La Universidad Nacional ante los rankings internacionales

Publicado el 13 de febrero de 2019

Roberto Carlos Fonseca Luján
Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM
emailrfonsecal@derecho.unam.mx

En enero se dio a conocer el listado 2019 del QS World University Ranking, una de las clasificaciones sobre las mejores universidades del mundo, elaborado por una firma con sede en Londres. En este ranking, la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aparece como la segunda mejor en Latinoamérica, después de la Universidad de Buenos Aires, Argentina; en el listado mundial se encuentra en la posición 113. Hasta ahora, es la mejor posición que ha tenido la UNAM en este ranking, pues en las anteriores ediciones aparecía como la tercera mejor en la región, detrás de la Universidade de São Paulo, Brasil. En la lista global, la UNAM ha mejorado sesenta posiciones, al ascender desde el lugar 175 en el que apareció en el listado de 2015.

El efecto principal de estos rankings es mediático; sus audiencias son los estudiantes con posibilidades de movilidad internacional, pues los listados fungen como guías de consumo en el mercado global de la educación superior. Sin embargo, más allá de la publicidad, los rankings también pueden tener efectos políticos, y es peligroso utilizarlos de manera acrítica para tomar decisiones administrativas o formular políticas públicas.

De ahí que sea necesario ahondar y hacer una reflexión sobre los indicadores que se tienen en cuenta para establecer cuándo una universidad es mejor que otra. De acuerdo con la metodología que informa el sitio web del QS World University Ranking, la posición de las instituciones se basa en seis elementos: a) la reputación académica, que se fija a partir de una encuesta elaborada por la propia firma; b) la reputación entre los empleadores, que también se deriva de una encuesta; c) la ratio profesor/estudiante; d) el índice de citaciones por artículo por profesor investigador, y e) la ratio entre profesores y estudiantes internacionales.

Los dos primeros criterios corresponden a un 50% de la valoración. Éstos miden la percepción de grupos determinados sobre cada universidad. De acuerdo con QS World University, sus encuestas se aplican a 80 mil especialistas educativos y 40 empleadores. Se entiende que la percepción es un mero acercamiento al prestigio de las instituciones, tanto en el ámbito nacional como en el escenario global.

Analícese aquí el tercer criterio: la ratio profesor/alumno, que corresponde a un 20% de la valoración del ranking. Existe una idea generalizada en el pensamiento educativo actual de que un menor número de alumnos por profesor es un factor que influye sustancialmente en la calidad de la enseñanza. En la educación universitaria, una proporción adecuada puede ser veinte alumnos por cada profesor (de acuerdo con estándares formulados en Europa, durante el proceso de convergencia derivado del Plan Bolonia). Un número mayor de alumnos puede significar menos tiempo y atención del docente para cada uno y, por tanto, peores resultados educativos.

Véanse las cifras que se pueden consultar públicamente en la página del QS World University Ranking. Según se informa, la mejor universidad del mundo es el Massachusetts Institute of Technology, que reporta una matrícula de 11,145 estudiantes de tiempo completo, frente a un cuerpo de profesores de tiempo completo de 3,009. Aunque los datos no ofrecen más detalles, se puede inferir que la ratio aproximada es 1:4; hay un profesor por cada cuatro alumnos. En el caso de la mejor universidad de Latinoamérica, la de Buenos Aires (122,298 alumnos y 16,419 profesores), la ratio aproximada es 1:8. En el caso de la UNAM (143,714 alumnos y 14,712 profesores), la proporción aproximada es 1:10.

Las cifras de la empresa difieren de lo que apunta la agenda estadística 2018 de la UNAM, de acuerdo con la cual la matrícula de licenciatura (sin incluir sistema abierto ni a distancia) y posgrado es de 210,196 alumnos, y el número de profesores de tiempo completo es de 12,395. Estas cifras elevan la proporción a 1:17.

Visto esto, cabe preguntarse: para ascender en el ranking, ¿la UNAM debe contratar más profesores de tiempo completo? Probablemente sí, ello pueda ser un factor para mejorar la posición. Sin embargo, no es del todo claro que la calidad de la enseñanza superior sea un asunto del número de profesores disponibles por alumno, ni mucho menos es aceptable que la Universidad deba asumir como una preocupación institucional “mejorar” su posición en los rankings.

Estos temas se inscriben en un debate más amplio, como es el reto que tienen las universidades latinoamericanas de enfrentar la globalización. Las universidades latinoamericanas tienen peculiaridades que las distinguen de las europeas y de las estadounidenses, como la vocación social y el compromiso con el desarrollo de sus naciones. De este modo, sus preocupaciones principales van más allá de captar “clientes estudiantes” en el mercado global de la educación.

Cada vez que aparezca uno de estos rankings valdrá la pena revisar la Declaración Final del Encuentro de Universidades Latinoamericanas, realizado en mayo de 2012 en la Ciudad Universitaria de la Ciudad de México. Este documento señala que las universidades de este continente tienen la necesidad de transformarse para entrar en sintonía con los rápidos cambios globales, pero, al mismo tiempo, tienen la responsabilidad de mantener sus raíces y fortalecer el estudio y la reflexión sobre las historias y culturas propias, y sobre problemas como la pobreza y la desigualdad que siguen aquejando a sus naciones.


Formación electrónica: Yuri López Bustillos, BJV
Incorporación a la plataforma OJS, Revistas del IIJ: Ilayali G. Labrada Gutiérrez

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