UNAM en peligro1

Publicado el 30 de octubre de 2015

John Ackerman
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM,
ackerman@unam.mx
JOHN M. ACKERMAN
@JohnMAckerman

Fidel Herrera es el nuevo cónsul en Barcelona, un cadáver cuelga de un puente en Iztapalapa, linchan a encuestadores en Puebla, y el Poder Legislativo se apresta a dar jugosos regalos navideños a Coca-Cola, con la reducción del impuesto sobre el refresco, y a Televisa, con el aplazamiento del apagón analógico. Son signos todos de una enorme descomposición institucional que paso a paso va dejando desprotegidos a los ciudadanos mexicanos en su heroica lucha cotidiana por salir adelante y tener una vida digna.

La llave de nuestro futuro triunfo como nación soberana y sociedad próspera se encuentra en el sistema educativo nacional. Gracias a las escuelas y las universidades públicas del país, México hoy cuenta con un pueblo consciente, creativo y participativo. Gracias a la permanente dedicación de los maestros, el compromiso de los alumnos y el dinero de nuestros impuestos, México sigue de pie aun en el contexto actual de ataque directo de la clase política y los oligarcas en contra de la historia, las tradiciones y la conciencia nacionales.

Los distinguidos integrantes de la Junta de Gobierno de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tienen entre sus manos una de las decisiones más importantes en sus vidas profesionales, así como en la historia reciente del país. ¿Fungirán como convidados de piedra a una transacción perversa entre fuerzas oscuras en contra de la máxima casa de estudios? ¿O defenderán el espíritu público, autónomo y crítico de la universidad?

Hasta el momento, los 15 integrantes de la junta han enviado señales sumamente preocupantes. Han deliberado en total sigilo y faltado el respeto a la comunidad universitaria. El pasado martes 20 de octubre más de cien distinguidos académicos planteamos una serie de preguntas a nuestros colegas de la junta (véase: http://ow.ly/TOA7y). Estas preguntas invitan respetuosamente a los colegas a fundar y a motivar sus resoluciones, a transparentar su proceso deliberativo y a pronunciarse públicamente en favor de una reforma a la Ley Orgánica de la UNAM para democratizar los procesos decisorios en la universidad.

La respuesta fue un silencio sepulcral. El jueves 22 de octubre la junta emitió su lista de finalistas sin ofrecer explicación de sus criterios o justificación alguna de su decisión (http://ow.ly/TODPf). Y la pasarela de los candidatos en Radio y Tv UNAM no es más que un ejercicio de transparencia simulada que distrae la atención de la exigencia principal de transmisión en vivo de las sesiones de la misma junta.

Un buen universitario siempre ofrece argumentos y razones para sustentar sus puntos de vista. Los profesores tienen el deber de justificar las calificaciones que damos a los alumnos y un artículo científico solamente se publica si el autor respalda sus afirmaciones con evidencia empírica y argumentos claros. La total opacidad de la junta se aparta del espíritu universitario y genera sospecha sobre los verdaderos motivos de su eventual decisión.

En general, la junta ha fracasado en su esfuerzo por legitimar el proceso de relevo en rectoría. Aun aceptando sin conceder las cuentas alegres de la junta, que dice haber recibido 34 mil opiniones sin transparentar su contenido, esta cifra solamente alcanzaría 9 por ciento de los casi 400 mil miembros de la comunidad universitaria. Existe una tasa de abstención de 91 por ciento, un boicot electoral de facto.

La Ley Orgánica de la UNAM en su artículo sexto, primer inciso, señala que, antes de decidir, la junta explorará, en la forma que estime prudente, la opinión de los universitarios. La enorme abstención evidencia la falta de prudencia de los decisores. En lugar de tomar en cuenta la totalidad de las opiniones de la comunidad se han limitado a escuchar solamente las posiciones más extremistas expresadas por aguerridos militantes que apoyan, por voluntad propia o por presiones clientelares, a uno u otro candidato a la rectoría.

Ahora que nos encontramos en la recta final, el nuevo rector tomará posesión el 17 de noviembre; es el momento para que la junta finalmente abra su perspectiva más allá de los propagandistas de los candidatos y las llamadas desde Los Pinos. Tendrían que tomar su decisión con la más absoluta responsabilidad con la conciencia de que ella afectará a la totalidad de la comunidad universitaria y a la nación entera.

En un impecable artículo publicado en Aristegui Noticias sobre los peligros de la candidatura de Sergio Alcocer (http://ow.ly/TOHPk), Javier Jiménez Espriú, distinguido ex director de la Facultad de Ingenieria y ex integrante de la Junta de Gobierno de la UNAM, señala que la Junta de Gobierno no permitirá injerencias externas; no se comportará con el sometimiento y la subordinación de los miembros del Legislativo, ante las imposiciones del Presidente. Y tampoco la comunidad universitaria aceptará imposición alguna. No permitirá la entrega de la universidad a intereses ajenos.

Hagamos votos y sobre todo actuemos para hacer realidad este optimismo casi utópico del ingeniero Jiménez Espriú. Rompamos con el silencio cómplice que ha permitido los constantes atracos a la nación. Expresemos con todos los medios a nuestro alcance nuestro orgullo universitario y nuestro compromiso con la nación.

NOTAS:
1. Se reproduce con autorización del autor, publicado en La Jornada, el 26 de octubre de 2015



Formación electrónica: Luis Felipe Herrera M., BJV

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