El racismo también es nuestro

Publicado el 15 de junio de 2020

Elia Avendaño Villafuerte
Profesora-investigadora del Programa Universitario
de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad

emaileavendanov@hotmail.com

emailderechos.puic@gmail.com

El refrán popular “Como te ven, te tratan” resume la relación entre la apariencia de una persona y su acceso a derechos y oportunidades.

El asesinato de George Floyd ha vuelto a poner énfasis en la discusión sobre lo pernicioso del racismo, y provoca la reflexión situada en nuestro espacio; en México no existe una segregación tan evidente como en Estados Unidos, aquí el racismo no se admite públicamente, pero ocurre, nos acostumbramos a su normalización en las relaciones sociales. No se trata de un rechazo palpable, se compone por actitudes cotidianas, comunes, incluso a través de consejos “bien intencionados o de buena fe”; a veces se manifiesta en desaires, comentarios, burlas, maltrato o restricción de acceso a determinados espacios —como lo señala Guadalupe Hurtado Bañuelos en La reserva al derecho de admisión—; lo notamos aunque sea velado, pero lo toleramos porque es cotidiano, lo dejamos pasar porque nos acostumbramos a su existencia, sin embargo, su reiteración frecuente y poco evidente afecta directamente el ánimo, la autoestima y el amor propio de las personas racializadas.

La discriminación es cotidiana en nuestra vida, implica tomar decisiones excluyendo opciones, como mecanismo de sobrevivencia; se vuelve un delito cuando limita, impide, obstaculiza o niega el ejercicio de derechos. La discriminación es racial cuando se utiliza la raza, el color, el linaje, el origen nacional o étnico para denostar a las personas a partir de prejuicios que generalizan sus características físicas o apariencia con una connotación negativa.

Las mujeres negras, afromexicanas, afrodescendientes, morenas, costeñas, mascogas o jarochas son 704,929, según las cifras del INEGI; representan a más de la mitad de la población afrodescendiente. Ellas son víctimas frecuentes de discriminación racial, porque algunas autoridades asumen que son extranjeras, pues desconocen que en el país hay comunidades afromexicanas. Su pertenencia étnico-racial las coloca dentro de un grupo en situación de vulnerabilidad, en ese grupo ocupan un espacio subordinado en la estructura patriarcal y resienten las consecuencias de la interseccionalidad, por las múltiples dimensiones de opresión por género, identidad y clase.

Como mujeres están expuestas a múltiples violencias, mientras asumen responsabilidades laborales y de cuidado, pues, a la vez, muchas son madres adolescentes o jefas de familia.

Mónica Moreno Figueroa señala que ser negra no es estar negra, no es algo que se quita, es una cualidad inherente a la persona, una identidad que puede o no asumirse, pero que es constantemente atribuida a ella por quienes la racializan.

Las comunidades afromexicanas se encuentran principalmente en Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Coahuila, Estado de México y la Ciudad de México, pero en todo el país hay personas afrodescendientes, mexicanas o de otros países. Estas personas se encuentran en desventaja para hacer frente a la pandemia por Covid-19, cuya afectación general les impacta mayormente en los ámbitos de salud y economía por la discriminación estructural. La Encuesta Nacional de Discriminación, ENADIS 2017, que mide el acceso a derechos, señala que es muy amplia la brecha de separación de la población con más desventajas sociales, entre la que se encuentran las personas que se autoadscriben negras, quienes consideran que no se respetan sus derechos (56%), y señalan que el 75% de la población sigue siendo discriminada por su tono de piel o su apariencia. Sin embargo, aún no hay políticas públicas específicas ni presupuesto para hacer frente a sus necesidades, aunque las comunidades afromexicanas fueron incorporadas al artículo 2º de la Constitución federal el 9 de agosto de 2019.

La misma ENADIS 2017 informa que al 23.3% de la población afrodescendiente se le negó de manera injustificada su derecho a recibir atención médica o medicamentos; al respecto, Beatriz Amaro señala que en los hospitales hacen esperar más tiempo a las mujeres negras para ser atendidas en un parto, por la creencia de que “aguantan más”. Por ello, la Colectiva de Mujeres en Movimiento, MUAFRO, ha exigido:

1. El Estado debe garantizar que en los hospitales de referencia en los cuales se atenderá a la población afromexicana exista la infraestructura hospitalaria y los insumos necesarios para brindar una atención oportuna y libre de discriminación. Así como la obligatoriedad de desagregar datos sobre la población afromexicana afectada por la enfermedad.
2. Los servicios de salud deben garantizar los derechos sexuales y reproductivos a mujeres afromexicanas para evitar los embarazos no deseados y en Oaxaca se debe informar y garantizar el acceso a una interrupción legal del embarazo, ILE, cuando las mujeres indígenas y afromexicanas así lo decidan.
3. Programas de atención a la violencia de género con perspectiva intercultural.

Las mujeres negras se han organizado desde hace más de 20 años para reclamar su visibilidad, su reconocimiento constitucional y la atención institucional a través de políticas afirmativas. Han logrado figurar en la estadística a través de la Encuesta Intercensal de 2015 y su inclusión en el levantamiento del Censo de Población 2020; sus comunidades han sido reconocidas como parte de la diversidad cultural de la nación; ahora como líderes o participantes destacadas, exigen el reconocimiento de derechos y políticas públicas específicas a través de sus organizaciones sociales: Asociación de Mujeres de la Costa de Oaxaca AMCO, A. C.; Colectivo para Eliminar el Racismo, COPERA; Enlace de Pueblos y Organizaciones Costeñas Autónomas, EPOCA, A. C.; Fundación Afromexicana Petra Morga, A. C.; La Ventana, A. C.; Mano Amiga de la Costa Chica, A. C.; México Negro, A. C.; Organización para el Fomento de la Equidad de Género y el Respeto de los Derechos Humanos de los Pueblos Negros Afromexicanos; Presente y Cambio, Ciudadanía Activa MX; Proyecto Afrodescendencia México; Colectiva de Mujeres en Movimiento, Muafro.

El género, la identidad, la clase, la marginación estructural y la pandemia, junto con la discriminación racial, configuran múltiples dimensiones de opresión que afectan la vida y el desarrollo psicosocial de las mujeres negras, ante ello ya existe una obligación constitucional para que el Estado cumpla con su responsabilidad institucional de implementar estrategias de atención prioritaria para ellas. Mientras tanto, la omisión se traduce en una violación de sus derechos humanos.

Ciudad de México, 8 de junio de 2020


Formación electrónica: Yuri López Bustillos, BJV
Incorporación a la plataforma OJS, Revistas del IIJ: Ignacio Trujillo Guerrero

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