Estado sin humanidades

Publicado el 22 de octubre de 2018

Víctor Manuel Collí Ek1
Investigador del Centro de Investigaciones Jurídicas, Universidad Autónoma de Campeche,
email vimcolli@uacam.mx
bloggerwww.victorcolliek.com

“Los Estados son como los hombres, nacen de sus mismos rasgos”, nos afirma Platón. En tal sentido, los elementos para el desarrollo sano de una persona podrían ser igualmente elementos para el desarrollo de una sociedad organizada.

En la Edad Media los hombres libres se cultivaban en la asimilación de las artes liberales conocidas como el Trivium y Quadrivium que abarcaban gramática, dialéctica y retórica para el primero; y aritmética, geometría, astronomía y música para el segundo. Como se puede deducir con facilidad, se trataba de fomentar conocimientos de diversas disciplinas, que tendían a una educación integral y equilibrada que hiciera desarrollar y actualizar la complejidad de la potencialidad humana.

Si seguimos a Platón, la sociedad organizada y los Estados requerirían políticas que fomentaran el desarrollo de su propia potencialidad, desarrollar e impulsar las diversas artes y ciencias a fin de buscar impulsar la evolución social hacia un Estado más justo y comprometido con el bienestar de sus integrantes.

Ciertamente en una sociedad como las actuales, donde la globalización, la tecnificación, la virtualización y la colaboración requieren de herramientas especiales como el uso de la tecnología, las redes sociales y el estudio e investigación de las mismas para tener constantemente instrumentos más adecuados a las necesidades crecientes del paso del tiempo. Pero no por ello debemos dejar de ver con claridad que ésta es solo una dimensión de una realidad social y estatal mucho más compleja, que como las artes liberales, demandan del estudio e investigación de las demás disciplinas.

Esta reflexión parecería evidente, pero las muestras factuales nos dicen que no lo es tanto, debemos seriamente frenarnos un poco de la dinámica acelerada de la vida cotidiana y ponernos a aclarar de nuevo las ideas.

Las críticas que ha levantado la carta de la futura directora del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT), la doctora María Elena Álvarez-Buylla Roces, donde pide no comprometer el presupuesto del año que viene mediante la aprobación de diversos fondos de investigación y actividades relacionadas, ciertamente llevan el razonamiento de que se trata de una solicitud de consecuencias trascendentales con tintes negativos, desde la acusación de que quiere ejercer funciones aun no teniendo el cargo, hasta que esta solicitud afecta la naturaleza del desarrollo científico. Sin embargo, puede ser entendible desde la visión de que se trata de un cambio de administración inminente que desea replantear el cómo se apoyará a la investigación científica en nuestro país, y se quiere hacer desde el primer día.

Hay un cierto tono de acierto en tal decisión si lo vemos desde la perspectiva de pararnos a repensar cómo nuestra sociedad va a fomentar el cultivo de las ciencias regresando a una visión multidimensional y no solo tecnológica. Lo anterior es evidente y hasta plausible —si efectivamente eso es lo que se pretende hacer— cuando vemos, por ejemplo, como el nuevo CONACyT pondrá a las humanidades en su propio escritorio.

En contraste a este rescate de las humanidades y ciencias sociales, este año se prendió un foco de alerta ya que a uno de los fondos más importantes en el país para el desarrollo de investigación científica —el Fondo para la Investigación Científica Básica—no se le otorgó presupuesto para ningún proyecto de investigación en ciencias sociales y humanidades; es decir, no hubo dinero para la filosofía, la ciencia política, derecho, historia, entre otras; lo cual es la culminación de una tendencia que se podía observar desde varios años atrás.

Si interpretamos a Platón, el Estado solo podrá progresar por un camino sólido cuando se cultiven tanto las ciencias exactas y las tecnologías, como las humanidades y las ciencias sociales. Nos urge pararnos a reflexionar y retomar el rumbo, no puede pasar que el Estado decida apoyar sólo a una parte del estudio de la realidad, dejando de lado aquellas disciplinas que nos ayudan a comprender la justicia, la moralidad, la naturaleza humana, el marco legal, las causas últimas y nuestra propia historia.


NOTAS:
1 Responsable del proyecto de investigación: “La Suprema Corte y la defensa de los derechos humanos en el nuevo paradigma jurisprudencial en México. Doctrina constitucional en serio”, financiado por la SEP-PRODEP, del cual este análisis es un producto.

Formación electrónica: Yuri López Bustillos, BJV
Incorporación a la plataforma OJS, Revistas del IIJ: Ilayali G. Labrada Gutiérrez

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