La necesidad de modificar el diseño institucional actual de los sistemas jurídicos, económicos financieros y sociales que regulan la vida humana una vez superada la catastrófica pandemia del COVID-19

Publicado el 3 de abril de 2020

Francisco José de Andrea Sánchez
Investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas, UNAM
emailfranciscodeandrea@post.harvard.edu

El mensaje que nos da la naturaleza y la catástrofe en que nos metimos los seres humanos, a todos los que logremos sobrevivir la pandemia del COVID-19, es que ésta es la última llamada para que entendamos que la humanidad debe enmendar su manera actual de vivir.

Deberemos unirnos y reconstruir después de la pandemia. El paradigma de la estructura de las sociedades humanas actuales tendrá que ser cambiado bajo una nueva forma de ver la vida en sociedad y asegurar la supervivencia del ser humano en nuestro planeta bajo sistemas políticos, económicos y de sustentabilidad ecológica racionales, muy distintos a los actuales.

En este sentido, y por solo mencionar algunos rubros:

1. Deberemos modificar el andamiaje constitucional y el régimen jurídico de las actividades financieras, económicas y políticas para adecuarlas de fondo —y no sólo de forma— para que su aplicación y observación remedien las obscenas desigualdades del actual orden socioeconómico y financiero existente en el mundo. No me parece, visto el actual contexto mundial, que sean suficientes, como no lo han sido en el pasado, los buenos propósitos o reformas superficiales que reproducen los mismos defectos de diseño institucional que conducen a una concentración de la riqueza en unos cuantos empresarios billonarios u oligopolios.

2. El sistema que teníamos y que aún está en pie nos llevó en parte a no poder responder con agilidad y rapidez eficientes ante el surgimiento de una pandemia mundial ocasionada por un virus nuevo, sin inmunidad colectiva o vacuna. Los ejércitos de millones de trabajadores que sobreviven al día, no sólo en los países del tercer mundo o del mundo en desarrollo, sino incluso en las primeras potencias del mundo, coloca ahora a los gobiernos de dichos centros de poder ante la necesidad de ofrecer programas “salvavidas” de apoyo emergente provisional como fuente de financiamiento único de las necesidades más elementales de todo ser humano, como alimentarse y disponer de servicios de electricidad y agua potable mínimos, ante la inexistencia de ahorros suficientes por parte de la mayoría de la clase trabajadora del mundo.

3. El nuestro es mundo que funciona actualmente con sistemas hospitalarios y sistemas de salud suficientes únicamente para cubrir las necesidades “revolventes” mínimas de un pequeño número de pacientes “normales” y de un grupo aún más reducido de pacientes con necesidad de cuidados de terapia intensiva. Los sistemas hospitalarios y de atención de la salud —al igual que el sistema financiero y económico— están diseñados en la actualidad, en la inmensa mayoría de los países del mundo, únicamente para cubrir las necesidades mínimas cotidianas de millones de personas en todo el mundo.

4. Las debilidades de dichos sistemas son ahora dramáticamente visibles y nos obligan —una vez superada la pandemia— a hacer una revisión impostergable, como establecía al inicio de este ensayo, del diseño institucional actual que regula jurídica, económica y financieramente al mundo en la actualidad.



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