Día de Europa: 70 años de un proyecto común

Publicado el 21 de mayo de 2020

Ángel Maximiliano Santiago Ibarra
Licenciado en Derecho por la Universidad de Guanajuato y candidato a máster
en Derecho Constitucional por el Centro de Estudios Políticos y
Constitucionales de Madrid, España
email maxsantiagoib@gmail.com

Todo proceso que incluya la voluntad de actores (llámense Estados, gobiernos, empresas, partidos políticos, movimientos sociales, etcétera) necesariamente tiene que haber acuerdos, y para llegar a esos acuerdos se requiere de discusión, debate, proposición, negociación y deliberación; hacer política, en pocas palabras. Por lo tanto, es un esfuerzo y un proceso colectivo en el que participan diferentes voces, y precisamente ello es la Unión Europea.

La Unión Europea es una entidad política que sus orígenes se remontan desde hace 70 años con la declaración Schuman del 9 de mayo de 1950, para luego dar paso en 1951 al primer tratado constitutivo (Tratado de París) de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) y finalmente constituirse formalmente como Unión Europea con la adopción del Tratado de la Unión Europea (Maastricht) en 1992, y que se rige actualmente por el Tratado de Lisboa de 2007. Para entender la tan anhelada integración europea, a mi consideración, debe hacerse desde el principio de atribución de competencias, que implica, tal y como rezaba el Tratado de la Comunidad Europea, obligación de actuar “dentro de los límites de las competencias que le atribuye el presente Tratado y de los objetivos que éste le asigna”, inspirado en la tradicional dinámica de una progresiva profundización en la integración, es decir, mayor federalización, y en su caso intensificación, de las reglas comunitarias o supranacionales de funcionamiento de la Unión en la concreción de las competencias cedidas por los Estados miembros.

No obstante, pese a los esfuerzos por mantener un orden de consenso, existen dificultades para definir cuántos intereses superiores en un contexto dado coexistan, ya que son sus debilidades innatas al no ser un Estado. Para algunos autores, como Jonathan Zeitlin, Francesco Nicoli o Brigid Laffan, la Unión Europea vive una policrisis: social, económica, política, ambiental, sanitaria, etcétera. Y es preciso en esta fecha preguntarse ¿qué hacer ante ello? Política, mucha política, Estados más sociedad en general, sumando esfuerzos de solidaridad y empatía de manera multisectorial y multilateral. No existe instrumento más poderoso que la política para producir soluciones exitosas a las múltiples crisis.

Por mencionar un ejemplo, el Brexit, que se creía que iba a fortalecer a la Unión Europea, sin embargo, los principales aliados de Gran Bretaña en el Consejo Europeo adoptan ahora las mismas políticas insolidarias e individualistas de quien cree que no necesita a nadie más. Ese es el principal desafío que tiene la Unión, la desunión.

Más reciente, el caso de la pandemia por el Covid-19 (el mayor shock a la economía global desde la Segunda Guerra Mundial) ha corroborado que aún existen otros virus que atacar, como la desinformación, la crítica y la culpa entre gobiernos y países, la descoordinación de ámbitos de gobierno, el ocultamiento de información, la falta de cuidado de las finanzas públicas y, sin duda, la falta de prevención frente a circunstancias fortuitas y extraordinarias, lo que nos da pauta para poder afirmar que es urgente una Europa más federal con miras al reforzamiento de las instituciones financieras multilaterales para que exista mayor espacio fiscal para evitar el colapso sanitario, el desplome económico y una grave crisis social.

Pero además de la policrisis está algo igualmente pernicioso que es el policlivaje (divisiones políticas) en la sociedad, que será la resultante de estas mismas policrisis. El despertar de la ciudadanía traerá nuevos conflictos políticos cuando se den cuenta que los Estados ya no tienen soberanía en determinadas materias, sino que la han cedido a una entidad supranacional.

No olvidemos tampoco que este año comienzan los trabajos de la Conferencia sobre el Futuro de Europa, lo cual significa indudablemente una redignificación de la Unión Europea que represente el regreso a sus valores fundamentales: respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías.

En definitiva, concluyo manifestando que la Unión Europea ha sido el gran experimento político europeo exitoso del siglo XX y no puede ni debe desaparecer, no puede desintegrarse, pues sería destruir todo lo ya construido. Debe apostarse por la conjunción de política con políticas, tomando en cuenta los diversos contextos nacionales y locales, donde quizá sea el momento de pensar en una Europa federal, en unos Estados Unidos Europeos.

Referencia

Zeitlin, Jonathan et al., Introduction: The European Union Beyond the Polycrisis?

Integration and Politicization in an Age of Shifting Cleavages.


Formación electrónica: Yuri López Bustillos, BJV
Incorporación a la plataforma OJS, Revistas del IIJ: Ignacio Trujillo Guerrero

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