y la educación, México, Porrúa-UNAM, 2009, p. 40.
2. Programa de Escuelas de Excelencia para abatir el Rezago Educativo, http://www.sep.gob.mx/work/models/sep1/Resource/5015/1/images/programa_excelencia_u082.pdf.
3. Acuerdo 696 por el que se establecen normas generales para la evaluación, acreditación, promoción y certificación en la educación básica, http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5314831&fecha=20/09/2013.



Formación electrónica: Luis Felipe Herrera M., BJV

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