Niños en las calles. Han pasado los días de navidad, de sensibilidad generalizada1

Publicado el 16 de enero de 2019

José Dávalos Morales
Profesor de Derecho Laboral en la Facultad de Derecho de la UNAM,
email josedavalosmorales@yahoo.com.mx

Han pasado los días de Navidad, de sensibilidad generalizada. Los niños de la calle nos arrancan el corazón, caemos en la cuenta de que como sociedad hacemos muy poco o casi nada por ellos. Debajo de los puentes, las terminales de autobuses, cerca del calor de las alcantarillas, ahí se defienden esos niños del frío. Así viven su hoy, el mañana no saben si llegará para ellos.

En México hay 3.6 millones de menores trabajadores entre 5 y 17 años, que es la mitad de la cifra reportada para la región de América Latina y el Caribe, conforme a cifras de la Unicef y de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo. Datos tomados de un trabajo realizado por el investigador Víctor Inzúa Canales, de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM.

La edad mínima para trabajar en nuestro país es la de 15 años cumplidos. La Constitución prohíbe la ocupación de los menores de 15 años. Los niños de 5 a 15 años ¿por qué trabajan y en qué lo hacen? Lo hacen porque no tienen otro medio para vivir que las monedas que les da la gente. Consiguen esas monedas extendiendo la mano, pidiendo limosna, lo hacen vendiendo dulces o chicles, lo hacen limpiando parabrisas en las esquinas.

Cuántas veces esos niños consiguen su medio de vida acercándose a donde les facilitan la ingestión de alcohol, el consumo de drogas, o las relaciones sexuales. Pocos de ellos consiguen inscribirse en alguna escuela y cursar la primaria y la secundaria. Hay veces que llegan a realizar una carrera profesional. Las pocas monedas que reciben en las calles las ocupan para comer, pera vestir y en algunas ocasiones para ayudar a los gastos de su familia. Hablar de este problema de los niños de las calles, a veces nos saca las lágrimas.

La autoridad federal, local y municipal son los líderes naturales en todo el país. Los ciudadanos estamos dispuestos a colaborar en la medida de nuestras posibilidades. Estos niños necesitan comida, necesitan vivienda, necesitan vestido, necesitan medios de diversiones sanas, necesitan preparación para hacer resolver las necesidades de la vida que pronto les llegarán.

Al decir esto no es que el Estado arranque a estos niños de sus familias, no. Es hacer frente a un problema que ya no puede esperar la intervención organizada de las autoridades y de la sociedad civil. Se requiere poner manos a la obra ya. De otra manera volverán a llegar las efemérides, las fechas en que se recuerda a los niños, y volveremos a sentirnos responsables, pero hasta ahí, no más.


NOTAS:
1 Se reproduce con autorización de el autor, publicado en La Prensa, el 5 de enero de 2019.


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